Notas en torno al concepto de Patrimonio

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Biblioteca de Las Aguas, Universidad Pompeu Fabra, Barcelona

“El cronista que narra los acontecimientos sin distinguir entre los grandes y los pequeños, da cuenta de una verdad: que nada de lo que una vez haya acontecido ha de darse por perdido para la historia.”
(Walter Benjamin, Tesis de Filosofía de la Historia)

1. La mayor parte del patrimonio arquitectónico que en Chile se encuentra reconocido y protegido, se remonta a un período que abarca aproximadamente de 1870 a 1930. Los edificios que consideramos valiosos poseen el valor intrínseco de la antigüedad, en el entendido de que ésta representa un valor en sí mismo. Ante el objeto antiguo nos enfrentamos con una acumulación previa de información, documentación, investigación y conocimiento. Hoy no es necesario que nos expliquen que un edificio antiguo es valioso, esto ya lo sabemos de sobra. O al menos, en teoría.

2. El objeto antiguo venerado se transforma, a partir de un consenso social, en un Monumento; y se produce además por una puesta en valor y por la coincidencia de una serie de factores favorables. El monumento es un testimonio del pasado, un pasado generalmente épico y glorioso. Monumentos son, por ejemplo, las grandes mansiones y palacios que dan cuenta de cómo se fue construyendo la fortuna y la riqueza de nuestro país, así como de nuestra sincronía con las grandes capitales del siglo XIX; los monumentos dan cuenta de nuestro buen gusto y nuestro refinamiento, nos permiten sentirnos parte de un momento histórico, mitificado y detenido en el pasado. El monumento es inmóvil e inamovible.

3. En Chile, un edificio, al ser declarado Inmueble de Interés Histórico-Artístico, sólo puede ser objeto de conservación, restauración o intervención mínima, previa autorización del Consejo de Monumentos Nacionales, lo que en la práctica significa que la mayoría de las veces el edificio se queda tal como está. Se transforma de esta manera en un objeto señalado, congelado fuera del tiempo, ajeno a las dinámicas de transformación de su entorno urbano y cultural. Se convierte en una pieza de museo. Pero la ciudad no debe ser nunca un museo.

4. A pesar de esto, sólo una pequeña parte de nuestro patrimonio arquitectónico y urbano cuenta con el resguardo legal de la Ley de Monumentos Nacionales; lo anterior, teniendo en cuenta que la gran parte de los edificios, zonas, áreas, barrios o sectores que constituyen nuestro patrimonio inmueble, han sido identificados como tales a través de estudios universitarios.

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Edificio Casa Ramona, Caixa Forum

5. En Cataluña, cuando un edificio es catalogado como monumento histórico, debe ser conservado, recuperado o restaurado respetando los valores que motivaron su catalogación, pero privilegiando aspectos tales como sus características tipológicas de ordenación espacial, su volumetría o su morfología, siendo posible la utilización de elementos, técnicas o materiales contemporáneos que ayuden a mejorar y adaptar el bien al uso actual, o para valorar ciertos elementos o épocas. Está prohibido, además, expresamente, reconstruir o hacer adiciones miméticas.

6. Esto significa que existe, por una parte, la idea de no esconder y más bien diferenciar los elementos nuevos o reconstruidos del edificio, y por otro lado, una voluntad de reinsertar los edificios en el tejido urbano, social y cultural de la ciudad a partir de un nuevo uso, manteniendo los valores originales del inmueble, pero mejorándolo en el sentido de adaptarlo a una nueva realidad. El edificio antiguo no es valioso en sí mismo, como objeto a contemplar, sino que lo es en la medida de que es capaz de dar cuenta de una cierta historia, transformándose en un bien cultural activo, catalizador y a la vez detonante de vínculos y relaciones con el pasado y con otros individuos.

7. Cabe hacer notar que en la Unión Europea existen distintos fondos y comisiones encargados de la conservación y difusión del patrimonio cultural europeo. Quizás la más importante de esta instituciones sea la European Heritage Network, que provee de fondos y apoyo a iniciativas locales referidas al patrimonio. Es interesante recalcar que este organismo entiende el concepto de Herencia Cultural como un bien cambiante, interactivo y mutable, al tiempo que considera la conservación y preservación de las diversas realidades culturales al interior de la Unión Europea como una manera de garantizar la convivencia entre los distintos estados, así como una forma de preservar las singularidades ante la creciente estandarización de la cultura y el empobrecimiento de las expresiones culturales. Se plantea, en este sentido, como una alternativa a la visión de la UNESCO, que, según esta perspectiva, retiene una idea más rígida y restringida del patrimonio, protegiendo y rescatando objetos singulares, sin duda valiosos, por sobre la idea más dinámica de Bienes Culturales insertos en una realidad más amplia, estableciendo vínculos con el pasado, pero a la vez como objetos patrimoniales activos y vivos.

8. Podemos poner como ejemplo los programas actuales de la Unión Europea en torno a la recuperación y conservación del Patrimonio Industrial. En Cataluña existe un ambicioso y vasto programa en torno a este patrimonio, que en esta zona es muy amplio y valioso por haber sido una importante región industrial hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX. Dicho patrimonio está compuesto por antiguas fábricas, algunas de ellas modernistas, pero también por colonias obreras construidas en torno a las industrias. De este modo, se rescata no sólo un edificio a través de un nuevo uso, sino que se nos permite establecer un vínculo con un modo de vida específico, con un espacio en el tiempo y con nuestra memoria. Muchos de los obreros que aparecen en las fotografías están aún vivos y, al verse allí, desde el ahora, se recrea, se revive y se valora la memoria obrera.

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Mercado de Santa Catalina, en Barcelona

9. Lo importante es entonces que los edificios puedan actuar, parafraseando a Benjamin, como mónadas: objetos que nos permitan iluminar un cierto momento específico de nuestro pasado y nuestra memoria. El concepto original de patrimonio objetualizado se sustituye por el de patrimonio funcional, entendiendo este último como una sustitución de la idea de preservación porque sí, por la de preservación con un cierto propósito, un uso adecuado y un desarrollo en el tiempo.

10. Recientemente, en Chile se han desarrollado notables obras de rehabilitación y también interesantes debates en torno a ciertos edificios emblemáticos; esto da cuenta de una sensibilidad particular por parte de algunos arquitectos y de ciertos colectivos, así como de una mirada fresca en torno a nuestro patrimonio. Como ejemplo sirva el caso del edificio Diego Portales, incendiado en marzo de 2006 y objeto de diversas propuestas de recuperación, entre las que voy a destacar la del colectivo de jóvenes arquitectos URO1.org, que plantea en un documento de trabajo difundido públicamente que antes de pensar en recuperar el edificio es necesario definir qué tipo de uso es el más adecuado, de manera que el edificio, representante de nuestro patrimonio más reciente y con un valor simbólico notable, no se convierta en un icono sin vida, en un continente vacío de contenido. En tal sentido, la idea de que el edificio se transforme en un museo que aglutine la colección del Museo de la Solidaridad Salvador Allende y la colección de arte modernista del Museo Nacional de Bellas Artes, hoy guardada en bodegas, apunta a esta misma voluntad de transformar el edificio en un vehículo de conservación, estudio, divulgación y debate para la transformación cultural. También es notable el debate en torno al patrimonio cultural de Valparaíso, desarrollado en el blog del colectivo Apariencia Pública, en relación a los últimos proyectos de intervención en la Plaza de la Matriz, o el cierre del Café Riquet.

11. Por último, quisiera dar cuenta de una corriente crítica que en el último tiempo se ha despertado también en Barcelona, y plasmada hace poco en un número monográfico de la revista italiana Area, titulado explícitamente Critical Barcelona, en alusión a la manera de enfrentar el planeamiento de la ciudad y el patrimonio histórico de la ciudad tradicional. Pareciera que la política de hacer ciudad en base a consensos, y cuyo fruto fue la gran operación asociada a los Juegos Olímpicos del año 1992, ha dado lugar a un planeamiento liberal, en el cual los inversores privados son los que tienen la última palabra. A esto se suma un recientemente modificado Catálogo de Protección, que permite descatalogar edificios en base a ciertos supuestos, lo que admite, por ejemplo, borrar manzanas enteras del mapa, tal como se ha hecho con la manzana donde se ha construido la Rambla del Raval, de la que desaparecieron al menos 50 antiguos edificios sin que existiera la voluntad de buscar alternativas de recuperación o renovación, ni se desarrollaran estudios detallados respecto a la relevancia patrimonial de dichos edificios.

Se produce de esta manera, una especie de peligrosa segunda vuelta de tuerca, en lo que a patrimonio se refiere: primero, se recupera y se pone en valor aquellos edificios que nos parecen valiosos como sociedad, para luego, en segundo término, rentabilizar estos edificios a través de su explotación turística masiva, en cierta manera expropiándolos de los habitantes de la ciudad, para ser entregados al consumo globalizado. Las ciudades van perdiendo así sus señales de identidad, para entrar de lleno al mercado controlado por las multinacionales y los arquitectos estrellas, que se repiten en cada una de las capitales del primer mundo.

¿Es esto lo que queremos? Considerando que siempre hemos presentado una asincronía con el mundo desarrollado, tenemos un margen de tiempo para reaccionar. Salvemos y recuperemos nuestro patrimonio, pero definamos muy claramente qué es lo queremos hacer con él.

Patricio Pinto Durán es arquitecto de la UC (1996), Master en Historia y Teoría de la Arquitectura por la ETSAB, UPC, y con estudios de Doctorado en la misma Universidad. Colabora en la actualidad con el despacho Ona Arquitectos (www.onaarquitectos.com). ha participado en diversos proyectos artísticos como coautor y como colaborador. Ha publicado diversos artículos en publicaciones chilenas y catalanas. Actualmente vive y trabaja en Barcelona.

Patricio Pinto/ Arquitecto, MA Historia y Teoría de la Arquitectura

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