
Tesis. Es un problema de culpa o una forma de martirio autoinfligido o un modo de parecer especial o desarrollado. O la moda de la temporada. Puede que todo esto del outdoor, de la ropa ecológica, la vida sana, el vegetarianismo, todo eso no sea más que una moda. Ejemplo. Un punk amigo que se volvió straight edge (una corriente punk que propone un estilo de vida sano, con comida vegetariana, libre de drogas de cualquier tipo, incluyendo alcohol y tabaco, y evita la promiscuidad sexual) por un rato, pero nunca dejó la cerveza ni las papas fritas.
El ecologismo como una pasarela: Roberto Giordano podrÃa hacer un negocio en ese mercado de gente desesperada por ponerse ropa sana o inteligente. Por supuesto, la gente sigue siendo la misma. Mismas idioteces, mismo defectos. Recopilé algunas historias. Unas cuantas. La del tipo que escuchaba black metal nórdico (y todas esas historias idiotas de satanismo, asesinatos y guisos con carne humana) y pasó a comer zanahorias crudas con limón y agua para el almuerzo. La de una generación completa de arquitectos que se volvieron escaladores por una temporada antes de practicar surf en la siguiente. La de un tipo que decÃa que no ensuciaba su cuerpo con nada (look outdoor: pantalones anchos, zapatos de montañista, bronceado de nieve, poleras fucsias apretadas) pero que fumaba y vendÃa marihuana como loco. La del tipo que hablaba de construir una mediagua en la Antártica como proyecto de tÃtulo. La de las chicas que se mudaron al Elqui a una cabaña que se cayó a la primera lluvia.
AntÃtesis: Sobre la imagen recortada de un cartonero, en la Alameda. La imagen del cartonero se apropia de lo que ya no le sirve al entorno, para consignar los pequeños fetiches que configuran su mundo. En cierto modo, por medio del desecho, los cartoneros escriben sobre la ciudad sus propias novelas, su propia poesÃa: hablantes que se apropian de los pedazos de historia ajenos. Discursos secretos, violentados por la necesidad de hablar. Significantes vacÃos de discursos anteriores, capaces de reproducir la lógica del exterminio y de la crueldad. La economÃa del reciclaje se transforma en una forma de ficción, en las memorias individuales e invisibles, los restos de un martilogio social, de un holocausto hecho en la medida de lo posible.
Sobre la imagen recortada de un cartonero, ahora en Estación Central. La fijación fetichista en las figuras marginales da pie a la utilización de las mismas como metáforas de la incapacidad de los sistemas sociales de hacerse cargo de las mismas. O sea: los cartoneros como la metáfora de una geografÃa que nos excede, que se excede. Que tememos. Los cartoneros como los lectores, los testigos de un universo que cambia, que se descompone. A lo Thomas Pynchon: entropÃa. Ése es talvez el verdadero outdoor. La vida del reciclaje. El borde. El estar afuera del sistema, rozando sus lÃmites. No hay discurso polÃtico para eso. Cero Naomi Klein. Cero Manu Chao. En el borde, la frágil economÃa de la sobrevivencia, los cartoneros suspenden hasta nuestras nociones de tiempo e historia. Viven de puro presente, un presente lánguido que contempla cómo la ciudad se deshace en el dÃa a dÃa, cómo se borra, cómo olvida. Ellos, en tanto, hacen lo contrario, lo necesario: recuerdan.
Cierre: Hay un chiste que sale en “Friends” -ninguna nostalgia más inmediata y efectiva que la del Central Park y el pop horrible de The Rembrandts- sobre eso: Phoebe (que es vegetariana y hippie, y absoluta pero absolutamente outdoor) habla de la ropa de cuero y la violencia que sufren los “pobres animales”. Luego, como contraataque algo cÃnico, Chandler le pregunta sobre el sufrimiento de esos niños asiáticos que tienen los dedos rotos para hacer ese perfecto abrigo de piel sintética que lleva puesto. Y Chuck Palahniuk, en “Monstruos invisibles” habla de unos niños filipinos o coreanos que pierden la vista mientras cosen los filamentos dorados de alguna tela de lujo. Mensaje, una idea terrible y por supuesto, literaria: tu ropa ecológica está hecha por un ejército de niños ciegos.
Ã?lvaro Bisama / Escritor