Patrimonio Moderno y Conservación

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Edificio de la CEPAL en Santiago, fotografiado por
su propio arquitecto Emilio Duhart

El concepto de Patrimonio es una construcción cultural que evoluciona con el tiempo, a medida que los criterios de valoración van cambiando en una sociedad y que las generaciones van atribuyendo nuevos significados al legado de las que las precedieron. En la medida en que esos legados van quedando más atrás en la historia, la preocupación por el patrimonio debe actualizar sus enfoques, de modo de acercar cada vez más las representaciones culturales al momento presente.

Es por eso que hablar, hoy, de patrimonio moderno1, referido al patrimonio construido de la primera mitad del siglo XX, es una necesidad histórica y cultural que cada vez más urgente, en la medida en que va quedando cada vez más alejado de nuestra realidad y, sin protección, cada vez más amenazado. En Chile, la primera mitad del siglo XX representa, en términos históricos, el asentamiento de las bases económicas y sociales sobre las cuales se construiría el país moderno, enfrentado a los desafíos de la posguerra, después de un siglo XIX basado en la explotación agropecuaria y la minería del salitre.

Este proceso estuvo caracterizado por el surgimiento de una gran clase media trabajadora y enormemente exitosa en sus esfuerzos de movilidad social, con lo que se convirtió, muy luego, en un grupo social que desplazó a la aristocracia en el manejo del país, a lo menos en términos políticos y culturales. Fue esa clase media la que adoptó, primero para sí y luego para el Estado, cuando lo tuvo que gobernar, la arquitectura moderna como lenguaje y expresión de su contexto físico construido. Así, al término de la Segunda Guerra Mundial, después de sólo 20 años de este proceso (recordemos que el primer edificio moderno no industrial en Chile es de fines de la década del 20)2, la arquitectura chilena había pasado por un riquísimo proceso de renovación en su forma, en sus prioridades y en los aspectos que era necesario asumir, como la habitación obrera, la construcción de la infraestructura de un Estado comprometido con acciones sociales y la masificación de la arquitectura habitacional como aspiración cultural −ya no sólo orientada a satisfacer necesidades mínimas− de la clase media.

Ahora bien, es claro hoy que, como todo proceso histórico, la arquitectura moderna ha sido superada por una serie de otras manifestaciones y otros tipos de respuestas a las que la disciplina ha debido abocarse. Entrado ya el siglo XXI, es otro también el Estado, otra la clase media y otros los desafíos históricos del país. Sin embargo, el legado de ese período no puede dejarse de lado, y sobre el presente recae la responsabilidad de resguardar aquello que de mejor forma representa ese proceso histórico y cultural.

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Restaurante Cap Ducal en Viña del Mar

La arquitectura del Movimiento Moderno se encuentra, en diversas partes del mundo, pero especialmente en Chile, bajo un altísimo riesgo de desaparecer. Por un lado, los criterios generales de valoración patrimonial citados más arriba no han incluido todavía a esta arquitectura como una expresión digna de ser evaluada y resguardada, y por otro, la institucionalidad dedicada al manejo del patrimonio no ha enfrentado la urgencia que un patrimonio en riesgo requiere. La falta de consistencia de la legislación patrimonial, la enorme presión de los desarrolladores inmobiliarios y, principalmente, la obsolescencia de muchos de los edificios de este período, tanto en términos funcionales como técnicos, son desafíos que es necesario enfrentar y delimitar antes de pensar en una política apropiada de protección.

No escapa a este análisis lo que se ha dado en llamar la “paradoja del patrimonio moderno”. Ella surge de la posición original del movimiento moderno, en orden a convertirse en una expresión arquitectónica que se planteara como una revolución hacia el futuro, contraria a las miradas hacia el pasado que caracterizaban los estilos del siglo XIX. Filippo Tomaso Marinetti y Antonio Sant’Elia, en su Manifiesto Futurista, llegaron a proclamar que no debía existir un pasado construido, que cada generación debía construir sus propias ciudades, rechazando la idea de monumento o de permanencia en la arquitectura3. Visto desde hoy, es indudable que esta arquitectura moderna se ha convertido, aunque Marinetti se revuelva en su tumba, en un patrimonio que hay que preservar.

Consciente de estos desafíos y de la necesidad de promover su protección a través de una estrecha colaboración que trascendiera las fronteras nacionales, en 1988 se creó Docomomo, el comité internacional para la documentación y conservación de edificios, sitios, y barrios del movimiento moderno. Básico en su planteamiento original es la intención de reforzar las redes internacionales de conocimientos y de investigación histórica, tecnológica y académica, orientarse a promover la valoración de la arquitectura moderna en la sociedad y apoyar acciones concretas de conservación y protección, según las condiciones de cada país. Así, Docomomo ha logrado asentarse en el contexto internacional como un interlocutor ineludible en materia de protección del patrimonio moderno, estableciendo relaciones de alto nivel con el Centro de Patrimonio Mundial de la UNESCO, ICOMOS (Consejo Internacional de Monumentos y Sitios), TICCIH (Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial) y, más recientemente, mAAN (Red de Arquitectura Moderna de Asia).
Docomomo se ha extendido, en sus 20 años de existencia, por todo el mundo (con la excepción de �frica) y cuenta con capítulos nacionales o regionales en más de 50 países (incluido Chile, desde 2004), con más de 2.000 miembros que trabajan o apoyan las intenciones y acciones inspiradas por la Declaración de Eindhoven, hecha pública luego de la Primera Conferencia Internacional de Docomomo, en 1990.4

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Estación de Biología Marina en Montemar, Universidad de Valparaíso.
fuente: Centro Documentación SLGM PUC

En Chile, el diagnóstico no es demasiado alentador. Por el contrario, el patrimonio moderno se encuentra cada vez más en peligro, principalmente por la presión inmobiliaria, que requiere de terrenos a menudo ocupados por edificios de valor arquitectónico, por la obsolescencia de su uso y de sus instalaciones técnicas, y por la generalizada falta de conciencia por parte de la sociedad en general, respecto a la necesidad de proteger esta arquitectura. Esto ha producido pérdidas irreparables, como las casas Pocuro (Emilio Duhart, 1945), demolidas para dar paso a la construcción de un edificio de departamentos, o alteraciones que destruyen insensiblemente las condiciones originales del edificio, como el dramático caso de la Estación de Biología Marina de Montemar (Enrique Gebhard, 1945-1959) o, del mismo arquitecto, el Hogar Hipódromo Chile (1942), hoy intervenido hasta hacerlo irreconocible.

La experiencia demuestra que la protección legal, al menos en nuestro contexto chileno, no es suficiente. Lo más importante es la generación de una conciencia acerca del valor de este patrimonio, y el desarrollo de las condiciones apropiadas para el surgimiento de efectivas iniciativas de conservación y reutilización. Si la sociedad no asume este desafío, nada se obtiene con encadenarse frente al bulldozer a punto de avanzar.

1 / Es ineludible que el concepto de patrimonio moderno asuma la connotación más bien ideológica que histórica de la palabra moderno, no sólo porque esté ya asentada en la historiografía, sino también porque es bajo ese concepto que la propia disciplina arquitectónica supo identificar aquellos desafíos propios de la primera mitad del siglo XX, cronológicamente ubicados, grosso modo, entre 1910 y 1940.

2 / Se trata, como es ya sabido, del edificio Oberpaur, diseñado por Sergio Larraín y Jorge Arteaga en 1929 en la esquina de las calles Estado y Huérfanos, en Santiago.

3 / Marinetti, F. T. y Sant’Elia, A. La Arquitectura Futurista. Manifiesto (originalmente publicado en Milán, en 1914). Traducción al español en Conrads, Ulrich. Programas y Manifiestos de la Arquitectura del siglo XX. Lumen, Barcelona, 1973. Dice Marinetti: “…las características fundamentales de la arquitectura futurista serán la caducidad y la transitoriedad. Las casas durarán menos que nosotros. Cada generación tendrá que construirse su propia ciudad.”

4 / La Declaración de Eindhoven es el documento fundacional de Docomomo:
a.Establecer la importancia del significado que tiene el Movimiento Moderno frente al público, las autoridades, los profesionales y la comunidad académica preocupada por el contexto construido.
b.Identificar y promover el repertorio de obras del Movimiento Moderno, incorporando en un registro, dibujos, planos, fotografías, archivos y otros documentos.
c.Promover el desarrollo de técnicas apropiadas y métodos de conservación, difundiendo este conocimiento entre las profesiones involucradas.
d.Oponerse a la destrucción y transformación de las obras significativas del Movimiento Moderno.
e.Identificar y captar fondos para la documentación y la conservación.
f.Explorar y desarrollar el conocimiento del Movimiento Moderno.

Maximiano Atria / ma arquitectura

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