De la mediagua a la vivienda definitiva: Obra en Construcción.
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por RODRIGO TORO, FRANCISCA MUÑOZ y TRINIDAD MONTALVA / EQUIPO CA 

La tajante opinión del actual Premio Nacional de Arquitectura reactivó un polémico debate entre arquitectos y seguidores de la institución. Por un lado, Del Sol señaló que las mediaguas engendran más pobreza, pero por el otro, los de Un Techo para Chile ven en ellas la única manera de darle una solución temporal a miles de familias que viven en campamentos. Sebastián Bowen, director social de Un Techo para Chile, está al tanto de las críticas de uno de los productos más emblemáticos de ésta institución y en esta conversación defiende la postura de los voluntarios que trabajan en ella. Antes de entrar en discusión, Bowen nos señala que hay que tener en cuenta que las políticas de vivienda insisten en mirar el problema habitacional desde la perspectiva de las casas y de los que las construyen, en vez de ponerse en los zapatos de los que sufren la falta de un techo. Sabe que muchos arquitectos y diseñadores consideran una mala solución la mediagua de Un Techo para Chile, que la encuentran poco digna, precaria, fea, pero no se dan cuenta que se trata sólo de una solución temporal y no de una vivienda definitiva. “Estamos trabajando para que en un futuro no exista la necesidad de construir mediaguas o viviendas de emergencia y ofrecer una solución más real y permanente a las familias que viven en los campamentos” aclara Sebastián Bowen.
¿Cómo enfrentan las críticas de algo que los hace sentir orgullosos?
Hemos escuchado esta crítica proveniente del mundo de la arquitectura, de los diseñadores y de muchos universitarios que se quieren involucrar en nuestro programa y ante este comentario siempre respondo que hay que tener ojo con la soberbia al decir “la porquería de casa que están entregando”, porque cuando le entregas una mediagua a una familia lloran de emoción, para ellos es casi como un palacio. Cuando nos hacen esta crítica nos damos cuenta que esta gente no conoce los campamentos, que nunca ha estado del otro lado.

Otra de las críticas que se les hace es que en éstos 9 años de Un Techo para Chile la mediagua no ha experimentado ninguna mejoría.
Eso es falso, más que avances en su diseño, ha tenido importantes cambios en los materiales y en la forma de construirlas, explicó Matías Vermehren del área de construcción. Por ejemplo, hoy contamos con mediaguas que tienen muros interiores con revestimiento, construcción sobre poyos de hormigón para evitar problemas de humedad en la zona sur del país, aleros de los techos ampliados para evitar que la lluvia deteriore las paredes y un tipo especial de ventanas que permita una adecuada ventilación al interior de la vivienda. Es cierto que a simple vista conserva la forma original, pero estas pequeñas mejoras le han dado un valor agregado a esta modesta vivienda.

De la mediagua a la vivienda definitiva
La historia de Un Techo para Chile comenzó en 1997. La idea fue generada por un grupo de universitario de la Universidad Católica de Santiago con el propósito de construir en Santiago 2000 viviendas para el 2000. Se creo un verdadero movimiento universitario, y con distintos aportes, se construyeron para el jubileo 4.400 mediaguas. Estos 18 metros cuadrados construidos en madera eran la alternativa real para dar solución a un problema urgente; sacar a las familias de la indigencia.
Hoy la institución Un Techo para Chile cuenta con el trabajo constante de cerca de 40 jóvenes profesionales, que en edad promedio no superan los 26 años; quienes crean y sobre todo invierten energía en construir mucho más que mediaguas. “Hoy la esencia es la misma, terminar con la pobreza, pero las vías se han multiplicado” comenta Bowen y agrega que la mediagua es sólo la base para una transformación global y permanente, la que hoy se ataca por diferentes y nuevos frentes.

¿Después de casi diez años, cómo ha evolucionado esta nueva iniciativa?
Hoy nos encontramos en el punto intermedio a los que pretendemos llegar. Antes de entrar a construir mediaguas a un campamento nos sentamos a discutir un plan central de desarrollo, el que abarca por un lado la educación, la salud, la parte jurídica, un plan comunitario. Una vez que tenemos organizado todo el proceso de habilitación social, recién ahí entramos a construir. También desde el 2001, nos integramos más con Infocap -Instituto de Formación y Capacitación Popular- y llevamos sus cursos y talleres de oficios básicos a los campamentos.

¿Existe algún tipo de proceso para elegir los campamentos en los que trabajarán?
Hace un par de años no había ningún tipo de proceso, entrábamos al campamento que veíamos necesitado y que era posible entrar. Hoy, es distinto, ya que hemos creado un centro de investigación social, en el que trabajan estudiantes en práctica y voluntariados. En este centro se hacen estudios de las necesidades del campamento y de acuerdo a este informe se comienza con el plan de habilitación social. Pero, también nos ha pasado que ha sido imposible entrar en algunos campamentos, porque simplemente la gente no quiere colaborar y nosotros no podemos obligarlos a comprometerse. Hoy, nuestra acción es más que llegar con una batería de herramientas y manos dispuestas a construir, sino que buscamos involucrar a los pobladores en un cambio real y profundo en el tema de habilitación social. Nos dimos cuenta que la vivienda es un eje fundamental, que los hacía ser parte de una misma condición y los hacía comprometerse como parte de una comunidad. Quiero aclarar que lo que entendemos por vivienda no es sólo una casa, sino que para nosotros es un techo en donde entran también la parte social, educación, salud y organización de la comunidad.

¿De este vuelco aparece la nueva área de la vivienda definitiva?

Sí, desde el año 2004 comenzamos con el tema de la vivienda definitiva, dirigida por Mirko Salfate, como una nueva área, aunque en un principio éramos solamente una medida de presión, en un rol más fiscalizador. Ya en noviembre del 2005 trabajamos bajo el título de una Entidad de Gestión Inmobiliaria Social (EGIS), lo que también ha vuelto el proceso más complejo, porque al trabajar en conjunto con el SERVIU, implica que las construcciones se hagan en un terreno legal y que sus postulantes tengan sus papeles al día, lo que no sucedía cuando construimos mediaguas, porque muchas de ellas las hacemos en terrenos tomados ilegalmente.

El �?rea de Vivienda Definitiva de la Fundación se dedica a la gestión inmobiliaria de los proyectos habitacionales para familias de campamentos, desde donde se coordina a los distintos actores buscando el protagonismo de los beneficiarios y la sustentabilidad social, técnica y económica de los proyectos. En ese sentido, un socio fundamental ha sido ELEMENTAL, quienes han aportado de manera comprometida e innovadora con la arquitectura y diseño en general de los proyectos en desarrollo, lo cual constituye uno de los ejes fundamentales del trabajo de Un Techo para Chile.

¿Al construir mediaguas en terrenos ilegales no les ha traído más de algún problema con los dueños de los terrenos, municipalidades o empresas?

Muchos, por ejemplo en varias municipalidades tenemos rollos con que lleguemos los del Techo para Chile a construir, porque ellos quieren que esa gente se vaya, pero cuando uno ve familias de ocho personas viviendo en un espacio de 3 por 3 metros, claro que se puede decir que es ilegal, pero no injusto. Y para nosotros antes está la justicia que la legalidad.

Un Techo para mi País
Aunque las mediaguas pueden tener tantos adeptos como detractores, varios países han querido exportar y adaptar las mediaguas a sus propias necesidades. Actualmente, el programa inspirado en la experiencia chilena “Un Techo para mi País”, se desarrolla en Argentina, Uruguay, El Salvador, Colombia, Perú, Brasil, Costa Rica y México y hasta la fecha ya se han construido más de 25 mil viviendas de emergencia.

¿Cómo ha sido la experiencia de llevar el proyecto a otros países?
Es difícil mantener un proyecto común con todos estos países, porque no tenemos la presencia activa como la tenemos acá en Chile. Nuestro aporte acá es exportar la idea y de cierta manera delegamos la responsabilidad en gente capacitada y que está 100% presente en cada país. Es el mismo modelo que el chileno, la mediagua también es considerada como una vivienda de emergencia, que es financiada con aportes de privados, con ciertas características y construida por universitarios.


Pero, ¿son las mismas mediaguas que se construyen acá en Chile?

En algunos países sí, pero hemos visto como han mutado estas mediaguas de acuerdo a las condiciones climáticas, geográficas y políticas. Por ejemplo en Centroamérica, la madera es muy cara y hemos privilegiado materiales de construcción más económicos. Incluso en algunos países los campamentos están en plena zona de guerrilla, por lo que los paneles de madera dejan pasar las balas al interior y en esos casos se ha privilegiado el hormigón o latones de acero.

¿Con qué otro obstáculo se han encontrado para llevar a cabo Un Techo para mi País?

Más que trabas políticas y geográficas, nos hemos encontrado con la falta de voluntariado que existe en otros países sudamericanos. En Chile existe una cultura de voluntariado, hay miles de instituciones, la mayoría de los jóvenes ha ido a trabajos de verano, misiones o ha participado en una colecta, no así en países como Uruguay, México o Costa Rica y dar esa cultura ha sido lo más complicado.

Por Rodrigo Toro, Francisca Muñoz y Trinidad Montalva / EQUIPO CA

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