Rafael Gumucio: “En Chile la arquitectura es un tema de cuicos”

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Bastarda, imperfecta e imprecisa. Así es la pluma de Rafael Gumucio. Y ojo, la cruda definición sale de él, de su propio libro, Páginas Coloniales, lugar desde el cual aborda, describe y asimila la identidad de distintas ciudades. Madrid y su europeísmo amable pero castrador, el Haití post-Aristide, el Buenos Aires de los Piqueteros, ese Nueva York huérfano de sus torres, el confuso México con su aun más confusa forma de hacer política… Observaciones que tienen la rigurosidad de una sobremesa y la precisión de un cazador siempre temeroso de encontrarse con una presa más grande que él.

En breve, un paseo con el Gumucio que intenta sobrevivir a una ciudad que le esconde sus cosas más bellas, una conversación con el Gumucio extranjero, el que escapó de esta ciudad casi como un crío y recién la pudo conocer en la adolescencia. ¿Santiago visto por Gumucio o Gumucio observado por Santiago? Quién sabe, hablar con Rafael Gumucio sobre la ciudad a ratos es como observar el desarrollo del doppelganger perfecto, uno robando la identidad al otro, mientras que a ratos es también la historia de un sobreviviente. O el buen café con el comediante que mira distinto y, claro, ahí tiene su mayor gracia. Algo que queda en evidencia cuando él mismo reconoce, sentados en el Drugstore (esa pésima muestra de arquitectura que funciona más por empeño del usuario que por propia funcionalidad) que, en el fondo, la mala arquitectura puede salvarse. “Santiago está lleno de mala arquitectura, pero igual aguanta y la ciudad sobrevive. Al igual que los libros, los edificios pueden ser feos y mal construidos, pero agarran onda después”.

Bueno, la onda que tiene Santiago es justamente de sobreviviente…

Todo lo que se construye aquí para mostrar, en general es muy feo. Pero lo que se construye para no mostrar: casas, pasajes, barrios medios piolas, son bien bonitos, tienen su gracia y, como están un poco olvidados, adquieren un cierto encanto doble.

Está de moda hablar de arquitectura y urbanismo.

En Chile, la arquitectura es un tema de cuicos. Existe la idea, bien instalada en Chile de que los pobres no tienen derecho a la arquitectura, a la belleza. Muchos dicen: “oye, yo me preocupo por la ciudad”, pero eso se reduce a la plaza Las Lilas, cuicos que no quieren que les ensucien su barrio.

Claro, hay poca preocupación por la vivienda social, de otra manera no se explica cómo salen las casas “Chubi”.

Yo encuentro que las casas “Chubi”, que fueron tan criticadas, eran bonitas. A mí me gustan, son más estéticas que otras casas del modelo cuadrado. Pero igual hay poca discusión en torno al tema de la vivienda social. Si tú dices que la idea de la vivienda social es que la gente tenga derecho a su patio con su casita, la verdad es que no me parece adecuado para una ciudad donde llueve y se inunda todo. Eso la gente lo sabe, entonces si igual quieren tener una casita con jardín, bueno, que se aguanten no más.

¿Y te parecen mejor los hacinamientos en los edificios?

Soy bastante partidario de los edificios. No creo sustentable el modelo de ciudad que crece de manera infinita. Hay que empezar a resignarse a los edificios, bueno, no a cualquier edificio.

Pero la gente igual compra edificios estéticamente poco atractivos. ¿Será que no tenemos gusto?

La idea de que los chilenos no tenemos buen gusto es falsa. Cuando a los chilenos los dejan, hacen cosas bonitas. Un ejemplo son los cerros de Valparaíso. Eso es un milagro de la arquitectura improvisada, pobre, pero es estéticamente bonita, ves que hay una cosa chilena muy bonita… En el fondo, es la elite la que no sabe, no el pueblo. Vas al sur, al pueblo chileno y la gente sabe construir con estética, con una estética chilena. No es Italia, no es Roma, pero es de aquí. Existe un gusto particular que nadie explota, pero que existe.

El sueño de la casa propia es una frase inyectada a la fuerza en los chilenos… 

No hay país donde exista más propiedad que aquí, o sea, todo el mundo es propietario. Yo en París conozco muy pocos propietarios, gente rica, millonaria y no es propietaria. Ser propietario es un lujo de aquí.

Tú lo escribías muy bien en tu libro “Monstruos cardinales”, para los arquitectos si el edificio queda malo es culpa del cliente; si la ciudad está pésima es culpa de las autoridades.

El problema es la eterna discusión sobre Santiago que uno ve en los arquitectos. Están todo el tiempo hablando de que la ciudad está cagada, pero tú dices, bueno, ¿quién construyó eso? Le preguntaba a un arquitecto sobre el Congreso de Valparaíso y me decía: “no, lo hicieron muy buenos arquitectos, pero lo que pasa es que las bases estaban cambiadas”. Si son tan buenos arquitectos, por qué participan en eso. ¿Entiendes? En ese sentido, ellos siempre tienen disculpas.

Antes la moda era hablar pestes de Santiago, ahora lo que se usa es hablar bien.

Las dos visiones son bien provincianas: Santiago es como las huevas o Santiago es increíble. Lo cierto es que Santiago es parte de un tipo de ciudad que abunda en el mundo, hay muchas así, como Ciudad de México, Los Ã?ngeles… Son ciudades extendidas, de poco centro y mucha periferia, ciudades como de pueblitos. Santiago es una ciudad latinoamericana que tiene todos los defectos y virtudes de una ciudad latinoamericana y, dentro de ese esquema, uno la puede juzgar. Si yo la comparo con París o con Roma o Nueva York, siempre me voy a estar sintiendo en una porquería. Si la comparo todo el tiempo con Asunción y Guayaquil, la voy a encontrar increíble.

El ARTE DE SER ARQUITECTOS

Los arquitectos son necesarios, pero cuesta entender dónde está la necesidad. Ellos entregan mejor calidad de vida, pero no se hacen cargo de comunicarlo, se ponen a una distancia enorme de la comprensión de la gente…

La discusión en muchas materias artísticas ha sido un poco enturbiada por cierto lenguaje universitario neoestructuralista francés, complejizador de lo simple, que tenía sentido cuando gente raramente interesante lo resolvía, como la Bauhaus, como Le Corbusier. Pero que en boca de otras personas, mal usado y transformado en algo rígido y sin discusión, se transforma en algo muy esterilizado, que es el caso de las artes plásticas y de todo el arte conceptual. La neovanguardia está basada en una idea de la vanguardia como algo académico que tienes que cumplir, como una especie de asignatura a aprobar, la asignatura de la contracultura. Te sacas un siete si eres provocador. Si la provocación fue antiacadémica, no tiene ni un sentido que la universidad sea la propagadora de esas ideas. La universidad tiene que enseñar el saber clásico, la historia y dejar a los alumnos la libertad para poder romper con ella, pero no obligarles a romper sin que jamás sepan de dónde vienen.

¿Consideras que la arquitectura es un arte?

Por supuesto. Hay que considerar que la medicina también es un arte y la ingeniería también. No hay algo que no sea arte.

¿Pero no es peligroso que los arquitectos se crean artistas?

Pero, ¿cuál no se cree artista? Miguel �ngel hizo el Vaticano, que es una monstruosidad bastante enorme. Pero, bueno, se creen artistas.

Se preocupan más de entregarse luces a sí mismos que de entregarle luces a las ciudades…

Claro, porque son artistas y los artistas muchas veces hacen eso, pero los buenos artistas hacen las dos cosas. La mayoría de los arquitectos son seres insoportables, lo que pasa es que cuando el tipo es insoportable y hace cosas bonitas, y bien hechas, uno lo aguanta, sin embargo cuando es insoportable y hace puras huevadas, como pasa muchas veces, es lo peor.
Que sean insoportables es algo que lo doy por descontado.

En tu libro dices que Borja Huidobro hizo dos edificios, sin embargo se le respeta porque es Borja Huidobro.
Está bien, igual hizo dos cosas buenas. Basta.

ARQUITECTURA PUERTAS ADENTRO

Es difícil encontrar esas cosas bonitas. Nos gusta ser muy exuberantes con nuestra arquitectura. La escondemos.

En España tú conoces gente en los bares, pero nunca conoces sus casas. Una cosa por otra, quizás puedes conocer mucha más gente y tener amistades superficiales. En cambio, en Chile no hay nada más interesante que adentrarte en una casa o departamento, porque la arquitectura bonita está hecha así, hacia el interior, en el patio, en la casa que tiene una fachada horrorosa, aunque por dentro es increíble.

O sea, igual tiene sus ventajas vivir en Santiago…

Sí, por ejemplo aquí es mucho más fácil vivir el pulso de las diferentes clases sociales. Para un tipo de clase alta, es fácil ir al Parque Forestal un domingo y codearse con otras clases. Lo pueden cogotear, pero todavía puede ir a barrios populares y no pasa nada. Eso es algo que en Ciudad de México no pasa. Allá es bien difícil salir de tu reducto e ir a otros barrios. Aquí todavía puedes ir a comer a una picada en Franklin. Todavía existe esta cultura que yo creo se va a perder. Me decía un amigo argentino que para ellos venir a Santiago es como ir a Sudamérica y saborear Sudamérica sin los peligros. Para un europeo o un argentino, venir a Santiago es como venir a Sudamérica pero civilizado.

Vivimos un sueño.

Claro. El otro día veía la portada de una revista que decía “La violencia llega a Chile”. ¿Consideran que en Chile no hubo violencia en estos últimos 200 años? Esta ciudad ha sido siempre muy violenta, siempre ha habido mucho robo y mucho cogotero, exportamos lanzas al mundo, cómo no vamos a tener si la fábrica está aquí. Siempre ha habido noticias policiales, o sea, la literatura chilena es 100% cogoteos, pobres, prostíbulos, casas de remolienda, asesinatos, engendros… Todavía la delincuencia es bastante inofensiva. Aún no es una cultura del secuestro. Los propios delincuentes son portalianos, respetan a la ley, no sobornan a los carabineros, no corrompen.

Y los carabineros todavía no se dejan corromper.

Es que, en general, son de la misma clase que los delincuentes. Es inevitable cierto grado de delincuencia, lo importante es que no corrompa a las bases de la sociedad… La religión católica, el mito portaliano, el mito republicano, han aportado una cierta cuota de piedad en todo este cuento… Ahora nadie haría una película como “El Chacal de Nahueltoro”. O sea, si el tipo mató a su familia, que lo maten.

¿Esto es exclusivo de Santiago?

A mí, Valparaíso me parece una ciudad 100% chilena, pero es una ciudad más desnuda, con una delincuencia bien menor, poco peligrosa, de borrachos, de robos absurdos, de suicidios y eso es algo aceptado.

CRISTÓBAL DUMAY Y FEDERICO WILLOUGHBY / EQUIPO CA     FOTO: �LVARO DE LA FUENTE

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