
Teniendo en cuenta el impacto que tienen las edificaciones en nuestras vidas (pasamos casi el 80% del tiempo dentro de edificios), resulta de suma importancia preocuparse por los materiales de la construcción con que estamos más en contacto, en particular aquellos de las terminaciones, y por el efecto que ellos pueden tener sobre nuestro organismo. Es decir, si son saludables o no.
Desde que comenzó a estudiarse el Síndrome del Edificio Enfermo, se ha demostrado el efecto de ciertos componentes sobre la salud de sus habitantes. Por ejemplo, los compuestos orgánicos volátiles (COV) como el folmaldehido, presente en los tableros aglomerados de muebles y revestimientos, polvo, fibras y ácaros en alfombras y textiles, asbesto y fibra de vidrio en suspensión, hongos en baños o ambientes húmedos, etc.
Por otro lado, existe un aspecto de cómo, con qué y dónde fue fabricado un material, lo que también tiene un impacto sobre nuestras ciudades.
Al estudiar el ciclo de vida del edificio, podemos poner en perspectiva desde el origen hasta la muerte de un material. Entender aspectos de cuánta energía se utilizó en su fabricación (energía embebida), cuánta agua se gastó, cuánto se contaminó, cuánta energía se gastó para llevarlo hasta la obra (energía gris) y cuánta se gastó en edificar (energía inducida). Por último, podemos saber su potencial reciclable.
Ante esta nueva variable, la industria de la construcción ha visto cómo han aparecido nuevos materiales y se han mejorado otros, tanto en su fase de producción como en su calidad ambiental.
Se ha creado un mercado de materiales “verdes”, el cual va en aumento debido a la preocupación ambiental de los usuarios de los edificios.
¿Cómo decidir frente a la especificación de los materiales?
Para esta tarea, existen ayudas tales como La Guía Verde de la Especificación, editada por el British Research Establishment (BRE), que está diseñada para una simple identificación de los materiales y componentes.
El análisis es respecto de 1 m2 de un elemento y asume una vida del edificio de 60 años.
Los elementos componentes del edificio son paredes exteriores, techumbre, paredes internas, ventanas, puertas, aislación térmica, superficies de piso, terminaciones de pisos, pinturas y terminaciones de cielo.
A cada sistema constructivo se le evalúa y da puntaje según el siguiente criterio:
De esa manera, se llega a un ranking de tres letras, donde se compara entre elementos del mismo tipo (por ejemplo, muros de albañilería con muros de hormigón armado) y se le califica A si es la más sustentable o C si es la menos.
En Chile ya se están certificando edificios bajo estándares de sustentabilidad que dan puntaje si los materiales cuentan con característica de calidad ambiental.
A continuación, presentamos algunos materiales de terminaciones y artefactos que incorporan aspectos de sustentabilidad:
A.- REVESTIMIENTOS
Maderas
Dentro de las maderas, un aspecto primordial es su clasificación de procedencia, es decir de bosque nativo o de bosque cultivado. Esta clasificación define si la madera es un material renovable o no y para ello existe una certificación mundial llamada Forest Stewardship Council (FSC) que asegura que la madera proviene de un bosque manejado responsablemente. Nuestro país posee bosques certificados por la FSC y el PEFC (Programme for Endorsement of Forest Certification Schemes).
La madera es sin duda un material natural, sin embargo los productos que se le agregan para conservarla y mejorarla no lo son tanto. Así por ejemplo, preservativos como la creosota, arsénico o dieldrín-tributil-tin-óxido, son altamente nocivos para la salud y se emanan como gas al aire que respiramos.
Otras maderas
Acá encontramos revestimientos de fibras como la de coco y la de bambú que, aglomeradas con productos naturales, se usan como revestimientos de pisos y muros. Tanto el bambú como el coco son fibras de producción renovable, al igual que el corcho.
Este último, traído a chile por la empresa Amorim, presenta una gran ventaja como revestimiento de pisos y muros respecto de las maderas duras, principalmente por que no se raya y, si se deforma, vuelve a recuperarse, pues se puede comprimir hasta un 40% de su volumen y volver a la forma original. El corcho es un producto renovable, ya que se extrae de la corteza del alcornoque, que se recolecta cada 9 años en una operación manual que no solo deja intacto al árbol y su entorno natural, sino que incluso prolonga su vida útil más allá de los 220 años.
Las propiedades físicas y químicas del corcho protegen de la suciedad. Al no producir carga estática, impide la acumulación de polvo y, por lo tanto, de gérmenes, ácaros y hongos, convirtiéndose en el revestimiento ideal para personas sensibles a alergias o infecciones, para niños y enfermos.
Piedras
Los revestimientos duros de origen natural son preferibles a los fabricados artificialmente. Por eso, los granitos, mármoles, piedras pizarra y piedras en general, son preferibles como revestimientos respecto de aquellos cocidos en horno, vítreos y porcelanatos. Esto debido a la energía que se requiere para su fabricación y la contaminación que produce su cocción.
Textiles
Los revestimientos textiles con nylon, poliéster, polipropileno y acrílico ocupan gran cantidad de energía en su fabricación, contribuyen al calentamiento global y, además, son tóxicos cuando se queman. A esto hay que agregar que los textiles son el hogar de los ácaros.
Por esa razón es que son preferibles las alfombras y textiles de fibras de origen natural, como la lana, que no produce estática ni irrita la piel; fibras vegetales como el sisal, que se cultiva en forma comercial; la fibra de coco, que es un material de residuos de la cáscara.
Pinturas y barnices
Los edificios son generalmente revestidos en un 90% de su superficie interior con pintura. Es por ello que se debe prestar especial atención al origen de estos productos.
Las pinturas de origen sintético y con solventes volátiles son altamente tóxicas y afectan la salud como COV. En su fabricación se emplea gran cantidad de energía, degradan el medio ambiente ya que contribuyen a la lluvia ácida al contener componentes de origen petroquímico. Sin embargo, esto ha ido cambiando en forma gradual y, por ejemplo, ya casi no se encuentran pinturas con plomo.
Las pinturas de origen natural son generalmente disueltas en agua o a base de aceite de linaza (que proviene de un origen renovable), no contienen componentes tóxicos y, por lo tanto, no emiten gases.
Actualmente, existen pinturas de la empresa Sherwin Williams con componentes naturales que repelen insectos como la araña de rincón.
Respectos de los barnices para maderas, los más recomendados son los de origen vegetal. Las plantas y árboles producen aceites para protegerse del medio ambiente y de los insectos, por lo tanto al incorporarse como barnices le devuelven a la madera su cualidad natural.
B.- ARTEFACTOS.
Junto con el mobiliario que puede contener químicos que emanen gases al aire, es necesario mencionar otro tipo de artefactos que usamos diariamente y que pueden ser más sostenibles si ponemos cuidado al elegirlos.
Iluminación
Ya estamos acostumbrados a las lámparas de alta eficiencia que ahorran gran cantidad de electricidad. Sin embargo, existe una preocupación por los materiales empleados en su fabricación, sobre todo cuando las lámparas cumplen su vida útil, se van a la basura y contribuyen a la contaminación.
Para ello, Philips ha desarrollado lámparas de reducido contenido en mercurio, que no afecta el rendimiento del flujo luminoso. Esta reducción tiene un impacto positivo en el medio ambiente, ya que este metal es uno de los más contaminantes, debido a que lo absorben animales y plantas que consumimos luego en nuestra mesa.
Sanitarios
Los sanitarios nos acompañan en nuestra intimidad diaria es por eso que ponemos especial cuidado para mantener la higiene. Sin embargo, también hay que poner atención en su fabricación (qué tan sostenible es) y el consumo de agua (los inodoros consumen el 60% o más del agua de una vivienda).
En Chile, la empresa Fanaloza fabrica todas sus líneas sanitarias con la norma NCH 407, la cual regula la fabricación, uso y ahorro de agua, en beneficio directo con el cuidado del medio ambiente.
Las materias primas usadas en la fabricación de la losa sanitaria, son naturales no contaminantes. En cuanto a los mecanismos de estanque, están fabricados con poli acetal, que es un polímero que no sufre alteración con las impurezas químicas, calcáreas y salinidades presentes en el agua potable de muchas regiones de nuestro país.
Sus sistemas de descarga en los sanitarios son entre 6 y 7 litros, cumpliendo la normativa vigente NCH 407. A eso se agrega en algunas líneas el sistema Dual Flush, el cual optimiza aún más el ahorro de agua con descarga diferenciada de sólidos y líquidos, con 4 y 7 litros respectivamente. De esa manera, se logra un promedio de 46 % de economía en consumo de agua solo por un buen uso de este sistema.
PABLO SILLS / ARQUITECTO