Verónica Serrano y la Bienal: “La Dirección de Arquitectura no tuvo un espacio a la altura de lo que hace”

Hace tan solo unos meses, Verónica Serrano era seremi de Vivienda de la Región Metropolitana. Continuando por la senda del servicio público, desde marzo esta arquitecta se desempeña como directora de la Dirección de Arquitectura (DA) del Ministerio de Obras Públicas, la institución que se ha encargado de dar forma a estadios, hospitales, cárceles y cuanto proyecto que esté ligado a la edificación pública.
Y se trata de un cargo de gran importancia y bastante historia, porque la DA nació hace 130 años. Incluso, antes que existieran el MOP y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo. Apareció en un momento en que el desarrollo de la edificación pública tenía como encargo fundamental aminorar el fuerte déficit en infraestructura que aquejaba al país. En ese entonces el menú de problemas era inmenso, desde los más esenciales -como la falta de alcantarillados que provocaban una alta mortandad infantil- hasta aquellos ligados con el desarrollo de la industria -como la necesidad de construir puertos y líneas ferroviarias para permitir el crecimiento del negocio de salitre y carbón-. Y los proyectos de la DA siempre fueron consecuencia de las políticas que implementaba el gobierno.
Pero Verónica Serrano, instalada en su despacho en el edificio del MOP, explica que ese peso de la DA no se vio reflejado en la XV Bienal de Arquitectura, donde la DA participó con una exposición de obras públicas. “A mi juicio, fue una lástima la ubicación física donde estuvo montada nuestra exposición. Incluso, había que descubrirla. Mi apuesta hubiera sido que los estudiantes ocuparan ese lugar y nosotros el de ellos. Además, me pareció increíble que no estuviéramos de manera formal en la inauguración, porque obviamente yo estaba con el resto del público. No lo digo por un tema de protagonismo, sino por las señales que uno entrega. Mal que mal, estos encuentros marcan pauta. Tampoco estuvimos en un panel de discusión, ni en el cierre. Nuestro único apoyo real fue hacer la curatoría de la muestra y el soporte de la edificación. Considero que no es poco, pero pudo ser más, mucho más”, señala.
Y añade que “el tema fue no haber conversado previamente con el Colegio respecto de un rol más activo de la DA en la Bienal, sobre todo considerando que es el espacio indicado y nosotros no estuvimos tanto como debimos. En ningún momento pudimos dar nuestra opinión como DA. No entramos al debate. Hago un mea culpa, porque yo no lo exigí, solo colaboré en lo que me pidieron. Por eso, lo conversé posteriormente con Juan Sabbagh y Cristián Undurraga, y les dije que cómo es posible que la DA no tenga un espacio a la altura de lo que hace”.

Generación de patrimonio

Una de las críticas que regularmente se le hace a la DA es que, a diferencia de antaño, hoy ya no se construye bajo la premisa de generar patrimonio y que se ha caído en un pragmatismo extremo, descuidando el diseño.
¿Es justificado ese comentario?
Como directora de la DA, no creo eso. Hoy nosotros estamos hablando de abrir una nueva área de trabajo y buscar una nueva manera de hacer las cosas. Evidentemente, el porcentaje de infraestructura pública actual, en comparación con la de antes, es mucho mayor. Hoy el despliegue de la edificación pública a lo largo de todo el territorio nacional es impresionante. Al pueblito que uno va se encuentra con una construcción que marca la presencia del Estado. Estamos en todos lados. A mi juicio, el desafío que tenemos es cómo responder a un requerimiento en particular en el minuto preciso en que se necesita la infraestructura para implementar las políticas públicas, como ocurre, por ejemplo, con un consultorio de salud, hospitales o las mismas cárceles.
¿Sigue siendo tan importante construir bajo la moral de un patrimonio que trascienda en el tiempo?
La pregunta es cómo respondemos a las necesidades de las políticas públicas sin perjudicar el legado. La arquitectura pública no puede perder su estándar de generación de patrimonio, más aún si está instalada en las ciudades, y constituye la identidad e imagen colectiva de toda una nación. Por lo tanto, hay que responder a todas las demandas sin desmedro de la calidad. Ese es un desafío que nos planteamos antes de empezar.

Ante todo, calidad

Cómo conseguir nuevos y mejores estándares y procedimientos para la edificación es un tema fundamental para la DA. Y eso Verónica Serrano lo tiene muy presente. Es más, asegura que este tópico es uno de los más importantes en su lista de tareas para su mandato: “Tenemos que garantizar al Estado que aquello en lo que estamos invirtiendo cumple con el propósito y los objetivos que han sido formulados. Es decir, que cumpla también con el objetivo y los propósitos de trascender o de hacer una contribución desde el punto de vista de la arquitectura y no solo resolver un tema puntual”. Y agrega que “no creo que la DA pueda realizar toda la edificación pública. Uno tiene que pensar en que junto con la descentralización del Estado pudieran haber más entes que la ejecuten. El punto está en cómo nos aseguramos que sea de calidad. Nosotros debemos convertirnos en un parámetro referencial y en una entidad que marque la pauta en ese aspecto”.
Ahora, la pregunta es ¿cómo se logra eso?
En la edificación pública la calidad debe ser óptima en cualquier estándar. Calidad es calidad siempre. Es o no es, no existe un término medio. Calidad es que cumpla en un cien por ciento lo que se propuso. En cambio, estándar es relativo. Pretendemos establecer estándares pensando en la realidad de hoy. Es una constante reflexión, no es fijar un patrón como quien hace una especificación técnica para siempre y congelada en el tiempo. Eso no es posible.
¿La DA tiene alguna responsabilidad con el patrimonio existente?
Contribuir a la valoración del patrimonio arquitectónico es otro desafío que nos planteamos. Es súper importante que la gente conozca su patrimonio y lo valore, que se invierta en él y se mantenga en el tiempo. El patrimonio entrega identidad a las comunidades. Un pueblito tiene alguna edificación particular, y resulta que toda la comunidad lo ve y lo valora. El tema no es solo valorarlo, también hay que mantenerlo y darle un nuevo uso. Es súper importante tener claro que el patrimonio no es una escenografía, sino que es una edificación que se valora en sí misma. En todo caso, no creo que tengamos la hegemonía al respecto. Cada sociedad tiene que decir qué es lo que quiere valorar y qué no. Nosotros tenemos que saber percibirlo.
¿Considera fundamental que a la hora de desarrollar un proyecto se haga un llamado a concurso?
No sé si necesariamente el camino para incorporar talento a los procesos de diseño sea a través de concursos. Lo que realmente interesa es cómo mejoramos la respuesta arquitectónica, cómo estar constantemente oxigenándola, abriéndola y llevándola al debate. Para nosotros todo eso es muy importante. Pero no creo que los concursos sean el único canal. Tan solo es un mecanismo. Desgraciadamente, he visto que hay una cierta incomprensión de parte del arquitecto. En el fondo, lo único que les interesa es tener un desafío de diseño. Pero esto no es así. Los requerimientos de la edificación pública son mucho más que eso.

Un problema de formación

¿Los arquitectos no tienen claro cómo hacer su trabajo?
Hay arquitectos que todo el tiempo están criticando que es tan complejo inscribirse en el registro de contratistas de consultores del MOP y que, además, eso hace que la gente joven no ingrese. Mi respuesta a eso es: si los arquitectos no son capaces de inscribirse, menos serán capaces de llevar un contrato. La cantidad de papeles administrativos de un contrato de diseño es altísima. Entonces, si un arquitecto, por más egresado que sea, no es capaz de juntar los papeles básicos para inscribirse en el registro, menos va a poder llevar a todos los consultores de especialidades y entregar los planos de manera conforme y coordinada. Personalmente, considero que esto es como la prueba mínima.
¿Es un problema de formación?
Sí. Hay una falta de comprensión respecto de las demandas de las políticas públicas. Con un dueño de casa, el arquitecto va, se entrevista con la familia y se adecúa a lo que ellos quieren. En el fondo, el arquitecto es el canal para hacer efectivo lo que el cliente pretende conseguir, no lo que quiere el arquitecto. Y se resuelve en un diseño donde se conjugan las valoraciones arquitectónicas, porque evidentemente también hay un aporte del arquitecto. En cambio, en la edificación pública hay una distancia mucho más grande en términos de entender el encargo, porque no tiene solo relación con superficies ni con relaciones funcionales. También tiene que ver con la transparencia del proceso, la coordinación cabal que haga eficiente la construcción y tener cautelados todos los riesgos, entre otras cosas.

CRISTÓBAL DUMAY Y PAULINA VILLALOBOS / EQUIPO CA
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