
El desarrollo del Tema Central de esta revista se abordó bajo la hipótesis de cuidad y arquitectura, como responsables de la salud pública.
Por eso, en este número presentamos diferentes artículos que vinculan la relación ciudad-salud para desarrollar esta hipótesis, como la relación entre arquitectura saludable con sustentabilidad; conectividad urbana amigable con responsabilidad ciudadana; recordar que el movimiento moderno, tanto en sus planteamientos urbanos como arquitectónicos nació de un fundamento higienista; y recibir una visión externa europea que propone la relación de la salud pública como motor de utopías urbanas.
Después de haber recibido la importante retroalimentación de los colaboradores, pudimos echar por tierra la hipótesis inicial, concluyendo que nuestras ciudades son un reflejo de nuestra cultura. Sufren de falta de cariño y necesitan un poco de vanidad, más conciencia a largo plazo y responsabilidad colectiva.
Entonces, las ciudades como producto cultural nos reflejan, por lo tanto, no es coincidencia que seamos uno de los países más sedentarios del mundo, el país latinoamericano con el mayor índice de obesidad infantil y, a la vez, existan comunas sin áreas verdes o espacios públicos gratuitos. Mientras se construye buscando mejorar la infraestructura vial para los vehículos privados, se olvida que existe una micro-escala, amable, más sana e igualmente valiosa y eficiente, en términos de enriquecer y hacer eficiente el tejido de conectividad urbana.
Por otro lado, un tercio de Chile vive en Santiago, cuidad que cada mes de mayo se ahoga en smog, comenzando la estación otoñal con la toma de conciencia de la calidad del aire y nuestra salud, la que termina en septiembre con los vientos primaverales. Mientras la infraestructura del área metropolitana mejora, aparecen las ZoDUC (Zonas de Desarrollo Urbano Condicionadas), que posibilitan la sobrepoblación de esta cuenca agobiada y para unir estas ramificaciones con el corazón de la cuidad, se da como único medio de conexión el transporte privado (vehicular), que multiplica los viajes y alarga las distancias, garantizando así un aumento de las emisiones tóxicas y, al mismo tiempo, este único medio de conexión se restringe por razones ambientales.
De acuerdo a información del Banco Mundial, es coincidente que las veinte ciudades más contaminadas del planeta hayan tenido un crecimiento acelerado o explosivo. Son ciudades que han sufrido de gigantismo por falta de cuidado. Se extienden sus límites urbanos y no existe conciencia o control de lo que eso está significando. Dieciséis de estas veinte ciudades están en China (ver CA 120). Ahí se desarrollaron megaciudades, las que hoy sufren altos índices de contaminación ambiental.
Entonces, ¿será la restricción vehicular la solución o deberá planificarse la ciudad y el territorio?
Violencia, salud y mala conectividad son algunas de las consecuencias sociales de una planificación urbana que no es consciente de sus habitantes y viceversa. Todos estos problemas no son fenómenos aislados y dentro de las variables para resolverlas, es necesario reconocer e involucrar el rol de la arquitectura, la cuidad y su territorio.
Paulina Villalobos / Directora Revista CA