La ley posa para los flashes


Una historia: el otro día, viniendo de un almuerzo en San Felipe con un compañero de trabajo, pasé por el Juzgado de Familia de San Felipe, una construcción blanca con un diseño cuadrado, cercano a un templo mormón, y una pintura blanca y perfectamente impoluta gracias al aire sin smog de la provincia. Pero no, la comparación talvez no es la adecuada. Los templos mormones a veces parecen naves extraterrestres. Este edificio no. Parecía otra cosa: la antesala de un mall, algo levantado a la rápida para adorar quizás a qué divinidad menor.
Le comenté eso al colega que me acompañaba. Él me señaló una columna donde el blanco lucía un parche de cemento gris. “Mira”, dijo, “la otra semana esa columna con el parche tenía un agujero, un forado gigantesco, algo la había chocado o alguien había salido y le había pegado una patada. El asunto es que tenía un agujero gigantesco y se notaba que por dentro estaba hueca. Parecía de cartón piedra”, aseguró.
La imagen, por cierto, me quedó grabada a fuego como una metáfora perfecta para representar la arquitectura de la nueva justicia chilena, una imagen que revela esa condición de edificios blandos, facturados de modo express, sin aquella densidad majestuosa del pasado. Porque, para bien o para mal, los viejos juzgados impresionan, meten miedo, la ley -que no tiene nada que ver con la justicia- se siente como un escalofrío que recorre el espinazo de quien los ve. Hay magia ahí, magia republicana, oscura e inevitable.
Los nuevos no: su look flamante y lustroso se ofrece como metáfora de un país distinto, que intenta borrar esa imagen algo caricaturesca de los legajos acumulándose en alguna oficina, algo que haga desaparecer esos laberintos de papel a lo mejor comidos por ratones, donde el ciudadano común se pierde.
Pero no sucede. Esa aura de levedad es un brillo televisivo, algo vemos cada noche, gracias a los noticiarios que buscan comida para perros en su pauta diaria. Porque, a modo de una conspiración secreta y algo ficcional, uno llega a pensar que la nueva justicia chilena está diseñada de modo telegénico: los flashes sobre los acusados de perfil, fiscales con ropa comprada en Zara que lucen bronceados, defensores públicos que lucen cabreados y envejecidos, jueces con personalidad propia, acusados que logran adquirir en cierto modo la peligrosidad de asesinos de ficción. Todo eso lo logra la arquitectura de la nueva justicia que, de plano, se quiere alejar de la antigua. Demostrar que es otra cosa, otro país, otro modo de edificación. Menos Pablo Honorato. Más Amaro Gómez-Pablos.
Nada más claro en la arquitectura de los nuevos edificios del Poder Judicial que el reemplazo de la idea de monumentalidad por la de transparencia. Una transformación simbólica ejecutada por medio del cambio de aquel gris del cemento o la piedra, o de ese café oscuro de los muebles antiguos, a un blanco de las fachadas y los tonos claros de maderas enchapadas. No pasa nada, no hay nada que temer, parecen querer decir estas edificaciones en un claro mensaje a la ciudadanía. Estos edificios actúan como metáforas de una eficiencia ansiada. Limpios. Bonitos. Veloces a la hora de la construcción. Es como si el aire kafkiano del Poder Judicial quisiera ser reemplazado en la Reforma Procesal Penal por la velocidad de una serie de televisión de David E. Kelley, como “Será Justicia”.
Y hay una cosa rara ahí. Algo que no cuaja. Uno de los efectos deseados y no logrados es el de la telegenia. Eso tiene que ver con la luz. Se nota en las grabaciones televisivas y en las fotos que los reproducen. Es un tono blanco o beige, monótono, coloreado con algo similar a la luz artificial, una luz que no es luz, que carece de estética y no tiene consistencia. Con ese efecto especial, las salas de juzgado de la nueva justicia a veces parecen sets de televisión de un canal barato, fotogramas de una película de video sin nada de grano y grabadas por un aficionado. Con eso, exhiben una suerte de asepsia que no tiene nada estético o patrimonial, porque no aspiran a nada más que a un veloz y desechable presente.

Ã?LVARO BISAMA / ESCRITOR

0.697 secs con 62 database queries