El estado de la Arquitectura Pública y Privada en Chile.
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Con antecedentes de más de trescientos proyectos construidos en los últimos dos años, se realizó la selección para la muestra de la Bienal de Arquitectura 2006, junto a un jurado compuesto por el español Luis Fernández Galiano, Cristián Undurraga, Fernando Pérez, Pablo Gil, Jeannette Plaut y yo, Rodrigo Toro.
Es interesante participar en una selección de obras arquitectónicas a nivel nacional, ya que con la sola clasificación y cuantificación es posible hacer una reflexión personal sobre el estado actual de la arquitectura pública y privada en Chile.
Un tercio de las obras enviadas corresponde a vivienda unifamiliar, principalmente de estrato alto. Otro porcentaje importante pertenece a edificios de oficinas y comerciales, le siguen edificios universitarios y educacionales, terminando con edificios públicos y vivienda social promovidos por el Estado.
Eso muestra que gran parte de la exploración espacial, volumétrica y de materiales se encuentra en el ámbito de la casa privada, con ejemplos de gran calidad que denotan un buen estado de la arquitectura en esa área. Cabe notar que gran parte de estas viviendas no dan a la calle por estar en loteos, parcelas o en paisajes retirados, por lo que muy poca gente percibe esta calidad. Edificios semipúblicos, como las universidades, también poseen un alto nivel arquitectónico, pero aunque abarcan un público mayor, este no es masivo.
Sin embargo, es en los edificios propuestos por el Estado donde observo la mayor debilidad de la muestra. No obstante existen ejemplos de gran calidad, estos son los menos para un país que ha realizado enormes reformas educacionales, judiciales y de infraestructura. Se han realizado muchas obras, pero son pocas las que dan muestras de calidad arquitectónica. Esto me hace cuestionar los procesos de adjudicación de los edificios públicos, que son los que realmente generan impacto en la ciudad y afectan a una mayoría de usuarios.
Los concursos para grandes obras públicas, al estar restringidos a un grupo pequeño de profesionales, impiden que propuestas interesantes puedan ser llevadas a cabo. Es importante equilibrar de mejor manera el valor que da el Estado a las propuestas económicas versus la calidad de las propuestas arquitectónicas en una licitación pública.
Los proyectos privados son los que principalmente generan el análisis de los arquitectos sobre el ejercicio de la profesión, mientras que los edificios públicos son los que generan una discusión sobre la ciudad y sus espacios.
Tengo claro que los proyectos enviados no corresponden a la totalidad de proyectos realizados en el país. Es probable que existan muchos que no han sido enviados por sus autores, pero sí muestran una tendencia. A diferencia de lo que ocurre en Europa, donde los proyectos impulsados por el Estado son los de mayor calidad arquitectónica, debido a que principalmente se trata de llamados abiertos a concurso, en Chile nuestra situación es inversa.
Dentro del ámbito de la profesión, tenemos una percepción de estar en un buen momento, por la gran cantidad de arquitectos con propuestas interesantes. Sin embargo, desde la opinión pública se percibe un deterioro arquitectónico de la ciudad. Sólo cuando la calidad de los arquitectos actuales se refleje en edificios y espacios públicos, sintonizaremos con el sentir del habitante de la ciudad, que ve cómo hemos perdido la batalla pública y nos hemos refugiado en el diseño de viviendas unifamiliares.

Rodrigo Toro S.
Arquitecto U. de Chile / MSc. U. of London
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