
EN 1997, SE REUNIERON EN KYOTO, JAPÓN, REPRESENTANTES DE 39 GOBIERNOS QUE ELABORARON Y FIRMARON UN PROTOCOLO, DONDE SE COMPROMET�AN A DISMINUIR LAS EMISIONES DE GASES. UNO DE LOS INSTRUMENTOS PARA LOGRAR SUS OBJETIVOS, ES INCENTIVAR LA DISMINUCIÓN DE EMISIÓN DE GASES DE EFECTO INVERNADERO, PERMITIENDO A AQUELLOS QUE EMITEN MENOS O QUE DISMINUYEN SU EMISIÓN, TRANSAR ESA DIFERENCIA A TRAVÉS DEL BANCO MUNDIAL CON PA�SES QUE NO HAYAN LOGRADO SUS OBJETIVOS O QUE NECESITEN BAJAR SUS �NDICES DE EMISIÓN.
Hablar hoy de sustentabilidad o de sostenibilidad en la arquitectura y el urbanismo se ha transformado en un cliché que asegura, por lo menos a quien lo escucha, que en cuestiones medioambientales se ha considerado (o se ha de considerar, a veces es sólo una promesa) , nuestra especie. No obstante, ¿quién puede decir a ciencia cierta de qué hablamos exactamente y cuál es el real alcance de una arquitectura sostenible? Más aún, todos los profesionales ligados al desarrollo de la ciudad concuerdan en lo necesario e imprescindible que es realizar una arquitectura sostenible1, pero cuántos sabemos realmente qué es y cómo luce. Si regresamos al año 1997, ciudad de Kyoto, Japón, nos encontraremos con un panorama donde -como consecuencia de años de estudios relativos al cambio climático planetario debido al aumento de temperatura global, como consecuencia del efecto invernadero causado, a su vez, por la emisión de gases derivados de procesos naturales y de la actividad humana- se reunieron representantes de un total de 39 gobiernos, que elaboraron y firmaron un protocolo (el denominado Protocolo de Kyoto), en el cual se comprometÃan de cara al resto del mundo a disminuir las emisiones de estos gases2 a nivel global, a partir de la reducción de sus propias emisiones. No todos los paÃses debÃan reducir en la misma cantidad, ésta se encontraba en directa relación con su grado de desarrollo, cuestiones que fueron zanjadas en reuniones y acuerdos internacionales posteriores al de Kyoto, como el de Marrakesh 2000, Milán 2004 y Buenos Aires 20043. No obstante, podÃan participar o ratificar dicho protocolo todos los paÃses que quisieran. Uno de los múltiples instrumentos con que este protocolo cuenta para lograr sus objetivos, es incentivar la disminución de emisión de gases de efecto invernadero, permitiendo a aquellos que emiten menos o que disminuyen su emisión, transar esa diferencia (lo que antes emitÃan v/s lo que ahora emiten) con paÃses que no hayan logrado sus objetivos o que necesiten bajar sus Ãndices de emisión. Este intercambio económico se realiza a través del Banco Mundial, con la venta de los llamados Bonos de Carbono4. Para poseer bonos es necesario contar con un Certificado de Reducción de Emisiones que, a su vez, se obtiene de la elaboración de proyectos de Mecanismo de Desarrollo Limpio.
Un proyecto MDL (Mecanismo de Desarrollo Limpio) debe pasar una serie de etapas para comenzar a obtener retribuciones económicas. Primero, debe contar con la validación de un organismo o institución competente ajeno a la empresa y que se detendrá en los aspectos relevantes del diseño de proyecto, estudio de lÃnea base (lo que el proyecto emitirÃa sin los criterios y adaptaciones del MDL) y la supervisión, control, verificación, seguimiento y descripción de metodologÃas que permitan establecer el cálculo de las GEI (Gases de Efecto Invernadero)5 que se reducirÃan con el proyecto. Una vez validado, el proyecto deberá registrarse como MDL y, posteriormente, pasará a las siguientes etapas de verificación, donde se comprueba el cumplimiento de los parámetros y criterios definidos por el protocolo de Kyoto, dando paso a la obtención del CER (Certificado de Reducción de Emisiones), con el cual concluye el proceso de certificación y, por lo tanto, es posible incorporarse al comercio de emisiones de GEI. Uno de los primeros paÃses en empezar a operar con este sistema el 2002 fue el Reino Unido, a través del Esquema de Comercio de Emisiones del Reino Unido (UKETS)6.
Pero ¿qué tiene que ver esto con los proyectos de ciudad y arquitectura?
Mucho. Sabemos que la producción de CO2 está ligada Ãntimamente a los procesos productivos y otras actividades, por ello también al consumo de energÃa. También sabemos que esta relación es directamente proporcional, es decir, cuanto más consumo de energÃa en los procesos, más contaminación, sea de manera directa o indirecta7. El consumo de energÃa en el planeta está dividido básicamente en 3 sectores: construcciones 50%8, transporte 25% e industria 25%9, de aquà se desprende la importancia del arquitecto y profesionales ligados al ámbito de la construcción a la hora de hacer arquitectura y ciudad.
Por otra parte, no todas las cifras son negativas. Contamos con una fuente prácticamente inagotable de energÃa como es el sol, gratuita y de libre disposición, lista para satisfacer nuestras necesidades presentes y futuras, y que se manifiesta no sólo a través de la radiación solar, sino también mediante el traspaso de su energÃa que podemos apreciar en la fuerza del agua, el viento y la biomasa.
Todo esto, que dice relación con el impacto que genera el hacer ciudad y arquitectura en el medio natural y en el artificial, nos lleva a tomar en cuenta al momento de proyectar algunas consideraciones generales indispensables:
1. El impacto generado por la implantación de la construcción en el lugar del emplazamiento.
2. La confortabilidad al interior de la edificación o en los espacios proyectados y su buen funcionamiento (dice relación con la sensación de confort del ser humano).
3. El mencionado consumo de energÃa del edificio durante su vida útil.
4. El impacto generado por el sistema constructivo y su etapa de edificación.
5. El impacto derivado de los materiales de edificación, situación que se analiza mediante un seguimiento de la cuna a la tumba, es decir, se toma en cuenta la energÃa consumida y emisiones derivadas de la fabricación (incluyendo la extracción de la materia prima para elaborar ese material), transporte, puesta en obra, retiro o reutilización y reciclaje del material utilizado10.
Si tomamos como indicador de impacto la energÃa contenida en los materiales, a modo de ejemplo, podrÃamos hacer ver la diferencia de construir con un material como el aluminio, el cual al no ser reciclado tiene una energÃa primaria11 de 215 MJ/kg en comparación con uno 100% reciclado que contiene apenas 23 MJ/kg12 , un acero comercial 20% reciclado contiene 35 MJ/kg de energÃa contenida y uno 100% reciclado, 17 MJ/kg.
¿Qué indica esto? En primer lugar, que debemos ser capaces de identificar, conocer y cuantificar en nuestro paÃs todo lo referente a procesos productivos de materiales que intervienen en la construcción, asà como lo asociado al transporte, colocación en obra, retiro, desecho o reutilización, para poder discriminar adecuadamente a la hora de proyectar, construir, etc., de manera de generar un mÃnimo impacto ambiental derivado de este concepto. Y, en segundo término, basados en el conocimiento de lo anterior, debemos promover y promulgar un marco legislativo adecuado que asegure una construcción eficiente.
Hoy existe consenso internacional sobre la relevancia de estos temas, asà lo demuestra la propuesta de sistemas de indicadores de sostenibilidad en las edificaciones realizada por distintas organizaciones13.
Sin embargo, el camino es largo y no es fácil, y las experiencias de los paÃses más desarrollados en estos aspectos nos pueden ayudar a definir los caminos a seguir y servir de referencia. No obstante, somos nosotros desde nuestra perspectiva y realidad local, los que tenemos que realizar las investigaciones y sacar conclusiones, que nos permitan saber cuantitativa y cualitativamente de qué disponemos y dónde queremos llegar.
En nuestro paÃs, existen hoy edificaciones proyectadas, construidas y utilizadas de manera sostenible que han considerado las variables e indicadores elaborados internacionalmente. Esto asegura que a lo menos estamos en el camino adecuado, pues son un buen ejemplo de lo que la iniciativa privada informada puede realizar y de un resultado
donde todos ganan: el paÃs (y por cierto el planeta, ya que no vivimos en celdas aisladas), porque se desarrolla considerando el impacto ambiental, elevando la calidad de vida; la empresa privada o el inversionista, porque su inmueble reduce sus costos de mantención y uso, lo que se traduce en la amortización a mediano y corto plazo de aquella inversión extra (que en ningún caso es excesiva), además de convertirse en proyectos de marcado interés, lo que trae consigo todas las externalidades positivas; y gana el desarrollo y ejercicio de nuestras profesiones14, con el mayor compromiso generado hacia el medio ambiente, el planeta, el prójimo y, por último, hacia nosotros mismos.
Pero eso no es todo. Además, tenemos que preocuparnos de la educación y capacitación de los futuros profesionales,
clientes y usuarios, porque son ellos, sin duda, los que van a construir y generar arquitectura y ciudad sostenible en el futuro.