
El 24 de septiembre fue demolido en Antofagasta el destacado edificio de la Caja de Seguro Social, obra moderna de la oficina Bresciani, Valdés, Castillo, Huidobro, construido en 1959. El sitio donde se ubicaba había sido rematado debido a la quiebra de su último propietario, la empresa de transportes Tramaca, que ya había adquirido el edificio con bastantes alteraciones. La relevancia de esta desaparición es por la calidad patrimonial de esa manifestación de la modernidad, hecho que la había situado como una de las obras del connotado libro “Arquitectura y modernidad en Chile”, de Humberto Eliash y Manuel Moreno.
Esta acción es una más de muchas injusticias e inconsciencias contra el patrimonio regional de ciudades como Antofagasta. Talvez la más importante para la modernidad regional y menos reconocida, sea la demolición del Pabellón de Turismo de Jorge Tarbuskovic, diseñado en 1939 e inaugurado en 1949. Este edificio de innovador programa se adelantó tanto a su época que, debido a los cambios en los modos de transporte, de barco a tren, quedó obsoleto. Sus líneas aerodinámicas que acogían a los programados visitantes arribados en los barcos que llegaban al puerto artificial, se convirtieron en nada. El edificio que hoy sería un afortunado espacio de información, ya no existe y, de hecho, no hay nada que lo reemplace.
Uno podría pensar que sólo los edificios de la poco reconocida modernidad son los castigados con la pena máxima. Pero también las reconocidas arquitecturas del siglo XIX han sido muy afectadas. Previo a la silenciosa demolición de la sede decimonónica de El Mercurio de Antofagasta, para sustituirlo por estacionamientos, ya se había desmantelado, en veinticuatro horas, una casa georgiana administrada por Soquimich. Esa destrucción, que fue enjuiciada y que exigía su reconstrucción, todavía está sin resolverse.
A pesar de ese precedente, debido a la especulación inmobiliaria que se ha producido por la futura presencia de un casino en la ciudad, se exponen proyectos, fantasías arquitectónicas contemporáneas que regocijan los ojos del ciudadano, con propuestas que involucran el muelle histórico, lugar de desembarco de las tropas chilenas en la Guerra del Pacífico, con intervenciones contemporáneas que ocuparán sitios de ferrocarriles, donde existen unas singulares casonas de madera, herederas de la tradición constructiva traída por los ingleses.
Sin embargo, no sólo el área de la poza histórica es afectado por esta fiebre del juego, también lo son las ruinas de Huanchaca. Estas estructuras, que correspondían a una antigua fundición de plata, han sido utilizadas como uno de los argumentos para vincular el juego a una supuesta y filantrópica recuperación patrimonial, cercana a la idea del parque temático.
A ello se suma que las estructuras del paseo de los acantilados de La Portada -emblema de la ciudad de Antofagasta y donde, además, se sitúa el moderno mirador- se encuentran en total deterioro desde hace varios años.
Incluso, el territorial aeropuerto Cerro Moreno, construido entre 1960 y 1963, ha visto desaparecer bajo las manos del Ministerio de Obras Públicas dos ilustres y modernos murales, realizados por el pintor Ronald Clunes, y ha recibido una nueva gama cromática, que desvirtúa totalmente la imagen moderna de esta magnífica estructura.
Algunas intervenciones son más leves, pero no por eso menos importantes. Al edificio de la Intendencia Regional, levantado en 1958 por el Premio Nacional de Arquitectura, Edwin Weil, se le ha agregado un piso, discreto, bien resuelto, pero que hizo desaparecer su terraza y elevó el edificio. Luego, presenciaremos la demolición del Internado de la ex Escuela Normal y de Aplicación, construido en 1948, para poder cumplir con los requisitos de la reforma educacional. ¿No podría ser resuelto con el patrimonio existente?
Entiendo que Codelco debe crecer y la explotación minera deba extenderse siguiendo el filón, pero gracias a eso el Hospital Roy Glover -hecho en 1960 y que constituye un muy buen ejemplo de arquitectura moderna adecuada al clima desértico- ya no existe. Perdón, me retracto, aún existe, pero bajo toneladas de residuos.
Tal como el aeropuerto ha perdido sus tonos modernos, el Estadio Regional -obra construida para acoger partidos de fútbol de la Copa Mundial de 1962, en clave brutalista, hormigón armado- ahora luce intervenciones de colores poco resueltas, que más bien dañan la imagen constructiva de esa afortunada resolución. Las deformaciones de los planes maestros de los campus de la Universidad Técnica del Estado y de la Universidad del Norte son reales inconsciencias del valor de esos conjuntos.
Cuando en 1950 el poeta Andrés Sabella anunció la llegada de la modernidad a propósito de la demolición del castillo de Ab Del Kader, construido en 1893, habría que anunciar conjuntamente el arribo de la amnesia sobre el valor patrimonial, con la demolición del Pabellón de Turismo y ahora con la sede de la Caja de Seguro Obrero Obligatorio. ¿Pero eran tan infames con la ciudad? ¿Merece la arquitectura de una ciudad joven y desarraigada, la demolición como pena máxima? Desafortunadamente, la realidad compleja, brutal e inclemente no aguarda defensas ni titubeos, condenando en forma injusta nuestra valiosa arquitectura patrimonial a la tabula rasa del progreso inconsciente.