Accesibilidad para discapacitados y edificios patrimoniales: El dilema de ayudar sin intervenir

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Las barreras arquitectónicas de la ciudad se levantan con mayor fuerza en los edificios antiguos, muchos de los cuales son patrimoniales. En ellos podemos ver que las personas con alguna discapacidad física que les dificulte su traslado se ven enfrentadas a grandes escalinatas en los accesos, zócalos elevados y, por lo general, alturas entre pisos sobre los 3 metros.

Lo anterior complica aun más el hecho de enfrentar una modificación en sus accesos, ya que por la magnitud ésta tiende a “perjudicar” el valor arquitectónico del edificio, al tener que intervenirlo.
Muchas veces estos edificios se encuentran ubicados en cascos antiguos de la ciudad, donde las veredas son angostas o las líneas de edificación han sido definidas por sus fachadas. La consecuencia de esto es que rara vez existe el espacio suficiente para extender una rampa, y que por lo tanto ésta se deba alojar dentro de la línea de edificación, demoliendo parte de su acceso original.

También hemos visto soluciones como la habilitación de accesos especiales por una puerta secundaria o de servicio, algo que indudablemente afecta la dignidad de las personas con discapacidad.
La Ordenanza General de Urbanismo y Construcción establece, en su artículo 4.1.7, que: “Con el objeto de facilitar la accesibilidad y desplazamiento de personas con discapacidad, toda edificación colectiva cuya carga de ocupación sea mayor a 50 personas, todo edificio de uso público y todo edificio, sin importar su carga de ocupación, que preste un servicio a la comunidad, deberá cumplir con requisitos mínimos”.

Entre estos últimos, uno de los más importantes es el que tiene que ver con la accesibilidad y movilidad universal. E indica que, cuando el área de ingreso se encuentre en un desnivel con respecto a la vereda, se deberá contemplar una rampa antideslizante o un elemento mecánico de asistencia. Este requisito también se aplica al interior de las edificaciones públicas y colectivas.
De acuerdo a lo anterior, existe la alternativa de usar elementos mecánicos, entre los que podemos distinguir aquéllos permanentes, que intervienen el edificio patrimonial, y aquéllos no permanentes, que se accionan o montan ante la llegada de una persona con discapacidad. Evidentemente, esto último requiere de personal para que lo instale o accione, en la mayoría de los casos.

Dentro de los permanentes, la opción más frecuente son las rampas, claramente definidas en la OGUC en lo relativo a su materialidad, forma y pendientes. Sin embargo, cuando las rampas son desmontables, es decir no permanentes, no siempre cumplen con los requisitos de la pendiente, lo que obliga a la asistencia del discapacitado por un tercero.

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Diversas posibilidades

Dentro de la gama de elementos permanentes, aparecen también:

• Sillas Subeescaleras - Salvaescaleras;
• Salvaescaleras Curvas;
• Rampas de Elevación;
• Elevadores Hidráulicos Minusválidos;
• Plataformas Elevadoras Verticales;
• Plataformas Minusválidos - Salvaescaleras;
• Plataformas Salvaescaleras Curvas;
• Plataformas Salvaescaleras Rectas;
• Ascensores;
• Plataformas Sillas de Ruedas tipo Tijera;
• Sillas Salvaescaleras de Techo;
• Plataformas Escaleras Plegables.

Todos estos elementos intervienen de alguna manera el edificio, al quedar instalados en sus accesos e interiores, siendo además accionados en su mayoría por los mismos usuarios.

Dentro de los elementos no permanentes, cabe mencionar:

• Orugas Sillas de Ruedas;
• Sillas Móviles para Sillas de Ruedas;
• Orugas para Sillas de Ruedas Eléctricas;
• Plataformas Sillas de Ruedas Móviles;
• Sillas de Ruedas Manuales y Eléctricas.

Éstos siempre requieren de personal para instalarlos y accionarlos. También hay que destacar que requieren mantención y servicio técnico especializado.

En resumen, los edificios patrimoniales deben permitir la accesibilidad y movilidad de las personas discapacitadas, sin embargo, los arquitectos debemos intervenirlos lo menos posible para que conserven su valor arquitectónico lo más intacto posible.

PABLO SILLS / ARQUITECTO
Fotos: Viviana Peláez

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