
Concluida la Bienal y luego de apreciar una vez más el tremendo esfuerzo que realiza el Colegio de Arquitectos de Chile cada dos años, siento una inmensa gratitud por lo que esta experiencia ha significado para todos los que estuvimos allÃ. Como organizadores, nos movÃan, ante todo, el deseo y la posibilidad de servir. Servir a nuestros colegas y a los miles de estudiantes que nos acompañaron devotamente durante cada una de las jornadas. Servir a la sociedad, que ha depositado en los arquitectos las altas responsabilidades de diseñar y organizar su espacio vital. Y, a fin de cuentas, servir contribuyendo a dignificar nuestra profesión.
Detrás de esta empresa hubo un equipo que, por más de un año, trabajó de muy diversas maneras para hacer posible esta XV Bienal. La lista de generosos colaboradores es muy larga. Por ello quisiera, si me permiten, reunir mi especial gratitud a todo el equipo en las personas de Mariana Ballacey, Beatriz Santis y Katia Jadue.
Como todo emprendimiento humano, esta Bienal tuvo luces y sombras; pero hoy, al final de esos dÃas intensos, podemos afirmar que la jornada fue luminosa. Ya vendrá el tiempo, más decantado, que nos permita evaluar objetiva y desapasionadamente lo realizado, y proponer estrategias de superación para quienes tengan, en el futuro próximo, la responsabilidad de organizar la XVI Bienal de Arquitectura.
Esta vez, la Bienal fue acogida por una nueva casa, en pleno corazón de la ciudad, en un espacio inmediato al Palacio de Gobierno. El Centro Cultural Palacio de La Moneda fue la sede que nos permitió este renovado impulso, al tiempo que la significación cÃvica del lugar daba cuenta de la trascendencia y el prestigio de la Bienal de Arquitectura en el contexto cultural del paÃs.
Cuando nos reunimos por primera vez, junto a un grupo de arquitectos, para definir cuáles serÃan las ideas-fuerza de esta Bienal, rápidamente estuvimos de acuerdo en la necesidad de poner sobre el tapete una sÃntesis de las tareas pendientes que hoy afectan a nuestras ciudades. Asà surgieron los conceptos de humanidad, calidad e integración. Humanidad, como un reclamo ante un modelo de desarrollo mercantilista que desconoce al hombre como sujeto de la ciudad y que lo entiende como un consumidor, más que como un ciudadano que se relaciona social y afectivamente. Calidad, como un imperativo de hoy, luego de tantos años en que la cantidad ha sido el paradigma de las soluciones habitacionales. Ahora tenemos los medios para sumarle calidad a esa cantidad. Pero hoy por hoy, la Integración es la principal tarea frente a una ciudad tan segmentada socialmente como Santiago. Se hace urgente reconstruir los lazos sociales y las confianzas mutuas entre los distintos sectores o componentes de la sociedad. No puede existir, ya iniciado el siglo XXI, una ciudad exclusiva y otra excluida.
Consecuentes con estos principios, como preámbulo de la XV Bienal de Arquitectura tuvimos el seminario “100 años de vivienda social en Chile”, organizado conjuntamente por la Universidad Católica de Chile, la Universidad Andrés Bello de Chile y la Universidad Central de Caracas, Venezuela. Al éxito y la trascendencia de este seminario, habrÃa que agregar el foro sobre Vivienda Social que se desarrolló en un marco de público inédito en este tipo de eventos, lo que daba cuenta del interés que suscitaba. Además, se lanzó el “Concurso de vivienda social”, que apunta justamente en la dirección de crear una respuesta a aquello que definÃamos como las tareas pendientes.
Pero una de nuestras mayores satisfacciones es que, en esta XV Bienal, se haya premiado a un Conjunto de Vivienda Sociales: “Quinta Monroy”, la erradicación de un campamento en el centro de la ciudad de Iquique, proyecto liderado por Alejandro Aravena, ha obtenido el “Premio XV Bienal de Arquitectura”, hecho inédito en la historia de las Bienales de Arquitectura.
También debo expresar mi satisfacción por los otros premios concedidos: una obra pública como la nueva Biblioteca de Santiago, de los arquitectos Cox, Ugarte y Córdova, que además de sus méritos arquitectónicos, desde que fuera inaugurada se ha constituido en un polo cultural y de encuentro donde se integra toda la sociedad.
El respeto y la preocupación por el patrimonio reconoce en la nueva Cripta de la Catedral de Santiago, obra de los arquitectos Pérez de Arce, Mardones y Bianchi, una operación sensible que reúne, en una hermosa sÃntesis, los valores de la tradición y la modernidad.
Por último, hacemos un especial reconocimiento a los arquitectos jóvenes, encarnados esta vez en las personas de Mauricio Pezo y SofÃa Von Ellrichshausen, cuya obra que hoy premiamos nos resulta sorprendente por la sensibilidad, modestia y, a la vez, grandeza que muestra simultáneamente, por su materialidad elemental y por su diálogo con la geografÃa.
Para los organizadores de esta Bienal ha sido una preocupación principal atender a los trabajos de los arquitectos más jóvenes. De allà surgió la sección “Arquitectura Emergente”, que reunió en una serie de conferencias a un grupo de arquitectos menores de 35 años, quienes mostraron sus obras, sus trabajos teóricos y sus inquietudes. Muchos eran ya conocidos, pero también para muchos esta fue la primera oportunidad de exponer sus realizaciones. Lo más interesante fue observar allà la reunión de intereses muy diversos, que nos permitió ampliar significativamente el marco de referencia de la joven arquitectura chilena. La respuesta a esta iniciativa fue extraordinaria, y habrá que ver luego cómo la potenciamos y mantenemos vigente, y no solo en el marco de las Bienales.
La muestra de Arquitectura Nacional, uno de los ejes tradicionales de este evento, contó este año con 30 obras de extraordinaria calidad. Todas ellas eran representativas de distintos programas y zonas geográficas del paÃs, y su selección contó, además del jurado nacional, con la colaboración del arquitecto y crÃtico español Luis Fernández Galiano. En este contexto y por primera vez, se expuso en amplias pantallas la totalidad de las obras presentadas a la selección de la Muestra. En total, fueron más de 330 obras. Esta exposición estuvo complementada con la muestra del premio nacional Germán del Sol.
Las universidades han tenido desde siempre una importante presencia en esta fiesta. Ahora, reunidas en torno a temas concretos referidos a la ciudad, 22 universidades coparon el hall central del Centro Cultural. Consecuentemente, los estudiantes fueron los grandes animadores de las memorables jornadas del encuentro internacional.
Cómo no sentir una profunda satisfacción por el hecho de que, en el marco de la Bienal de Arquitectura, arquitectos y, especialmente, estudiantes tengan el privilegio único de compartir directamente la experiencia de maestros como Jürgen Mayer, Peter Wilson y Julia Bolles, Momoyo Kaijima, Luis Mansilla, Iñaki �balos, Eduardo Arroyo, Luis Fernández Galiano y Rafael Moneo.
En el tiempo permanecerá el recuerdo de la jornada final de este encuentro, donde más de mil personas acompañaron a Luis Fernández Galiano, quien analizó, desde su particular y asertivo punto de vista, el estado del arte en la arquitectura contemporánea, mientras el maestro Rafael Moneo mostraba su condición de arquitecto en el más estricto y profundo sentido del término.
Fueron dÃas memorables. Hoy, al finalizar la XV Bienal, puedo decir que durante estas dos semanas nos visitaron más de 47.000 personas, cifra que demuestra el gran interés generado por este evento, que se ha extendido más allá del ámbito natural de los arquitectos y estudiantes de arquitectura. Por cierto, este éxito implica una gran responsabilidad y debemos estar conscientes de ella.
En contraste, no deja de ser preocupante la ausencia de arquitectos en estas conferencias. Más aún, resulta sorprendente que quienes han planteado las mayores crÃticas al desarrollo de esta Bienal, no hayan asistido nunca a estos encuentros, ni tampoco a los de Generación Emergente. En general y salvo honrosas excepciones, los arquitectos de mayor trayectoria se marginaron de estas extraordinarias posibilidades de conocer la experiencia de algunos de los principales protagonistas de la escena arquitectónica mundial. Además de desconcertante, me parece muy preocupante tanto desinterés.
Si bien “Chile, Patrimonio de la Humanidad” fue una muestra modesta por sus recursos y la disponibilidad de espacio, surge como una posibilidad de gran riqueza potencial. La entusiasta respuesta del público no experto nos alienta a pensar en nuevas formas, cada vez más amplias, de mostrar nuestras riquezas geográficas y arquitectónicas.
Un capÃtulo aparte merece la muestra de patrimonio de Chiloé, que tuvo lugar en el Patio de los Naranjos del Palacio de La Moneda, donde además de mostrar las iglesias patrimoniales, se alternaban fotos y maquetas con obras contemporáneas de reconocida calidad, señalando con ello la responsabilidad de construir y preservar el patrimonio dÃa a dÃa. El interés genuino de la gente por esta exposición nos dice que es necesario complementar, en el futuro, el resto de las exposiciones con medios que hagan su lectura más fácil y atractiva para el público común.
La exposición sobre arquitectura pública merece también una especial atención, porque allà quedó claro que los Concursos Públicos de Arquitectura son un motor incuestionable para promover un incremento constante en la calidad de nuestra arquitectura. Por ello, debemos buscar un encuentro permanente con la autoridad, para que las obras públicas sean materia de concurso y asà sea posible abrir una posibilidad de desarrollo profesional a los arquitectos más jóvenes.
Por primera vez una atractiva página web nos permitió ofrecer una información expedita, completa y oportuna del desarrollo de la Bienal, y con varios meses de anticipación. Las más de 2.000 visitas diarias hicieron posible realizar en red foros de gran dinamismo e interés. Pero lo más notable, quizás, fue que la red permitió que llegaran hasta aquà delegaciones de arquitectos y estudiantes de Brasil, Bolivia, Argentina y Venezuela. Todo esto confirma el prestigio de la Bienal de Arquitectura chilena, prestigio que hoy traspasa nuestras fronteras.