Espacios de castigo: Una mirada histórica

El siglo XVIII marca la invención de técnicas de disciplina y examinación, creándose una serie de estrategias sociales a partir del entendimiento de la reclusión. Hacia fines de dicho siglo, el castigo se hizo más sutil y se otorgó mayor importancia a la vigilancia y a la observación de los individuos, a todo lo que realizaban o iban a realizar. A consecuencia de ello, una serie de instituciones como cárceles, sanatorios, hospitales y escuelas compartieron un patrón común, controlar y observar los comportamientos humanos en espacios diseñados considerando relaciones de poder, y buscando disciplinar a la sociedad.
Michel Foucault, reconocido estudioso, argumenta y se apoya en archivos históricos para expresar sus ideas acerca de cómo el cuerpo fue involucrado con la violencia, sexualidad, locura, prisión, saber y poder. Sus investigaciones retornan al cuerpo como origen del poder y objeto de múltiples estrategias de disciplinamiento. En sus indagaciones, reconoce al cuerpo involucrado en relaciones de poder y de dominación; el cuerpo ha sido objeto de suplicios, tortura y desmembramiento; se ha visto subordinado a minuciosos dispositivos y disciplinas que lo cercan, marcan, que le imponen signos y someten a una sociedad disciplinaria, la cual emplea técnicas y procedimientos para formar a los individuos. Esta formación se originaría desde el hogar, el colegio y el trabajo, lugares donde se tenían vigiladas a las personas y se les podía hacer un seguimiento o evaluación de todos sus movimientos.
Instituciones y el Panóptico
La cárcel, como la entendemos hoy, tiene su origen en el siglo XIX. Entonces, el derecho de castigar fue trasladado de la venganza del soberano, a la defensa de la sociedad. El entendimiento que Michel Foucault realiza en su libro “Discipline and Punish” (“Vigilar y Castigar”), se desarrolla a partir de la denuncia de una serie de relaciones de poder que emergen de la prisión, en las cuales la vigilancia desempeña un papel clave que también se extiende a otras instituciones. El estudio que hace de las cárceles nace a partir de la idea y figura arquitectónica del Panóptico de Jeremy Bentham (Panopticom, Works, 1790).
El Panóptico tiene como principio arquitectónico el vacío por sobre el lleno, por lo tanto, el individuo está encerrado en la celda y puede ser observado de manera permanente, sin que pueda ver al vigilante. El aislamiento es total, porque no sólo está incapacitado de ver a quien vigila, sino que tampoco puede ver al resto de los vigilados. La propia estructura del Panóptico impone limitación a la posibilidad de cualquier comunicación. De este modo, se evita todo tipo de conspiración y se impide cualquier desarrollo de proyecto en común que pudiera surgir de los individuos recluidos.

En términos arquitectónicos, el principio básico es: en la periferia, una construcción en forma de anillo y en su centro un edifico torre, con amplias ventanas que observan la faz interior del anillo. La construcción periférica se encuentra dividida en celdas, cada una de las cuales comprende todo el ancho del anillo. Tienen dos ventanas, una hacia el interior que mira a la torre y la otra hacia el exterior, permitiendo que la luz atraviese la celda desde un extremo al otro. Basta situar a un supervisor vigilante en la torre central, que observará a quien está encerrado en su celda, un loco, enfermo, condenado, obrero o estudiante. El mecanismo del Panóptico ordena unidades espaciales, permitiendo ver y reconocer inmediatamente a contraluz. En síntesis, se invierte el principio del calabozo y de sus tres funciones, encerrar, privar de luz y ocultar, pues se conserva solamente la primera y se suprimen las otras dos. Plena luz y la mirada atenta de un vigilante, convierten la visibilidad en una trampa.

En asilos y sanatorios de 1890, se planteó un diseño que curara a enfermos mentales. El diseño asignó a las mujeres y a los hombres mitades iguales. Cada interno estaba circunscrito a habitáculos independientes, patios de ejercicios y refectorio. El criterio de separación guardaba relación con los estados de locura, facilitando así la recuperación.

Disciplina

En nuestra cultura somos vigilados y corregidos por nuestros padres o cónyuges; en la oficina, por los jefes; en el colegio, por las directivas; en hospitales, por médicos o enfermeras; en la calle, por la fuerza pública y cámaras de video. En fin, estamos siendo objetos de una constante observación. En las diversas instituciones o múltiples espacios públicos, somos observados por personas asignadas a ese propósito. El diseño arquitectónico de las construcciones asume el sistema panóptico para un mayor control de los cuerpos. La distribución espacial que existe al interior de una sala de clases, también adopta el sistema panóptico: el profesor se sitúa en la parte de adelante del aula y al frente de todos los estudiantes, garantizando el control visual de ellos. Asimismo ocurre en la iglesia, la empresa, la cárcel, etc. El diseño de estos edificios tuvo en cuenta la idea del “panoptismo”, una idea básica que permea la sociedad, por cuanto no sólo las cárceles vigilan y castigan, ya que la sociedad en su conjunto observa y disciplina a los individuos.

En todas estas instituciones el sujeto está limitado en su movilidad, debido a que ha perdido su libertad, sometido constantemente a vigilancia, y como consecuencia de esto se ven coartadas la necesidad de sentir y pensar libremente, la expresión corporal y desarrollo mental. Si su conducta es transgresora o manifiesta sus ideales, el sujeto podría ser encerrado en una prisión material o simbólica, es decir, enviado a la cárcel o a un hospital psiquiátrico, o simplemente será aislado y censurado por una sociedad que constantemente le está observando y disciplinando.

Reconocemos una crisis generalizada de todos los lugares de encierro: prisión, hospital, fábrica, escuela, familia. El Panóptico es la materialización de una forma de entender la sociedad y las relaciones entre las personas. Enfrentados a una crisis o evolución de los sentidos en la sociedad occidental, el Panóptico será arrastrado en el proceso de cambio. La familia es un “interior” en crisis como todos los interiores, escolares, profesionales, etc. Los ministros competentes no han dejado de anunciar reformas supuestamente necesarias. Reformar los colegios, la industria, el hospital, el ejército, la prisión. Todos sabemos que estas instituciones están terminadas, a corto o largo plazo serán recreadas y reformuladas. Hoy sólo se administra su agonía y se ocupa a su gente hasta la instalación de las nuevas fuerzas que están golpeando la puerta.

Son las sociedades de control las que reemplazarán a las obsoletas sociedades disciplinarias formuladas hace varios siglos. Si bien es cierto que las cárceles del siglo XIX tienen una condición específica, son representativas de un tiempo y un lugar muy diferente de las actuales. Las primeras cárceles fueron pensadas a partir de penas perpetuas, mientras que las cárceles modernas están diseñadas para cumplir una misión donde el preso no cumple una sentencia total, sino más bien momentánea.

Bibliografía
Cutting, Gary, (1994): “The Cambridge Companion to Foucault”, Cambridge University Press.

Foucault Michel, (1975):”Discipline and Punishment”, Penguin Book.

Foucault Michel, (1991):”The birth of the Prison”, London Routledge

Evans Robin, (1997): “Translation from Drawing to Building and other essays”. The MIT press.

MARCELO ROMERO / ARQUITECTO

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