Torres Siamesas
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FICHA TÉCNICA

Arquitectos: Alejandro Aravena (I.C.A.: 6581), Charles Murray, Alfonso Montero (I.C.A.: 5775), Ricardo Torrejón
Colaboradores: Emilio de la Cerda
Ubicación: Campus SAN Joaquín PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA
Cliente: Dirección de Infraestructura PUC. Pedro Rosso, mandante. Hans Muhr, director.
Ing. Calculista: Luis Soler y Asociados. Juan Erenchun ingeniero a cargo
Constructor: Empresa Constructora Serinco. Ignacio Lamana ingeniero a cargo
Materialidad: Hormigón armado, cristal, fibrocemento y maderas nativas (coigüe, mañío)
Costo promedio m2: US$ 700
Superficie terreno: 500.000 m2
Superficie construida: 5.000 m2
Año proyecto: 2003
Año construcción: 2005
Consultor muro cortina: Accura Systems
Consultor ambiental: Gabriel Rodríguez (Idiem)
Fotografías: Cristóbal Palma.
Se nos encargó hacer, primero, una torre; segundo, de vidrio; y tercero, que albergara todo lo que tenía que ver con los computadores de la universidad. Se nos preguntaba si con los computadores va a cambiar la manera de enseñar y las tipologías arquitectónicas que usamos para espacios educativos.
Nuestra respuesta fue sí y no. Nada va a reemplazar a la más arcaica y efectiva manera de transmitir conocimiento de una generación a otra: por medio de buenas conversaciones entre personas, a la sombra de un árbol o en un pasillo. Para ello, pensamos que la placa de la torre podía asumir la forma de planos inclinados de madera, en los cuales echarse entre horas de clases. El espacio de nueve alturas entre la torre de cemento y la de vidrio, lo concebimos como la magnificación de la conversación de pasillo.
Sí nos pareció que había un cambio en el paradigma del buen lugar de estudio. Con los computadores, se trata de construir una buena penumbra que elimine el reflejo sobre las pantallas. La luz no debe llegar a nuestros escritorios, porque sale desde ellos. Por eso, enterramos la placa de la torre y redujimos las aberturas de la torre a su mínima expresión.
El segundo problema consistía en que hacer una torre de vidrio en Santiago implica hacerse cargo del efecto invernadero. Pensamos que sería más económico hacer varias pieles, en que cada una fuese buena para una cosa a la vez. Proyectamos una piel exterior de vidrio corriente, excelente para resistir el polvo, la lluvia y el envejecimiento. Más adentro, proyectamos un edificio de fibrocemento, muy bueno desde el punto de vista térmico. Entre ambos: aire. Había que evitar que el efecto invernadero que se genera detrás del primer edificio de vidrio, llegase al segundo edificio de fibrocemento. Para ello, dejamos que el espacio entre los dos se comportase como una chimenea perimetral que por medio de convección dejase salir el aire caliente por arriba. La piel de vidrio no llega al suelo, dejando entrar aire fresco en la base; un viento vertical, acelerado por efecto Venturi en los “acinturamientos” de la torre, sale entonces por la parte superior.
Por último, estaba el problema de conseguir una torre: la superficie con que contábamos era sólo de 5.000 m2. Por más que achicáramos las plantas para obtener una proporción vertical, la forma resultante era “de contextura gruesa”. Se nos ocurrió partir el edificio en dos a partir del séptimo piso. Cada una de las partes resultantes fue construida usando perfiles de aluminio de distinto color, los cuales prácticamente carecían de espesor. Buscábamos que frontalmente el edificio se leyese como un único volumen bicéfalo, pero que en escorzo, dada la diferencia cromática de los perfiles, se pudiese leer como dos torres, cada una de ellas efectivamente verticales, las cuales compartían gran parte de su cuerpo, como si se tratara de estructuras siamesas.

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