Los Molinos del Quijote: Parque eólico en La Mancha
Molinos del Quijote Energia Eolica

“…Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.
¡Válame Dios! dijo Sancho. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
Calla amigo Sancho respondió don Quijote; que las cosas de guerra, más que otras, están sujetas a continua mudanza”…

(El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha)

Hace ya 400 años que la imaginación del “caballero de la triste figura” lo llevó a enfrentarse a los supuestos gigantes en algún lugar de La Mancha, según Cervantes. Esa imaginación básica o primitiva de la que también habla Alejandro Jodorowsky en su libro “La danza de la realidad”, es comparable con las cuatro operaciones matemáticas: sumar, restar, multiplicar y dividir, que al desarrollarlas le permiten transformar: “En el Quijote los molinos se hacen agresivos gigantes, la posada se transforma en palacio, los odres de vino en enemigos, Dulcinea en noble dama, etc.”.
El poder de la imaginación le ha permitido al ser humano transformar las cosas en pos de los ideales utópicos y también en la energía necesaria para la supervivencia, como es el caso de los molinos.
Después de mirar desde el tren el interminable desfile de molinos, los puedo ver de cerca en este pueblito, llamado Higueruelas, cerca de Albacete. Son aproximadamente 243 de ellos en un pueblecito como Montegrande en el Elqui.
Ayer como hoy, la necesaria imaginación desarrolló la tecnología del molino hasta lo impensable, utilizando los conocimientos de la industria aeronáutica y los elevó por los cerros de Castilla, creando “parques eólicos”, zonas donde el viento es incesante y la necesidad energética debe ir de la mano con el impacto ambiental de su presencia.
Ya no es el molino que parece una torre de piedra con velas integrado en el caserío, ahora son miles de piezas de más de 20 metros de altura, cuyas hélices emiten un zumbido sordo, dejándole poco paso a una bandada de tórtolas, con su posición que va variando según la dirección del viento, y un gran letrero de advertencia en su base, en la puerta de entrada a la gigantesca chimenea eléctrica: “peligro, alto voltaje”.
Si el Quijote primigenio cabalgara hoy por estos lares, caería fulminado de un ataque cardíaco de la impresión. Ya no son gigantes, es el ejército galáctico venido más allá de Orión que invade la Tierra.
Aparte de ser curiosos paisajes especiales para filmar vanguardistas videoclips, los parques eólicos en España constituyen la aplicación más importante a nivel mundial del uso de la energía eólica transformada en electricidad. Los españoles están a la cabeza en cuanto al uso y desarrollo de esta energía y se siguen proyectando grandes áreas, incluso en kilómetros mar adentro, donde, supuestamente, el impacto ambiental sería menor.
Pero cuando vemos su fantástica aplicación y, por supuesto, imagen de modernidad y futurismo, caemos como chilenos en el típico error de las ganas de copiar algo de afuera porque sí.
No vayamos tan rápido. Analicemos primero qué hay detrás de su aplicación, dónde se deben colocar, cuántos acepta el medio, qué entidad los gestiona y qué daño puede causar al entorno.
Funciona bien con un buen estudio de impacto ambiental en poblaciones aisladas y con buena exposición a vientos. Hoy ya se construyen de casi 100 metros de altura, lo cual es un gigante de verdad que no resiste nadie, a no ser que se pinte de invisible, y no debe ser colocado en lugares de paso de aves migratorias. Un dato preocupante es que aunque en Dinamarca se espera que algún día generen el 50% de la energía (es un país pequeño), en Alemania se estudia desmantelarlos por su poca rentabilidad e impacto.
Algo bueno nos queda de las vueltas de molino. Son fáciles de desmontar y transformar su chatarra, al contrario de la energía nuclear cuyos residuos nos quedarán eternamente, hasta que inventemos molinos que se muevan con viento cósmico. Quizás existirá la figura del cuidador de cementerio de antiguas hélices oxidadas, que cuidará con romántico esmero. Pero eso ya sería para escribir otro Quijote…

Juan Carter “El Gato”, arquitecto Universidad de Chile.
Director de “Mundomundial Centre Cultural”, Barcelona, España.

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