Procesos de Preservación del Patrimonio: desafíos de la complejidad

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Levantamiento digital del ex Congreso Nacional

Chile ha entrado a una nueva dimensión de valoración de su patrimonio, como lo revela la existencia de cinco sitios en el territorio nacional que ya han sido declarados por la Unesco1 “Patrimonio de la Humanidad”: Rapa Nui, Iglesias de Chiloé, ciudad-puerto de Valparaíso, las oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura y el Campamento Minero de Sewell. Se suman a éstos los reconocidos por del Concejo de Monumentos Nacionales: 486 monumentos históricos, 87 zonas típicas, 7 monumentos arqueológicos y una lista tentativa de propiedades que se desea nominar en los próximos 5 a 10 años para la Lista de Patrimonio Mundial (Comité para la Protección del Patrimonio Cultural y Natural).

Desde 1978, año en que la Isla de Pascua fue declarada como patrimonio arqueológico de valor mundial, hasta hoy, podemos afirmar que el proceso de valoración patrimonial ha tenido un crecimiento exponencial, a través de un progresivo reconocimiento y difusión a nivel institucional, político y comunitario en el contexto nacional. El patrimonio2 ha trascendido el nicho de los iniciados y hoy se le reconoce como una tarea de todos, lo que incluye a arquitectos, constructores, políticos y ciudadanos. Cada vez más los distintos actores manifiestan su sentido de identidad desde sus propios intereses, lo que plantea nuevas interrogantes de cómo conciliarlos y cómo optimizar las estrategias que permitan sustentabilidad social y económica del patrimonio .

Por otra parte, este crecimiento cuantitativo de los bienes patrimoniales, tangibles e intangibles, está planteando nuevos conflictos de intereses e involucrando variables cada vez más complejas de intervención del patrimonio.

En Chile, durante mucho tiempo fue recurrente una omisión frente al valor de la herencia arquitectónica, urbanística, cultural y paisajística, causada tal vez por la necesidad exacerbada de demostrar modernidad a costa de la ruptura de patrones de identidad en casi todas las dimensiones antes señaladas. Sin embargo, hoy tenemos bajo nuestra responsabilidad sitios que comparten un estatus similar con otros de categoría mundial, un contexto que ya no podemos desconocer y que nos obliga a darle mayor importancia a las intervenciones de estas preexistencias arquitectónicas y culturales, considerando su reutilización y adaptación a las necesidades contemporáneas desde una perspectiva local y, al mismo tiempo, global.

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Al respecto, la Unesco reconoce como Patrimonio Cultural de la Humanidad a más de 650 monumentos y sitios elegidos por ser considerados excepcionales y por su valor universal, de manera que su protección es interés de toda la humanidad. Esta denominación reconoce, protege y potencia aquellos lugares de características únicas e irrepetibles.

Dicho reconocimiento, lejos de significar un estancamiento de las estructuras preexistentes y del desarrollo económico –noción predominante por mucho tiempo en Chile−, se estaría convirtiendo en un potencial de desarrollo de muchas localidades del mundo globalizado. Hay suficientes ejemplos que demuestran que el resguardo de los auténticos testimonios y de la memoria histórica de una época, si se realiza integralmente en sus distintos niveles y disciplinas, genera identidad colectiva y fortalecimiento institucional; fomenta un sentido de pertenencia con los lugares y mayor gobernabilidad, y aumenta la creatividad para promocionar nuevas infraestructuras, fuentes de innovación tecnológica y, consecuentemente, nuevos empleos.

Sustentabilidad social y económica

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Levantamiento digital ex Congreso Nacional

La pasividad frente a la obsolescencia funcional y cultural de las estructuras preexistentes se transforma, las más de las veces, en un foco corrosivo de los lugares que habitamos; es decir, un edificio pierde su valor de uso cuando el vínculo con actividades útiles desaparece y éste cesa de evolucionar y adaptarse, transformándose en un elefante blanco.

Por eso ahora los responsables del patrimonio debemos agregar al valor simbólico un nuevo valor de uso, sin perder de vista su integración con la vida social y un costo económico sostenible. La previsión de la sustentabilidad y la mantención del bien patrimonial es un punto vital de gestión del patrimonio y tiene que ver con generar recursos para cubrir las propias necesidades en el tiempo, condición sin la cual una inversión se transforma en un gasto a corto plazo.

Es claro que respuestas como éstas sólo pueden surgir desde un enfoque multidisciplinario. La puesta en valor con nuevos usos sociales y económicos representa una oportunidad de reinventar estrategias de preservación del patrimonio y crear nuevas especificidades culturales e innovaciones tecnológicas.

Citamos aquí algunos casos ilustrativos de este reposicionamiento estratégico del patrimonio respecto de su amplitud, complejidad y cobertura temática:
• La apertura del tema patrimonial a programas culturales contemporáneos.
• La presencia de actores sociales diversos, comunitarios y privados, que han podido crear nuevos valores económicos en la preservación de sus patrimonios.
• La ampliación de las necesidades educacionales, de difusión y acceso al patrimonio en toda su variedad temática; la diversificación de escalas en las estrategias de preservación.
• Cambios del área de influencia de lo local dentro del mundo global, ejemplificado en el desarrollo del turismo específico y los museos virtuales en torno al tema patrimonial: por ejemplo, las rutas turísticas patrimoniales.
• El uso de herramientas digitales y su aporte a cada uno de estos nuevos temas y procesos técnicos.

Todos estos factores son señales claras de un desarrollo creciente de otras competencias en la preservación del patrimonio, entre las cuales la innovación tecnológica en los medios de representación y los registros digitales ocupan un lugar preponderante.

La digitalización en la preservación del patrimonio

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Levantamiento digital Iglesia de Isluga

La digitalización consiste no sólo en la transformación y representación de objetos físicos en formatos digitales mediante la utilización de tecnologías de información, sino que permite −a partir de activos digitales− la creación y desarrollo de otras aplicaciones con gran valor agregado, especialmente en las actividades asociadas a la preservación del patrimonio: generación de empleos en las tareas de registros, identificación, descripción y protección de los inmuebles; productos de representación visual y creación de imágenes que constituyen en sí mismas un valioso testimonio estético.

¿Por qué digitalizar el patrimonio? Fundamentalmente, para contribuir con alta calidad técnica en todos sus procesos de preservación y responder a la nueva complejidad y necesidad de fluidez de la información. Complementarias a este objetivo son las funciones de promover la educación y la difusión pública; integrar esta dimensión al turismo cultural, y en general, facilitar el acceso de toda la sociedad a los bienes culturales.

La digitalización se inicia en los años 60, con el interés de las instituciones culturales por informatizar sus catálogos en bibliotecas. Posteriormente, los museos y archivos del mundo anglosajón se dedican a la informatización de las instituciones como respuesta al reto de la normalización. Hacia finales de los 80, surgen el CD-ROM y las imágenes para ilustrar bases de datos, al tiempo que el impulso de Internet en los 90 da vida a las páginas web. Así, el avance de la tecnología representa un soporte cada vez más significativo para los contenidos digitales en sus diversas y crecientes aplicaciones.

El ámbito patrimonial no está ausente de esta innovación. En el caso particular de los patrimonios urbanos y arquitectónicos, este avance tecnológico −especialmente el de la fotogrametría digital− está adquiriendo un lugar muy importante en los procesos de rehabilitación de los inmuebles patrimoniales, así como en su comunicación y difusión. Trabajar con las preexistencias de alto valor patrimonial plantea como exigencia que el registro y levantamiento crítico sean de alta precisión y complejidad, cualidades imprescindibles para decidir apropiadamente los proyectos de intervención con gran exigencia técnica, a saber:

a) Levantamientos críticos de inmuebles para su rehabilitación y producción de expedientes técnicos. La calidad y complejidad de la información es aquí optimizada por el trabajo de digitalización de los inmuebles para sus distintas aplicaciones y niveles: planimetría arquitectónica y estructural, detalles constructivos, ornamentación, espacios interiores y otros elementos. Además, la fotogrametría digital bi y tridimensional es una herramienta técnica que permite entregar información compleja sobre distintos temas del edificio histórico: las materialidades, su estado de conservación, diagnóstico estructural, intervenciones históricas, aplicación de letreros y publicidad, etcétera.

b) La documentación preventiva mediante expedientes digitales de fachadas y recreaciones, realizadas con anterioridad a la ocurrencia de eventos destructivos de los bienes inmuebles patrimoniales (sismos, terremotos, incendios e inundaciones). Estos registros, que permitirían salvaguardar en imágenes digitales la información planimétrica y ambiental, pueden hacerse oportunamente con costos iniciales relativamente bajos, y ser útiles como testimonio técnico e histórico para su futura rehabilitación o para su interpretación histórica o antropológica.

c) Facilidad y oportunidad de registro, almacenamiento y conectividad por red digital con lugares remotos. El acceso a lugares patrimoniales que son inaccesibles físicamente, para hacer levantamientos, se hace posible con los métodos de registros digitalizados. Con la información obtenida en terreno y en corto tiempo, se puede realizar su procesamiento en otro lugar.

d) El potencial agregado de los productos digitales, así como el diseño de plataformas de servicio para la educación para el patrimonio, el consumo remoto, y la creación de modelos de realidad virtual, que permiten multiplicar el acceso a los bienes patrimoniales y su difusión.

María Inés Arribas / Académico UDP y U. de Chile

1 / Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura
2 / Patrimonio: (del latín patrimonium) m. Hacienda que una persona ha heredado de sus antepasados.

Estudio Re Arquitectos: José Tomás Olivares, Betsy Concha, María Inés Arribas

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