
Su madre es abogada, parlamentaria y defensora a ultranza del medio ambiente. Ella supo heredar este último rasgo a un colombiano que vive del amor y respeto por ese mismo tema: su hijo, el arquitecto Jorge Ramírez, hoy especialista en arquitectura bioclimática.
En la universidad le interesaba el movimiento del sol. Pero un montón de profesores le decía que la bioclimática no servía para nada y sólo uno de ellos le declaraba su apoyo incondicional. Era un período -año 1985, cuando egresó- en que no había real conciencia del tema. En ese momento, él ya había tomado la decisión.
Hoy, Jorge Ramírez está preocupado por la salud del planeta. Sabe que mientras más energía artificial utilicemos para mover nuestra vida a diario, aumenta la temperatura del planeta y el efecto invernadero se hace algo inminente.
¿Cómo se puede definir la bioclimática?
Es adaptar los componentes de la obra al entorno, de tal manera que produzca el mayor confort térmico, acústico, etc. Tiene que ver con edificios eficientes, donde la luz natural se aproveche al máximo y le dé emoción a un proyecto arquitectónico. Puede ser arquitectura sostenible aquella que emocione, que sea poética y capaz de conmover.
¿Hay materiales especialmente útiles para este tipo de arquitectura?
Quizás el modo de utilizar los materiales es un poco nostálgico. Como se hacía en la antigüedad con el adobe. Puede que se gaste más en materiales al momento de idear la construcción, pero esa inversión se recupera al comprar equipos y generadores, pagar cuentas de energía, etc. A la larga, el pago se reduce aproximadamente en un 65%.
Todos los materiales de construcción tienen la capacidad de almacenar calor para liberarlo después. Pero, además, debe aprovecharse la inercia térmica que produce la tierra, que tiene una temperatura invariable en su “piel”.
Según Ramírez, para sacar adelante alguna de estas formas bioclimáticas, los materiales deben tener cierta relación con la consideración del clima. “No puedo hacer un edificio ondulante pero pesado, sería contradictorio, se vería como que nunca va a levantarse del piso”, asegura.
Ese mismo beneficio que entregan los materiales, con bajos costos a largo plazo, pueden ser utilizados en proyectos de vivienda social. “La gente de escasos recursos tiene derecho a vivir con el máximo confort. Claro, todo debe hacerse de la manera indicada, con conciencia necesaria para hacer las cosas indicadas para cada persona”, dice.
LA ESTÉTICA DEL CLIMA
Francia acogió por varios años a Jorge Ramírez, mientras él cursaba su Maestría en Energía y Urbanismo en la Escuela de Arquitectura de Nantes. Fue una gran escuela y una fuente de amigos hasta hoy, con modelos de profesionales con los cuales comparte gustos e ideales.
Y esa relación no se detuvo. En la XIV bienal de arquitectura en Chile conoció a Anne Lacaton y Jean Philipe Vassal, arquitectos franceses que destacan por obras que alteran el mínimo para sacar el máximo partido. Se trata de fanáticos de materiales baratos y de estructuras que puedan obtener ventajas de la naturaleza, como la temperatura, iluminación, etc. “Ellos reinterpretaron una forma de producir adecuadas condiciones de temperatura y confort, utilizando la tecnología de los invernaderos. En cada proyecto de mi trabajo, pueden aparecer diferentes tecnologías de bajo consumo realmente interesantes”.
Relata en particular la experiencia que en la actualidad vive en el diseño y la construcción del edificio de Cristalerías Chile S.A., en conjunto con la oficina del arquitecto chileno Guillermo Hevia. Se encontrará estratégicamente posicionado frente al viento, con el objetivo de sacarle mucho provecho. “Cada vez que el viento encuentra una cresta, se levanta y en las depresiones hay un vacío, porque el viento pasó por encima. Ese vacío será el encargado de coger todo el calor que pueda y vaciarlo por ahí. Pero no sólo el aire caliente busca una salida al subir, sino que la fuerza ejercida por el viento, efectuada por la zona de baja presión, sirve de aspirador natural y no hay necesidad de utilizar turbinas, ya que esto es muy potente. Por eso se levantan los aviones. Las zonas de baja presión son las encargadas de ventilar y ejercer más fuerza en la zona de alta presión. No hay nada más positivo que esta zona de baja presión”, explica.
La idea será producir las mejores condiciones de trabajo dentro de la planta, con el menor costo a largo plazo. “Aunque no trabajará mucha gente en esta planta, porque todo está automatizado, las setenta personas que estarán en esa enorme estructura tendrán lo mejor”.
Para Ramírez, la estética de las construcciones hoy tiene otra justificación que va más allá del arte por el arte. “Cuando he trabajado con los arquitectos acá en Chile, lo primero que hago es darles clases, mostrarles cómo funcionan las presiones y es ahí donde dicen ‘cómo no lo había notado antes’. Se planean fenómenos estéticos que parten de la comprensión de fenómenos de la naturaleza”, señala.
Este colombiano es profesor de taller en la Universidad de Los Andes en Bogotá, donde se busca entender los fenómenos naturales de un lugar para luego proponer un proyecto eficiente desde el punto de vista energético, que conserve los recursos naturales y entienda de qué manera funciona la luz. Añade que “la idea es que a partir de esto salgan formas y que sean bellas”.
Ramírez concluye y resume su obra en una simple frase: “a ver si con esto que estamos haciendo, elevamos el coeficiente de felicidad”.