
El patrimonio es una noción compleja y cultural. Se refiere a las huellas dejadas por el Hombre que la conciencia social, en una época determinada, ha elegido conservar para transmitirla a las generaciones futuras. El patrimonio no “cae por su propio peso”, sino que es el producto de una elección de una sociedad que refleja, a través de su relación con su pasado, su presente.
Además, al remontarnos en la Historia, se advierte que es una noción muy joven que surgió en Francia, a mediados del siglo XIX, con la famosa lista de monumentos a proteger fijada por Merimée en 1840.
Desde su origen, la noción de patrimonio no cesó de enriquecerse y de integrar nuevos aspectos a medida que la sociedad cambiaba. Y fue en virtud de ello que, a finales de los 70, historiadores e investigadores franceses expresaron la voluntad de estudiar y preservar las huellas históricas de los fenómenos industriales, tal como habían empezado a hacerlo sus vecinos ingleses diez años antes.
Esta evolución se vio refrendada por el desarrollo de un marco legislativo apropiado, por lo que hoy, en materia de protección, la legislación francesa es muy extensa y se aplica también al patrimonio industrial. Este se beneficia del mismo sistema de protección que el patrimonio monumental y puede ser declarado “Monument Historique” o inscrito en el “Inventaire Supplémentaire des Monuments Historiques”. En consecuencia, alrededor de 800 sitios están protegidos por el título de la ley de 1913, de los cuales 180 han sido declarados Monumentos Históricos. Y no son sólo los edificios, sino también las máquinas y las herramientas que muestran el genio industrial, lo que interesa a los historiadores.

¿UN PATRIMONIO CONTROVERTIDO?
Considerado como antiestético y portador de valores ambivalentes, el patrimonio industrial provoca debates y reticencias. Si la industria remite a la idea de creación de riquezas y de innovación, valores por demás positivos, remite también a la idea de labor y retrotrae a las condiciones de trabajo de la clase obrera y a los conflictos sociales de otras épocas. Pero este tipo de patrimonio relata también la evolución de las técnicas modernas y concentra una parte de la historia de las ciencias y tecnologías que debemos transmitir a las generaciones futuras. Por otro lado, es parte de un pasado muy cercano, lo que no facilita la toma de conciencia del interés que puede cobrar nuestro acervo industrial.
EL PATRIMONIO INDUSTRIAL Y LOS PROYECTOS URBANOS
El tema de la protección del legado industrial cobra relevancia desde que, para desarrollarse, las ciudades comienzan a invertir en los antiguos terrenos industriales y se enfrentan a esta herencia. Así, París aprovecha estos últimos terrenos libres para revitalizar su territorio y conducir varias operaciones de ordenamiento urbano.
La operación Paris Rive Gauche, lanzada en 1991 en el 13er distrito de la capital francesa, conservó varios edificios emblemáticos del pasado industrial del lugar para acoger un nuevo polo universitario, inaugurado a principios de 2007. Construidos entre 1917 y 1921 por el arquitecto Georges Wybo, “Les Grands Moulins de Paris” fueron rehabilitados por Rudy Ricciotti, quien eligió conservar los volúmenes de origen y densificarlos al crear nuevos niveles de suelos y grandes mesetas sobre toda la superficie del edificio. Para hacer entrar la luz, abrió nuevos ventanales en la fachada y el techo, los que constituyen, en sus propias palabras, “los ojos de la ciudad”. Este conjunto es completado por la Halle aux Farines, construida en los años 50 por Denis Honneger para almacenar la harina producida en los Grands Moulins y hoy rehabilitada por Nicolas Michelin. El arquitecto ordenó el interior del edificio para acoger los anfiteatros y los espacios de circulación, pero conservó las fachadas y el techo abovedado.
Sigue un tercer elemento, la fábrica de aire comprimido Sudac, construida en 1890 e inscrita en el Inventaire des Monuments Historiques. Rehabilitada por el arquitecto Frédéric Borel, acoge hoy día la escuela de arquitectura Val-de-Seine. Estos elementos industriales se integran en un tejido urbano caracterizado por una arquitectura nueva, como lo simboliza las torres de la Biblioteca Nacional de Francia, y traen un equilibrio entre pasado y presente al proveer una identidad y una profundidad a este nuevo barrio de la capital
Si por un lado podemos subrayar los esfuerzos de conservación en la operación Paris-Rive Gauche, por otro, podemos asombrarnos del destino que la operación Seguin-Rive-de-Seine reservó a los terrenos Renault, antes dedicados a la actividad industrial automotriz. Lanzada en 2003, esta operación de ordenamiento urbano aborda la reconversión de 74 hás. de terrenos industriales en un nuevo barrio. La memoria industrial del sitio pasa por la conservación de sólo dos edificios y la “reinterpretación” de algunos elementos emblemáticos, como la “fachada-envolvente” blanca de la isla Séguin (sobre el río Sena) que protegió sus talleres, hoy destruidos. Ahora, este elemento no existe más que en la forma de un concepto que guió el ordenamiento de la isla. El proyecto de creación de un memorial y varias exposiciones alrededor del pasado industrial del sitio son también previos. Todo esto puede parecer muy poco si consideramos que el sitio fue uno de los cunas mundiales de la industria del automóvil.

CONCLUSIÓN
El patrimonio industrial es objeto de un interés creciente y es considerado, cada vez más, como un elemento de identidad a valorizar. Así, los proyectos urbanos se esfuerzan en conservarlo y en proyectar su rehabilitación, en vez de destruirlo. Sin embargo, cabe preguntarnos cuáles son los usos para este patrimonio. Una vez despojado de sus máquinas y de sus herramientas, ¿qué queda de la memoria obrera? Una vez rehabilitado y dedicado a nuevos usos, ¿qué puede contar de su historia? ¿Cuál es su identidad? ¿Cómo valorizar este patrimonio? ¿Convirtiéndolo en museo o rehabilitándolo para darle la oportunidad de empezar una nueva vida? ¿Qué sentido queremos darle?
Por otro lado, el patrimonio industrial sigue en peligro, como lo declara el CILAC*, que regularmente informa sobre las destrucciones de lugares importantes y testimoniales de lo que fue la industria francesa. Es decir que, sin la protección de los Monumentos Históricos, este patrimonio depende de la decisión y la sensibilidad patrimonial de su dueño, sea éste un alcalde o una empresa, que puede elegir su erradicación total y hacer oídos sordo a los llamados de las asociaciones y de los propios ciudadanos.
Por Anaïs Reytier / urbanista
* CILAC: Comité de Información y de Vinculación para la Arqueología, el Estudio y la Valorización del Patrimonio Industrial, asociación fundada en 1978.
* Anaïs Reytier es urbanista del Instituto Francés de Urbanismo. anais.reytier@gmail.com