Discurso Inaugural: La meta es la felicidad de los ciudadanos
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La erupción del volcán Vesubio, el año 79 DC, dejó a las ciudades de Pompeya y Herculano sepultadas bajo cenizas, piedras y lava. Involuntariamente, se generó así uno de los registros históricos más valiosos que tenemos de la Antigüedad. Las ruinas de esas ciudades conservan información fidedigna sobre la vida cotidiana y las relaciones sociales de aquella época. Si actualmente llegara alguien de otro planeta a visitarnos, no necesitaría conocer el idioma para entender la idiosincrasia y las relaciones que se dan en la sociedad chilena. Al igual que los arqueólogos de Pompeya, le bastaría con observar las estructuras urbanas para descubrir las virtudes y los problemas de nuestra sociedad. Las ciudades chilenas dan cuenta del fraccionamiento y las grandes diferencias sociales. De igual modo, reflejan, entre muchas otras cosas, la mala calidad de la educación, las falencias del sistema previsional, la vulnerabilidad del suministro energético, el miedo a los demás y la falta de perspectivas para los jóvenes. Las ciudades son la materialización de nuestros pensamientos y acciones, por lo tanto el sujeto tangible de la política tal y como lo entendían hace más de 2.500 años los antiguos griegos.

No es una simple moda la gran preocupación que existe actualmente en el mundo por las ciudades. En la medida que se fueron superando los discursos ideológicos del Racionalismo Ilustrado, se volvió a la “polis” como fuente de la política. Hoy en día prácticamente todos los países con perspectivas de desarrollo centran sus voluntades en el uso apropiado del territorio y el mejoramiento de los centros urbanos. Porque si bien la ciudad es el reflejo de lo que somos, también representa la gran esperanza de lo que podemos llegar a ser. En Chile, a pesar de tener un Gobierno Ciudadano, el discurso público en torno a la ciudad ha sido más bien tímido e indirecto. En este sentido, el Bicentenario de la República es lo que más suena. Sin embargo, estamos a tan solo tres años del 2010, y poco se sabe de lo que se espera y se desea de allí en adelante. La consolidación de la República tomó más de veinte años. Nuestros planes para las ciudades del Bicentenario deberían proyectarse, al menos, hasta el 2030.

En este sentido, creemos que la autoridad debe proponer a la ciudadanía proyectos de ciudad. Sumar todos los esfuerzos públicos y privados, motivar y organizar a los ciudadanos en torno a una idea de ciudad. Qué se quiere para ella, cómo la entendemos en función del territorio y sus potencialidades, considerando las aspiraciones de los ciudadanos. Para esto debieran darse ciertas condiciones:

- La autoridad debiera construir un liderazgo y para ejercerlo es necesario elaborar un proyecto fundado en emociones compartidas. En el caso de la ciudad, la emoción es el interés, el deseo de vivir en comunidad y la necesidad de compartir. La tarea es despertar esa emoción con un proyecto de ciudad común.

- Reconocer que el primer capital de Chile es la gente, el segundo es el territorio y el tercero es lo construido.

- La planificación y las acciones sobre la ciudad no pueden seguir derivándose como reacción a las crisis, pasando por alto la participación y deseos de la ciudadanía.

- Sentar las bases de una verdadera participación ciudadana como medio de legitimación de las decisiones que afectan a la ciudad. No se puede pasar por alto que el objetivo final de todas las acciones sobre la ciudad son para quienes las habitan.

- Nuestras ciudades y territorio requieren de sistemas de gestión modernos y eficientes. Entender las ciudades como sistemas vivos e integrados en que los planes no pueden ser estáticos y solo regulatorios. Deben ser capaces de anticiparse a los fenómenos, y de generar y favorecer acciones que permitan el desarrollo armónico de nuestras ciudades.

- La planificación no debiera abarcar la totalidad de la ciudad, no puede pretender regular todos los rincones de la ciudad, debe centrarse en los grandes temas y en propuestas generatrices que despierten las fuerzas del desarrollo, y dejar lugar para las propuestas de otros.

- La ciudad del futuro se construye sobre la base del patrimonio y el espacio público, que imbrica, conecta, relaciona y vincula los lugares donde vivimos y trabajamos, en que:

  • El rescate, preservación y respeto por el patrimonio es reservorio y base de cultura, carácter, identidad de ciudad y, por lo tanto, de diferenciación.
  • La recuperación del espacio público es esencia de la existencia de una ciudad. Sin espacio público no hay ciudad, vida ciudadana, cultura ni patrimonio humano.
  • Aceptar que el espacio público, siendo el espacio de la libertad y también de la comunidad, cultura, socialización y humanidad, no puede ser solo responsabilidad de la autoridad.
  • Enfrentar la revitalización de los centros de las ciudades como base de la identidad, polo de desarrollo y lugar de generación de ciudadanía.

- El tema de la ciudad tiene que ver con un tema de calidad. Se debe mejorar la ciudad a través de sus elementos notables y con acciones detrás de la idea objetivo, con buenos proyectos, concursos públicos, buena gestión, buenos líderes públicos, buenas ideas, abiertos a la participación, respeto a la ciudadanía, capacidad de entusiasmar en torno a proyectos comunes y una autoridad con decisión de hacer gestión pública.

- El fortalecimiento de los municipios es esencial para la calidad de las ciudades y la vida urbana del futuro.

- Privilegiar el espacio público: intervención y manejo con paisajistas urbanos (arquitectos y diseñadores urbanos).

- Asumir que el gran problema de una gestión urbana eficaz es la coordinación. No hay coordinación sin voluntades. En un escenario en que por sobre los planes de ordenamiento, se superponen atribuciones de otros organismos sin exigencias de coordinación y coherencia.

Otro aspecto importante y que debiera ser parte de nuestro debate es que la era del conocimiento está entre nosotros, la globalización es solo uno de sus efectos. El principal y más relevante es que cada acto, situación, evento y circunstancia deja de ser historia y pasa a ser parte del conocimiento a través de los medios y la comunicación vía internet.

Solo imaginar la revolución que ha significado la comunicación directa con los hechos: es posible hacer algo. El caso de los cisnes del río Cruces en Valdivia es emblemático: ante los primeros efectos y en tiempo brevísimo, una comunidad informada toma conciencia gracias al efecto de los medios, se organiza y actúa. Cuándo en la historia de Chile un grupo de personas comunes y corrientes motivado por un ideal casi intangible, el respeto a la naturaleza, era capaz de enfrentar con éxito al poder político y económico.

Temas de interés ciudadano, como salud, educación y justicia terminan en las tres más grandes reformas estructurales que emprende el Estado en muchos años. ¿Y qué pasa con las ciudades? A quién le interesan o, mejor dicho, quién está suficientemente informado como para entender los fenómenos de la ciudad y por qué ocurren.

Hoy las ciudades no están en la agenda política, no hay candidatos que hablen de ella. Es más, el concepto de ciudad no está en la Constitución y ni siquiera existe como entidad político-administrativa en nuestro ordenamiento jurídico.

Nuestra tarea, por ende, es poner en el interés público los problemas de ciudad, vivienda social, marginalidad, desarraigo, abandono del espacio público, ruptura del tejido urbano, y derroche energético producto de la mala calidad de la planificación y construcción de las ciudades.

De esta XV Bienal esperamos obtener ideas y motivaciones para perfilar un modelo de ciudad apropiado a nuestra realidad. Los invitados extranjeros nos ayudarán en esta tarea, presentándonos casos exitosos que demuestran que sí se puede obtener buenos resultados existiendo voluntad y entusiasmo. Sin embargo, esto no nos debe liberar de la obligación de pensar soluciones específicas para nuestro país. ¿Cómo vivimos? ¿Cómo nos gustaría vivir? Son preguntas que debemos plantearnos inevitablemente si queremos superar la angustia y el malestar que agobia a muchos compatriotas. Chile es un territorio con una arquitectura natural extraordinaria, que sus antiguos habitantes supieron cuidar y respetar. ¿Qué podemos aprender de ellos? ¿Cómo recuperamos la armonía entre las ciudades y el medio natural? Nuestros esfuerzos deben enfocarse a empatizar con las motivaciones ciudadanas. El objetivo de los arquitectos y de todos los responsables del ordenamiento territorial debe ir más allá de planes y construcciones, poniéndonos como meta la felicidad de los ciudadanos.

JUAN SABBAGH / ARQUITECTO

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