Seduce. A sus casi 90 años -que no aparenta-, don Euclides seduce. Por la claridad y seguridad de sus planteamientos, por sus ideas, por la crudeza de su diagnóstico sobre la educación superior y la enseñanza de la arquitectura en Chile. Por lo que han significado su nombre y su obra, por su inigualable experiencia y la cercanÃa con la que accede a compartirla.
No duda en calificar la situación actual de la educación superior como una grave crisis que es muy difÃcil de revertir. A su juicio, todo se remite a la fuerza del cine que, con su irrupción durante el siglo pasado, transformó la forma de acercarse al mundo y, en particular, el lenguaje. “Del lenguaje oral y escrito se pasó a la imagen. Hoy todos los sistemas audiovisuales ejercitan sólo la vista y el oÃdo del muchacho, pero no el cerebro, no donde se piensa. Entonces tenemos jóvenes que usan muy pocas palabras, que están casi olvidando el lenguaje -que es la expresión más auténticamente humana- y lo reemplazan por imágenes”, plantea. Para Guzmán, esto trae consecuencias muy preocupantes: “Hoy vemos que los alumnos son incapaces de atender en una clase oral, se desconectan a los 5 minutos. Y más curioso aún: pueden entender muy bien un fenómeno, una explicación, pero antes de 20 dÃas se les olvida todo”. Cosa que antes, cuando la imaginación estaba en constante actividad gracias a la radio y la lectura, por ejemplo, no pasaba. ¿Por qué es tan grave esto? “Porque lo que no se usa, se atrofia. Si no se tiene lenguaje, no se tienen palabras y sin palabras no se puede pensar”.
Junto a esta crisis propiciada por los cambios en el lenguaje, para Guzmán hay un factor externo que ha intervenido en la educación y que tiene un impacto muy negativo: el dinero. La concepción de la enseñanza como una empresa es, a su juicio, una visión errónea, pues en este ámbito no rige la ley de oferta y demanda. “En la educación, siempre triunfa la peor mercaderÃa”, afirma. Pone como ejemplo el caso de un padre adinerado que, a fin de asegurar un estatus a su hijo, lo inscribe en una universidad prestigiosa que le entregue un valioso diploma, para abrirle las puertas a las élites de poder. Da lo mismo la calidad de esa enseñanza, pues lo que importa es el cartón. Y si hay algún bache en esa formación, para eso están los asesores. Enérgicamente, critica el negocio que hacen las casas de estudios superiores con los postgrados -“una especialización en cualquier tema que se les ocurre, pero que no aporta nada”-, y postula que deberÃa haber al menos una universidad grande que sea gratuita, como un premio a los buenos estudiantes de enseñanza media.
El rol de la tecnologÃa
El tercer aspecto que está interfiriendo con una educación de calidad nace del entrelazamiento del nuevo lenguaje post cine con la tecnologÃa actual. “Yo asisto a los exámenes de tÃtulo y son realmente exámenes electrónicos. Todo lo que se ve es hecho por computación. Un colega de otra universidad anunció que iba a exigir un proyecto dibujado a mano ¡y se armó un escándalo! Los estudiantes de quinto año dijeron que nadie les habÃa enseñado a dibujar. Pero si un arquitecto no sabe tomar un lápiz para dibujar, casi no puede pensar tampoco. El producto que da la máquina es producto de una máquina, y la arquitectura es un asunto totalmente humano”, asegura Guzmán. Y agrega un dato interesante: en las salas de clases de Silicon Valley (¡”La Meca” de la computación!) no hay computadores, porque se estima que son perjudiciales para la enseñanza. Éstos aparecen después, una vez que el alumno ya ha aprendido algo. “Se le da esta herramienta para que trabaje, no para que aprenda”, concluye el docente, al mismo tiempo que critica a quienes tratan de “enseñar entretenido”. “Esas experiencias han sido una catástrofe, porque han generado una nueva generación que no sabe pensar”, dice.
Pero tanto avance, tanta innovación técnica tiene que tener alguna utilidad en aras de una educación universitaria. ¿Cómo aprovechar esta revolución tecnológica? Don Euclides tiene una sola respuesta: en investigación. A su juicio, ésta ha sido dejada de lado por los planteles debido a su alto costo, siendo que es una de las tareas más importantes de toda universidad. Y agrega que la investigación “debe ser una búsqueda sin plazos fijos, como un indagar en la adaptación de los nuevos conocimientos a nuestra realidad y, luego, en la frontera misma del saber, sin restricciones”. Respetando esto la tecnologÃa es bienvenida, pero siempre como herramienta de trabajo, nunca como material de aprendizaje.
“Chile da para 3 o 4 universidades”
Al contrario de lo que frecuentemente se escucha, para Euclides Guzmán la gran proliferación de universidades e institutos profesionales -que implica que haya 32 escuelas de arquitectura en el paÃs, con un promedio de 580 titulados al año- es un aspecto muy negativo. El docente cita un estudio de la UNESCO, que señala que una “universidad completa” necesita una base demográfica de alrededor de cinco millones de personas. Esto para que en la población se produzca una cantidad adecuada de estudiantes de nivel universitario, asà como una cantidad de profesores apropiados para ese nivel. “Chile da para 3 o 4 universidades. Si en vez de esas 4, hay 70 -advierte-, el resultado tiene que descender en una inexorable proporción”.
Guzmán considera que la tendencia actual de llevar a los más reconocidos y exitosos especialistas a hacer clases y talleres a las universidades es un error. “Eso se hacÃa en la década de 1940 en la Chile. En ese tiempo era lÃcito, porque las cosas cambiaban muy lentamente y era bastante probable que el estudiante se enfrentara a los mismos problemas que su profesor. Pero hoy no. Ya en 1962 el rector Gómez Millas declaró que el especialista, el arquitecto destacado ‘está enseñando el pasado’. Y es verdad: hoy se está enseñando el pasado”, denuncia. Agrega que, por otra parte, el intenso ejercicio de la profesión de aquel especialista, lo aparta de la reflexión sobre los temas que conforman una cultura contemporánea, algo indispensable para un docente universitario. “Los especialistas actuales no son buenos académicos”, sentencia Euclides Guzmán.
Por otra parte, cuestiona a quienes postulan que un profesor-arquitecto no debe tener una jornada completa en la universidad, para no desvincularse totalmente de la realidad profesional externa. Reconoce, eso sÃ, que la docencia y la realidad exterior deben estar siempre interconectadas, pero pone el énfasis en el sentido de esta conexión: “Es la universidad la que debe alimentar el ejercicio de la realidad y no al revés. La realidad es muy mediocre y el profesor universitario tiene que nutrirse de lo que está investigando -una vez más aparece la investigación-, porque eso debe ser mejor que lo que está pasando afuera”.
El progreso de Chile en el actual momento competitivo no podrá ir más allá del nivel que alcancen sus universidades. Si este nivel es mediocre -asegura- tendremos que conformarnos con continuar exportando materias primas.
Para el académico, existe una confusión entre los conceptos de enseñanza universitaria y enseñanza profesional, que lleva a consecuencias desastrosas. “El problema es que el alumno entra a un primer año profesional, no universitario”, explica Guzmán. “En la universidad se debe iniciar al estudiante en un área determinada del conocimiento y abordar allà el estudio en profundidad de las materias básicas que deberá manejar, para incorporar al aprendizaje de su futura profesión. Si en vez de este paso previo, se le pide proyectar una vivienda en la primera semana, su interés se va a centrar en eso y el resto de las asignaturas va a convertirse en un estorbo”. En su opinión, “el taller profesional prematuro produce una alienación del estudiante frente al resto de la enseñanza”. Y asÃ, el régimen en su totalidad no funciona bien. Todos estos factores lo llevan a concluir muy convencido: “La docencia como sistema está en crisis”.
Pero este docente -que fue el primer galardonado con la Medalla Claude Brunet de Baines, en 2003- no se queda en el diagnóstico amargo. Propone un método que podrÃa mejorar considerablemente la situación actual, asà como reparar el gran estigma de estar generando “especialistas incultos” por concentrarse sólo en el aspecto profesional.
Según esta idea, el egresado de enseñanza media no deberÃa ingresar a una carrera profesional determinada, sino a un sector de la educación superior afÃn con sus intereses. Luego, ya dentro de la universidad, podrá elegir una carrera especÃfica. AsÃ, este sistema contemplarÃa dos años de preparación universitaria básica, dos años de arquitectura general y otros dos años de especialización.
RECUADRO
Tras estudiar en la Universidad de Chile, Euclides Guzmán realizó un Master en Arquitectura en la Universidad de Pennsylvania, graduándose en 1946. En 1950, ganó un concurso de oposición para ser profesor titular de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile, donde fue designado director en 1955. En los años siguientes fundó y organizó la escuela de Arquitectura de ValparaÃso, y dirigió la sede de Talca de la Universidad de Chile. Al mismo tiempo, desarrolló una importante labor periodÃstica, participando en las revistas “Arquitectura y Urbanismo”, “Construcción” y “Arquitectura y Construcción”, al igual que en numerosas publicaciones técnicas, literarias y en diarios. Además, en 1938, mientras era presidente del Centro de Alumnos, fundó la ENOC -Escuela Nocturna para la Construcción-. Pero su trabajo más reconocido es talvez el “Curso elemental de edificación”, referencia obligatoria en la materia hasta nuestros dÃas y que hasta la fecha ha vendido más de 260 mil fascÃculos.