Silvia de Schiller y John Martin Evans

Silvia de Schiller y John Martin Evans

John Martin Evans y Silvia de Schiller son arquitectos ambientalistas. Trabajan juntos desde 1984. A diario comparten largas jornadas de trabajo en el “Centro de Investigación Hábitat y Energía” de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y se dedican a la docencia para crear profesionales que sigan su línea. Pero, además, son matrimonio desde hace 33 años y es quizás el plus de conocerse tan bien lo que los ha convertido en una famosa pareja en su ambiente laboral, requeridos desde diversos países como China, Reino Unido, Brasil y México para asesorar la parte ambiental de los proyectos. Él británico, ella argentina, los Evans - de Schiller hacen “hogar” para la pequeña familia, la propia, y para esa un poco más grande, el resto del mundo.

Fue con el retorno de la democracia a Argentina que esta pareja vio un nicho necesario en la arquitectura. Al momento de diseñar proyectos, había que pensar en su impacto ambiental, el consumo de energía y cómo se insertarían en sus medios. Aprovecharon de introducir este tipo de contenidos al participar en la reorganización de la facultad de arquitectura de la UBA. Partieron con un optativo para los últimos años de la carrera, llamado Diseño Bioambiental y Arquitectura Solar, que tuvo gran convocatoria entre el alumnado. Como resultado, establecieron el Centro de Investigación Hábitat y Energía para estudiar estos aspectos de diseño y arquitectura, reducir el impacto, ofrecer confort y crear tomando en cuenta colores, orientaciones y materiales.

¿Cómo se ha enfrentado la incorporación de estos nuevos conocimientos en la arquitectura?

Silvia de Schiller: En junio, iniciamos en México una maestría a través de la cual se están gestando dos acciones importantes. Una es orientar la formación de profesores, programa que hemos denominado Proff. Esto se debe a que hay una creciente demanda para las nuevas generaciones de arquitectos y urbanistas, al realizar maestrías y doctorados, pero no hay profesores capacitados para dirigir esos estudios.
Otra de las iniciativas para incorporar lo nuevo a la disciplina arquitectónica, ha sido la creación de un laboratorio, o más bien un taller, donde se puedan simular proyectos. Hay uno que reproduce el movimiento del sol, un túnel de viento y un cielo artificial para medir la distribución de luz. Todo esto se complementa con la simulación a través de sistemas computacionales. La idea es resguardar la futura realización de los proyectos.

CUANDO EL TRABAJO YA ESTÃ? HECHO

No les gustan las recetas ni lo preestablecido al momento de crear, cuando se necesita que el arquitecto use su imaginación para incorporar los elementos necesarios, que hagan de una obra arquitectónica algo útil para la sociedad. “Cuanto más creativo e innovador es un arquitecto, más fácil resulta trabajar para que incorpore de manera creativa los aspectos ambientales. Aquellos profesionales que funcionan con recetas fijas, difícilmente podrán ampliar su creatividad a las nuevas técnicas ambientales”, asegura de Schiller.
“Lo que intentamos es hacer un puente entre el aspecto técnico y el diseño, que sean disciplinas integradas, que no exista esa dicotomía que hace que se enseñen por separado”, destaca Evans.

¿Qué pasa cuando el problema en una obra se detecta una vez construido?

S: Recuerdo un caso sucedido en Japón. Fuimos a un laboratorio donde había un túnel de viento y una enorme maqueta de unas famosas torres construidas en una ciudad cercana a Tokio y que son como un símbolo del lugar. Sólo ahí, con la simulación, lograron darse cuenta de los problemas de aceleración de vientos entre las torres, problemas que no permitían que la gente caminara por ahí e invalidaba un espacio urbano.
John Martin Evans: En este caso, prever habría sido fundamental, pero no fue así. Muchas veces, cuando el proyecto ya está resuelto, quieren que sea ecológico y verde. Dejan de lado, desde un principio aspectos que incluyan a la gente que circulará por ese edificio, que generarán salud y productividad. No es un tema de agregar un par de paneles y ya, es todo un proceso, desde el inicio.

EL MÃ?TICO CHILE VERSUS ARGENTINA

Para John Martin Evans, cuando hablamos de normativas medioambientales para las construcciones, Chile parece llevar la delantera en el asunto, comparado con su país de residencia. “Chile tiene normas obligatorias en cuanto a ventanas, pisos y muros, es mucho más avanzado. En Argentina, ni siquiera es obligatorio. Muchas veces el cumplimiento de las normas no es lo que uno desea, hay graves desconocimientos técnicos. Pero creo que en ambos países recién estamos empezando y ninguno está mucho más avanzado que el otro”.

¿Tiene que ver esto con el problema de la falta de energía?

E: No, solamente se relaciona con una potencial falta de energía, especialmente en los edificios, ya que éstos duran mucho tiempo, con una vida útil de 100 años o más… y en esos casos qué pasa con las eventuales crisis energéticas. Éste sería un problema. Otro es el tema de las emisiones de gas del efecto invernadero. Consideremos que los edificios en Argentina utilizan alrededor de un tercio de los recursos energéticos del país, los cuales a su vez producen emisiones del 24% de todo el efecto invernadero. Acá también, por el lado del factor ambiental, es necesario que empecemos ya a tomar las medidas para lograr edificios con menor demanda de energía y menor nocividad para el ambiente. No es sólo un tema de apagar las luces y bajar el consumo.

¿Cómo se podrá llegar a ese estado en que los proyectos de edificación siempre consideren el aspecto ambiental?

E: Uno muy importante es la certificación de edificios, qué consumo de energía tienen. Tal como sucede con los electrodomésticos, donde uno decide si lleva el más caro o el más barato. Así sucederá con los edificios, uno decidirá dependiendo de la cantidad de energía que requiere para su funcionamiento.
S: Siempre hay que tener en cuenta al sector más pobre de la población, aquel que no podrá enfrentarse a las situaciones de emergencia energética, sobre todo si las viviendas, escuelas y hospitales que estamos construyendo son fuertemente dependientes. Es un asunto de ética social, los arquitectos entregamos un servicio para la sociedad y las esferas políticas tienen una fuerte responsabilidad.

¿Funciona realmente la postocupación frente a este tipo de problemas?

S: Es fundamental aprender de la misma gente que ha ocupado las estructuras. Es una forma de no repetir los mismos errores, de aprender y evaluar lo bueno y lo malo, el próximo edificio se hará partiendo de un nivel más elevado. Por supuesto, también se aprende de los aciertos.

por MAR�A VICTORIA ZÚÑIGA

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