Sara Larraín: La Geometría de Santiago

125_p_pensamiento_saralarrain.jpg“Las zonas de desarrollo urbano condicionado (ZoDUC) son, desde nuestra perspectiva, trajes a la medida, diseñados para cubrir de legalidad los apetitos del negocio inmobiliario”, responde Sara Larraín a través del mail, tras leer la primera pregunta que le remitimos. La idea era conversar en persona con ella, discutir acerca de Santiago, y de los desafíos de la arquitectura frente a temas del medio ambiente y los nuevos desarrollos energéticos, pero fue imposible ubicarla. Ella salta por Chile, como una versión femenina y adulta del personaje de Marta Brunet y Marcela Paz.
“Lo veo difícil”, dijo cuando la contactamos. “Pero me interesa mucho. ¿Les parece hacerla por mail? Para mí es más cómodo”.
Y como vivimos en un mundo acelerado, donde la comodidad se ha convertido en un bien escaso, accedimos. “Es mejor por escrito”, se justificó. “Así queda registro de lo que dije”, agregó.
Sara Larraín lleva casi una década luchando para que en Chile se dicten políticas concretas para la protección del medio ambiente. Directora del programa Chile Sustentable y nombre frecuente en cuanta cumbre ecologista se desarrolla en el mundo, esta ex candidata verde a la presidencia de la nación en 1999, es una de las voces con mayor autoridad en el campo teórico y práctico de búsqueda de alternativas energéticas, y las propuestas de desarrollo sustentable. Convocada por CA, se refirió en extenso al papel del gobierno en todos estos temas, la viabilidad de desarrollo nuclear en el país y al caos que ha desordenado la geometría de Santiago, de la cual también achaca mucha responsabilidad a los arquitectos.

Distribuyendo Santiago

Abrimos las preguntas con el tema de la expansión de Santiago y las políticas de zonas de desarrollo urbano condicionado, que ella definió como un bonito traje, pero sin mayor consistencia.

¿Por qué?

“Porque permiten que los actores del mercado distorsionen el frágil ordenamiento existente y establezcan focos urbanos en cualquier parte del territorio, con una dinámica de urbanización fragmentada, dejando al Estado sólo la alternativa de mitigar. Eso intensifica la tendencia actual en que el ordenamiento del territorio es prácticamente resultado de la iniciativa privada”.

Hablemos del transporte urbano. ¿Cree que, en lugar de duplicar las vías para automóviles, hubiese sido mejor invertir en el Transantiago, acelerando su puesta en marcha y eficiencia?

“La política de transporte debería tender a desincentivar el uso del automóvil privado y a promover el uso del transporte público. Que se haya priorizado la ampliación de las autopistas durante el gobierno Lagos demuestra una grave incoherencia, pues eso incentiva el uso del auto. La información sobre contaminantes refleja el aumento de estos vehículos y de las distancias recorridas. Una política de desarrollo urbano dominada por la especulación del mercado del suelo y por los negocios de construcción e infraestructura, tiene como resultado este tipo de pesadillas”.

¿Es el Transantiago una verdadera solución para mejorar el transporte público y para descontaminar Santiago?

“El Transantiago original era el PTUS, un verdadero Plan de Transporte Urbano de Santiago, pues planteaba una propuesta integrada y estructural. Pero entre las pugnas políticas e intereses, se restringió a lo que hoy conocemos y que, además, fue inaugurado antes de tiempo, lo que trajo problemas adicionales”.

Pero es una buena solución…

“Es positivo, pero también insuficiente. Los aspectos positivos se refieren a vehículos menos contaminantes; reducción de máquinas para un parque mejor dimensionado; recorridos y modos de operar más eficientes producto de su integración al metro; y la capacitación y modalidad salarial más adecuada para los choferes. Por eso, es un avance, aunque están pendientes el PTUS, y la gestión integrada del transporte y la movilidad urbana en la capital”.

¿Cree que fue buena idea designar una autoridad metropolitana de transporte urbano, que coordine y regule a todos los actores?

“Es fundamental, pues se requiere articular y coordinar las iniciativas sectoriales y la gestión para alcanzar las metas. Si hay un responsable, todos deben responderle. Y él, a su vez, debe asegurar las sinergias, los fondos y responder de la tarea frente al gobierno y los ciudadanos. Hoy, ante el segundo fracaso del Plan de Descontaminación, queda en evidencia que el intendente pasado se confió en la bonanza climática y manejó los eventos de contaminación con técnicas de marketing, no puso los fondos, no concretó ni coordinó las acciones. Pero nadie se responsabiliza. Desde el programa Chile Sustentable hemos propuesto enfrentar el problema en el trasfondo de una propuesta de ordenamiento territorial, descentralización y nueva política energética, además del establecimiento de una autoridad ambiental que responda por el cumplimiento de las normas y objetivos ambientales. En Chile, no puede ocurrir que sectores del Ministerio de Vivienda y Urbanismo apliquen una política viviendista y de mercado para determinar el desarrollo de las ciudades, con resultados tan fatales como la conversión de 80 mil hectáreas de suelo agrícola en suelo urbano, destinado a proyectos inmobiliarios. Esa expansión contradice todos los propósitos del Plan de Descontaminación”.

Metas urgentes para la descontaminación


¿Cuáles son los aspectos centrales de la propuesta para descontaminar Santiago?

“Nuestro diagnóstico recuerda la exigua efectividad y transparencia de los sistemas de información, coordinación y gestión ambiental, en pos de las metas de dicho plan. Deja ver las falencias en aspectos estructurales de la política pública, tales como planificación urbana, normativa ambiental y su fiscalización; políticas de energía y transporte, además de la falta de voluntad política expresada en el recorte presupuestario”.

Se ha manifestado defensora de iniciativas urbanas como las ciclovías. ¿Qué opinión tiene de la actual red que rodea Santiago? ¿Cumplen con lo que se necesita o son vías de paseos?

“Son sólo muestras aisladas, y no corresponden a una propuesta integral de movilidad ciudadana a través de bicicletas en forma segura y expedita. Se trata de buenas intenciones de algunos alcaldes. En el pasado hubo dinero, no recuerdo si del BID o del Banco Mundial, para ciclovías dentro de todo el radio de Américo Vespucio. Al parecer, esos recursos se esfumaron. El PTUS también incluía propuestas en la materia. Como las ciclovías no responden al interés de ningún poderoso (que venda autos, cemento o concesiones), nunca se concretará una red adecuada para este medio de transporte. Hemos sido testigos de críticas muy justificadas, provenientes de organizaciones de ciclistas, de que las ciclovías no tienen continuidad o invaden caminos de peatones. Si se comparan los recursos que se invierten en estacionamientos y los de ciclovías, se detecta otra contradicción. Un ejemplo es la Municipalidad de Providencia, que pretende edificar un estacionamiento para más de mil vehículos en Manuel Montt con Providencia, cuando la gente podría llegar al metro en bicicleta”.

¿Cómo detendría la expansión de Santiago?

“Con ordenamiento y regulación, fomento a la densificación y a la relocalización de industrias fuera de la cuenca. Adicionalmente, mejoramiento de infraestructura urbana, salud y servicios en regiones. La solución también pasa por solucionar las carencias e inequidades con las demás regiones del país”.

“Energía nuclear es un capricho tecnológico”

Larraín es categórica a la hora de referirse a la energía nuclear como alternativa a solucionar la futura crisis energética nacional. “A 20 años de la tragedia de Chernobyl, sabemos que además de los riesgos de accidentes y costos radiactivos, abrir una planta nuclear es casi tan caro como clausurarla, y que esta opción no ha podido resolver problemas inherentes a su generación, como qué hacer con los desechos radiactivos, algunos de los cuales como el plutonio, mantienen su peligrosidad por cientos de miles de años, y ninguna formación geológica natural asegura una estabilidad por tanto tiempo”, dice. “Además”, continúa, “en el caso de Chile, ¿qué garantía puede darse a la población respecto de la seguridad de una central nuclear, cuando nuestros técnicos no son capaces de manejar elementos radiactivos menores, como los que causaron el accidente en la planta de Celco en Itata? ¿Cuál es el sentido de empezar a depender de la minería del uranio, si tenemos espectaculares recursos eólicos, hídricos y geotérmicos? ¿Para qué tener plantas riesgosas en un país reconocidamente sísmico? Hoy, la opción nuclear es un capricho tecnológico contrario a la tendencia mundial, donde la construcción de plantas se ha reducido sostenidamente desde 1989. En cambio, las tecnologías para usar energías limpias se multiplican año a año. Una decisión de ese tipo sólo podría responder a un interés ajeno al de todos los chilenos que aspiramos a mayor seguridad e independencia energética, pero también a proyectos más compatibles con la protección del medio ambiente y el respeto al desarrollo de las regiones”.
¿Cree que el país debería preocuparse más del “cómo ahorrar energía”, en vez de buscar nuevas fuentes?
“Ambas forman parte importante de cualquier política energética. El uso eficiente ahorra recursos energéticos al país, permite obtener servicios energéticos con menos insumos y alivia el bolsillo de los consumidores. Pero, al mismo tiempo, mejora la competitividad económica y reduce los impactos sobre el medio ambiente: menos recursos energéticos consumidos significa menos exploración y extracción, y menos emisiones. En el caso doméstico, es más eficiente, económico e inteligente tener una iluminación de 100 watts con una ampolleta eficiente que sólo consume 20 watts, es decir, 1/5 de la incandescente convencional. Adicionalmente, dura más y su costo adicional lo pago con el ahorro del primer mes. A nivel nacional, el programa País de Eficiencia Energética, donde Chile Sustentable participa como ONG, tiene un potencial de ahorro notable: 20% en alumbrado; entre 9% y 20% en vapor industrial; 10% en refrigeración; 7,5% en electricidad en congelados de pescado; 18% de ahorro de diesel en calentadores de productoras de alimento; entre 25% y 40% en electricidad y climatización en hospitales. El objetivo del PPEE de obtener entre 10% y 15% de la energía con medidas de eficiencia, ha sido superado por experiencias extranjeras, que han logrado entre 5% y 10% anual al inicio de los programas y de 3% en etapas posteriores”.

¿Qué pasa con las nuevas fuentes?

“La crisis le abrió al país los ojos sobre los recursos energéticos renovables que posee. Por eso, fue posible que como ecologistas lográramos introducir propuestas cuando se modificó la Ley Eléctrica (“Ley Corta”) para permitir la entrada de las Energías Renovables No Convencionales en la matriz energética de nuestro país. Hay señales favorables para el uso del enorme potencial de energías limpias que posee el país, como la postulación de más de 70 proyectos al Fondo de Promoción de Energías Renovables; la aprobación de 46 de ellos; y la duplicación del fondo de este concurso para 2006 por parte del gobierno de Michelle Bachelet”.

Pero en realidad, ¿qué tenemos?

“En el caso de la geotermia, si Enap inicia exploraciones geotérmicas en Calabozo, podremos sumar cada año a la red 100 MW de energía limpia y constante a partir de 2010. Ello, junto con los 630 MW de las centrales hidroeléctricas de pasada (Coya-Pangal, Hornitos, La Higuera y Neltume), que muestran que es factible aprovechar el agua, sin inundar, y usar el potencial de más de 4.000 MW hidráulicos que existen entre la IV y X regiones”.

¿Cuál es el rol que le correspondería a los arquitectos en los dilemas medioambientales y energéticos?

“Mayor altura y anchura de mira. Coordinación política y posturas colegiadas en base a su ética profesional, el bien común y las necesidades del país. Nada sacamos con tener arquitectos mandados por las prioridades del mercado inmobiliario, el pedido clientelar o la bienal de turno. Extrañamos ciudadanos con formación en arquitectura y urbanismo, que ayuden al país a resolver los problemas en que se encuentra, y a planificar de otra forma nuestras viviendas y ciudades en diálogo con los territorios”.

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