
A fines de septiembre, se realizó en Santiago la muestra y el seminario “Arquitectura alemana, entre alta tecnología y sustentabilidad”, en el marco de la feria binacional EXPOALEMANIA. En la oportunidad, se expuso una selección de obras construidas en ese país durante la última década, caracterizadas por las exigencias medioambientales y el uso eficiente de los recursos energéticos.
Alemania ha basado el desarrollo de la calidad de sus productos en una normativa desarrollada por la propia industria (DIN). A diferencia de lo que sucede en Chile, donde las normas las impone el Estado, en ese país son organizaciones sectoriales las que definen los estándares de calidad y se comprometen a cumplirlos siguiendo tradiciones gremiales medievales. La eficiencia de las ordenanzas alemanas radica en la legitimidad de su origen. Más que un compromiso burocrático, lo que está en juego es el orgullo de hacer bien las cosas. Son los propios fabricantes los que se encargan de redactar, perfeccionar y auto controlar la normativa.
En este contexto se puede explicar el alto nivel al que ha llegado la “industria” de la arquitectura alemana desde 1995, cuando entró en vigencia una ordenanza sobre el aislamiento térmico (Wärmeschutzverordnung) mucho más estricta: a partir de entonces, se exige que cada nuevo edificio modele previamente su consumo energético y evalúe las emisiones de CO2 que ocasionará durante la construcción (incluida la fabricación de materiales), la vida útil y la demolición del inmueble. La respuesta que los arquitectos han dado a estas exigencias fue parte de lo que mostraron 5 destacadas oficinas alemanas en el marco de la EXPOALEMANIA.
Inercia térmica, ventilación y regulación natural
Resultó sorprendente ver que los proyectos presentados bajo el título de “alta tecnología y sustentabilidad” se basaran en principios muy simples: aprovechar el diferencial térmico entre el día y la noche, utilizar la constante térmica del casco terrestre, ventilar en forma natural y aplicar vegetación en los interiores. En todos los proyectos presentados, la masa construida es utilizada como acumuladora de calor y frío lo que, junto con permitir aprovechar el diferencial de temperatura entre el día y la noche, genera una sensación de confort muy superior a los tradicionales difusores de aire acondicionado. En este sentido, fue novedosa la aplicación de tecnología para reforzar la inercia térmica de losas y muros de hormigón, incorporando en su interior membranas capilares para la circulación de agua, que se extrae en muchos casos del subsuelo aprovechando la temperatura constante del casco terrestre.
Si bien los proyectos presentados contaban en su totalidad con control centralizado, consideraban también a los ocupantes como “sensores térmicos”, entregándoles la posibilidad de abrir ventanas para ventilar y refrescar. Otra forma práctica que han usado los alemanes para disminuir el consumo de energía es bajando los estándares térmicos, suponiendo que en invierno la gente anda más abrigada y en verano está dispuesta a soportar más calor.
Nueva espacialidad arquitectónica
El aspecto más llamativo de la muestra arquitectónica es el nuevo lenguaje y la espacialidad que proponen, como consecuencia del modelado energético desarrollado en la fase inicial. En este sentido son recurrentes las dobles pieles, los invernaderos, los patios interiores y las fuentes de agua. Hadi Teherani, arquitecto alemán de origen persa y socio de la oficina BRT de Hamburgo, fue muy explícito al mostrar sus proyectos.
El primero que expuso fue el edificio “Doble XX”, en pleno centro de Hamburgo. Se trata de un edificio de oficinas de doce pisos, que en planta son dos X cubiertas por una membrana de cristal. La idea era generar un cuerpo con gran rugosidad interior, que permita maximizar los espacios posibles de iluminar y ventilar naturalmente, y un cierre exterior traslúcido que protege el edificio del medio externo a través de una superficie mínima. Patios triangulares de toda la altura del edificio prolongan el espacio público al interior de las oficinas. Patios de dos pisos de altura con vegetación subtropical se intercalan en las X, actuando de reguladores de temperatura y espacios de ocio para los usuarios.
Otro ejemplo en este sentido fue el Edificio Berliner Bogen, también en Hamburgo. En este caso, el edificio se construyó sobre un antiguo canal aprovechando al máximo el escaso terreno disponible en el centro de la ciudad. Arcos parabólicos de 36 mts. de altura sirven de soporte para colgar las oficinas que parecen levitar sobre el agua. La rugosidad espacial interior se consigue mediante un esquema de peineta y el cierro exterior a través de la membrana parabólica.
Las oficinas de la empresa de seguros RH Swiss en Munich fue otro de los proyectos que desarrolló la oficina BRT, aplicando el principio de cuerpo externo compacto y un interior rugoso. En este caso, se trata de un complejo en la periferia emplazado en un extenso terreno que considera un programa en diversos edificios que se proyectaron liberando el suelo. La idea era proyectar los espacios de trabajo en un espacio natural que sirviera para controlar el clima exterior. Destaca el trabajo de paisajismo encargado a diversos artistas, caracterizando las zonas del complejo por el colorido de la vegetación.
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