Taller de Fotografía / De Luces y Obras

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Una vez le oí esta frase a un arquitecto amigo y me quedó dando vueltas en la cabeza, hasta que me di cuenta de lo acertada que es (para gran suerte del suscrito, fotógrafo de arquitectura): puesto que la obra es un bien inmueble que existe físicamente en un sólo lugar, no es posible transportarla para que la conozcan en otras latitudes y se comparta con otros pueblos.

Por eso es posible afirmar que la obra existe universalmente en la medida que se haga conocida y se difunda a través de las imágenes que publican los medios de comunicación, sean o no éstos especializados.

Fotografiar, para los arquitectos, requiere que el talento, la técnica y la fineza de actitud estén puestos al servicio del mandante. Se está retratando la obra de un artista y es esta relación de dos artistas −arquitecto y fotógrafo− la que dará frutos fotográficos, por lo que el ego del fotógrafo debe ponerse al servicio del arquitecto.

Bajo esta premisa, el fotógrafo debe poner todo su talento y creatividad en retratar la obra de la mejor manera, logrando registrar y extraer lo máximo de la interacción que se produce entre la LUZ y la OBRA.

Técnicamente, existen distintas aproximaciones para tomar fotografías de obras arquitectónicas. Me referiré aquí sólo a una de ellas, que es la manera que a mí personalmente mejor me acomoda y que es, por lejos, la que resuelve el máximo nivel de calidad fotográfica: utilizo una cámara análoga de formato 9 x 12 cms. que me permite corregir las perspectivas y ser muy preciso en los encuadres.

Los ojos de esta cámara son un arsenal de objetivos gran angulares de distintas distancias focales que permiten adaptarme a las condiciones y restricciones del emplazamiento de la obra.

Por último, pero no menos importante, es el trípode para instalar y estabilizar la cámara. El uso de éste no es sólo para obtener una base estable donde montar la cámara, sino que hace que el proceso fotográfico sea más lento y es esta lentitud la que hace que el enfrentarse a cada toma fotográfica sea un proceso más reflexivo en búsqueda del encuadre preciso. Las tomas se exponen en película transparencia color, que una vez revelada se digitaliza para entregar al cliente un archivo digital de la toma.

Cuando me encargan fotografiar una obra, lo primero es conocerla y recorrerla con el arquitecto, para entender y determinar sus posibilidades fotográficas y compatibilizarlas con los requerimientos del mandante. Después, definir cuántas fotografías requiere el cliente y cuál va a ser el uso que se hará a éstas.

Normalmente puede tomar unos dos días tener una primera batería de fotos que den cuenta de lo que es la obra. Mientras más tiempo le dedicamos a fotografiarla mejores resultados lograremos, pues estaremos profundizando en el entendimiento de cómo actúa la luz y hace visible la obra.

Como el presupuesto del que se dispone siempre es limitado, hay que sacar lo mejor de sí para que en pocas y precisas imágenes logremos describir y realzar la obra. Con una buena y bella arquitectura delante de la cámara, el proceso fotográfico se hace muy fluido e interesante, tanto así, que la cantidad de buenas fotos que produce una buena arquitectura puede ser tremenda.

Por el contrario, fotografiar mala arquitectura es muy difícil, pues cuesta mucho encontrar lo bello donde no existe (afortunadamente no me sucede muy seguido). Cuando me enfrento a una obra que no es de mi gusto, no queda más que ponerme mi traje de fotógrafo, extraer lo mejor de la obra y cumplir con la misión.

Creo que es muy caro fotografiar mala arquitectura, pero es mi trabajo y debo entenderlo así: estoy para prestar un servicio más allá de mis gustos por la arquitectura y de la obra en sí.

Guy Wenborne / FOTÓGRAFO
fotos@guy.cl

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