
por PAULINA VILLALOBOS / Directora Revista CA
Uno de los desafíos más relevantes propuestos para el Chile del bicentenario es eliminar la extrema pobreza. Esto se traduce en implementar una política de estado que tiene como fin eliminar los campamentos. Para ello, de aquí al 2010 se tienen que construir 223.000 viviendas (CA126 -2006); es decir, que en un período de 4 años se deberán producir cerca de 160 viviendas diarias. Esta gran producción de construcciones de bajo costo tienen como premisa borrar de las estadísticas nacionales la pobreza extrema. Una vez que se cumpla tan cercano desafío, los estándares para la producción-gestión, diseño y construcción- de viviendas tendrán que ser otros. Cumplida la meta numérica no habrá excusas para no desarrollar la vivienda económica de interés social con un poco más de cariño. Hemos querido enfocar nuestra revista en la nobleza y creatividad de proyectos que han recuperado las virtudes de soluciones para lograr un bajo costo sin desmejorar el proyecto de arquitectura. Evitamos abordar el tema desde “la vivienda social”, que como concepto se funda en proponer una solución habitacional, centrándose en el sistema de financiamiento y no en las premisas urbanas o arquitectónicas para el buen vivir de sus habitantes. Es este el mal que,desde hace más de tres décadas, ha trasformado el atractivo de proyectar vivienda de bajo costo en un tema árido, mezquino y poco atractivo desde el punto de vista arquitectónico. Esto ha causando que las prioridades de la mayoría de los arquitectos hayan huido desde la vivienda social hacia la arquitectura privada, dejando los proyectos desprovistos de orgullo. La “vivienda social” hoy tiene, además, adherido un factor clasista, porque presume que otro, que no es como uno, es capaz de habitar de otra manera, en la que nosotros no podríamos. Cambiar esa premisa para proyectar vivienda y todo lo relativo a la ciudad será, sin duda, el mayor desafío que tendremos todos para el bicentenario. Afortunadamente, los sistemas de gestión de las políticas del estado están cambiando y las nuevas generaciones de arquitectos/ as pueden retomar el interés de crear un proyecto arquitectónicamente atractivo con pocos recursos económicos. Propongamos a la Quinta Monroy como hito inicial de esta lenta evolución. Proyecto de vivienda social de 7 UF/ m2 , ganadora del gran premio de la XV Bienal y que tiene detrás un enorgullecido equipo de trabajo. Y el orgullo en nuestro gremio no es un tema menor. Los diversos autores invitados a participar en esta revista, destacan que el orgullo sobre el proyecto y el rol de asumir una responsabilidad sobre lo proyectado es vital para cualquier política estatal, sistema de financiamiento o proceso de gestión que quiera abordar la vivienda social con éxito total y no sólo económico. Otro factor relevante para el éxito de la vivienda social es el proceso de gestión. Éste debe involucrar al equipo encargado del proyecto arquitectónico con sus clientes: los futuros usuarios tienen que estar considerados, no sólo para que entiendan la propuesta, sino para que aporten ideas y destruyan prejuicios de diseño asociados a la vivienda de este tipo. Abrimos este número con un ejemplo notable de casas para obreros, proyectadas el siglo pasado por Luciano Kulchewsky, y lo cerramos con los proyectos ganadores del primer concurso de vivienda social rural sustentable. En éstos, destaca el determinar que la energía será una condicionante de diseño para la vivienda de este siglo, considerando que, en 5 años, una vivienda barata puede gastar en energía el equivalente al costo que se pagó por ella. Es decir, al proceso de producción exitoso de viviendas de bajo costo, que involucra gestión, diseño y construcción, habrá que agregarle el factor energético, además del orgullo y la responsabilidad arquitectónica.