Discursos y realidades en la arquitectura pública

critica arquitectura

Al momento de analizar esta obra, ciertamente es imprescindible insertar la declaración de intenciones de sus autores, la realidad de lo construido y las circunstancias materiales de su realización en el contexto de lo que entenderemos aquí como arquitectura pública, vale decir, aquella obra producida y mantenida por el Estado para el cumplimiento de alguna de sus funciones propias o bien destinada al uso público sin restricciones por parte de toda la ciudadanía.

Los arquitectos señalan el rol del edificio como un hito que logre dar identidad al Parque Metropolitano Sur. En esa búsqueda, plantean como referencia identitaria y representativa las ruinas del Pucará de Chena. La propuesta arquitectónica se caracteriza fundamentalmente por un rigor formal a toda prueba. La referencia a la “condición matérica” del Pucará de Chena, es transformada a través de una lectura que pone en juego ciertos elementos del debate contemporáneo, por ejemplo la concepción del cuerpo arquitectónico como un contenedor neutro que a través de su consistencia formal ascética -minimalista o retromoderna- se relaciona con la ciudad de los flujos, lo cambiante, lo flexible, lo hiperconectado y desterritorializado, o bien la idea de una arquitectura “sin peso”, donde precisamente la condición material no supone una limitante para la configuración de nuevas estructuras.

En este caso, se propone un edificio compuesto por ligeros gaviones de piedra y paneles acristalados que producen un efecto de desmaterialización, acentuado por la existencia de un mirador elevado con un importante voladizo, que pone en cuestión la percepción acostumbrada respecto de ciertos elementos tipológicos y de lenguaje en la arquitectura, configurando un volumen provisto de una voluntad de uniformidad total en la definición de sus fachadas (incluyendo la cubierta y el cielo del espacio cubierto por el mirador en voladizo).

Es justamente este rigor formal extremo lo que genera la existencia de ciertos aspectos cuestionables de la obra: la posibilidad de habitar el espacio concebido por los arquitectos, se ve opacada por la escasa consistencia de la configuración formal del volumen respecto de condicionantes técnicas, como la aislación térmica de los recintos “interiores”, la necesidad de protegerse de la lluvia, la estabilidad de la estructura frente a requerimientos de uso propios de un edificio público, la propia “condición matérica” o definición constructiva de los gaviones; punto aparte para las lógicas de desarrollo de parques públicos, que en este caso -ya sea por la dinámica de ejecución de recursos fiscales o por la potencia mediática de la arquitectura como realización concreta- suponen una situación de escaso desarrollo del plan maestro del parque, donde la obra arquitectónica no encuentra elementos de arquitectura del paisaje con los cuales dialogar, sumado al hecho de la inexistencia de recursos mínimos de gestión que hacen que esta infraestructura pública quede expuesta al vandalismo y a un virtual abandono.

Pese a las críticas, se trata de una obra de interés, que aporta a una condición inaugural de espacio público, mediante una incorporación de nuevos elementos al imaginario ciudadano respecto de la forma y uso de este tipo de infraestructura y, en ese sentido, es destacable la inclusión de arquitectos jóvenes en el diseño de nuevos espacios públicos. Sin embargo -y este es un debate que debe abrirse- es indispensable que el rigor empleado en la concepción de la forma arquitectónica, se traslade de igual modo a la definición de aquellos elementos que hacen viable la existencia de una arquitectura pública y que, en último término, evidencian el compromiso de nuestra disciplina con la esfera de lo colectivo.

Daniel Opazo / Arquitecto.

1.164 secs con 60 database queries