
BIOSFERA Y PLANIFICACIÓN TERRITORIAL
El modelo de Reserva de Biósfera: conciliar conservación y uso sustentable
Que hoy más del 80% de la población mundial vive en áreas urbanizadas no hace de la ciudad un modelo exitoso per se que pueda seguir expandiéndose sin considerar la ecología a la hora de generar proyectos arquitectónicos, urbanos o de planificación territorial.
Del griego oikos −casa, vivienda, hogar−, esta disciplina es el “estudio de la casa”, de la relación de los seres vivos y su entorno: los ecosistemas. En este sentido, el quehacer del arquitecto debiera considerarse como un eslabón más dentro del conjunto de ecosistemas del planeta: la Biósfera −los que interactúan a diferente escala y en todo ámbito (social, económico, cultural y biológico)− y no como una intervención aislada en un territorio cuyos límites naturales no coinciden necesariamente con las fronteras político-administrativas sobre las cuales se basa su planificación.
En 1974, la Unesco creó el concepto de Reserva de Biosfera (RB), con el fin de proteger, valorar y utilizar sustentablemente sitios únicos en el mundo por su riqueza, belleza, unicidad biótica y escénica, manteniendo los valores culturales asociados a ellos. A diferencia de los sistemas tradicionales de protección de áreas silvestres, de los que se excluye prácticamente todo tipo de explotación económica de sus recursos naturales, las RB incorporan el Enfoque Ecosistémico (EE) e integran en la planificación las necesidades socioeconómicas y espirituales del ser humano. Dicho enfoque se basa en 12 principios, entre los que destacan: el cambio como proceso inevitable; considerar toda forma de conocimiento: local, científico, indígena, etc.; evaluar consecuencias en otros ecosistemas; establecer objetivos a largo plazo; la gestión local de la explotación de los recursos y la toma de decisiones, así como una perspectiva económica para administrar los beneficios derivados.
Este es un modelo de desarrollo que forma parte del programa Hombre y Biósfera de la Unesco (MAB, en sus siglas en inglés) y se basa en la realización de actividades de investigación, conservación, monitoreo y educación; en la administración y gestión de dicha reserva en forma conjunta entre el Gobierno (sector público), autoridades locales, instituciones científicas y representantes de la comunidad, así como en la zonificación del territorio según el grado en que se puede intervenir en él (áreas de transición: para el desarrollo de las actividades económicas; de amortiguamiento: de bajo impacto, y núcleo: para la conservación de la biodiversidad).
Para entender el alcance que puede tener esta herramienta de gestión integrada del territorio, tenemos el caso de la RB Mata Atlántica de Brasil, que abarca el 15% de la superficie del país, incluyendo importantes ciudades como Río de Janeiro y Sao Paulo. Esta última, la cuarta más grande del mundo con 18 millones de habitantes, creó, gracias a la iniciativa ciudadana, su propia RB: el Cinturón Verde de Sao Paulo, cuyas 1,5 millones de há. rodean completamente la ciudad. Esta reserva ha fomentado la participación ciudadana en temáticas ambientales, logrando, entre otros, la modificación del trazado de autopistas y la generación de nuevos nichos de empleo gracias a la capacitación de jóvenes en temas de reciclaje, agricultura biológica y ecoturismo.
El caso de Sao Paulo forma parte la conferencia mundial “Biósfera Urbana y Sociedad: la asociación de las ciudades”, que desde 2003 agrupa a 11 urbes del mundo (Seúl, Roma y Montevideo, entre otras) con el fin de estudiar el concepto de Reserva de Biósfera como alternativa de desarrollo sostenible y conservación biológica y cultural. Desde ahí se analiza no sólo el impacto de las ciudades en el medio ambiente (huella ecológica), sino también problemáticas urbanas como, por ejemplo, las enfermedades respiratorias vinculadas a la contaminación (Ciudad de México) o los mecanismos de incentivo a la participación ciudadana en las acciones y decisiones que afectan al medio ambiente urbano.
Otra socia del grupo es Nueva York, cuya urbanización para 21,5 millones de habitantes ha provocado, entre otras cosas, el deterioro de muchos hábitats importantes, como los humedales, cuyo rol ecológico es esencial como lugar de descanso de aves migratorias y contención de inundaciones en las crecidas de ríos y mareas. A diferencia de las RB clásicas, donde las zonas núcleo no toleran el impacto humano, las RB urbanas, como propone NY, establecerían esta función para la conservación de la identidad de la ciudad y sus actividades sociales y culturales (en este caso, el área portuaria de Nueva York y Nueva Jersey), dejando la concentración de biodiversidad en zonas menos densamente pobladas.
La Unesco ha nominado 482 Reservas de Biósfera en 102 países del mundo. En Chile hay 8, de las cuales 7 no tienen asentamientos humanos permanentes y fueron nominadas hace 20 años, en congruencia con áreas silvestres protegidas administradas por la Conaf. La excepción la constituye la recientemente nominada RB Cabo de Hornos (julio de 2005), una iniciativa liderada por la Fundación Omora para conservar las 5 millones de há. de esta ecorregión única en el mundo y proveer una opción de desarrollo sustentable a los 2.300 habitantes de Puerto Williams, el poblado más austral del planeta.
La RB es un sofisticado modelo de desarrollo y planeamiento territorial que permite abordar situaciones tan diversas como Sao Paulo o Puerto Williams, en tanto no se pierda de vista las escalas espaciales y temporales apropiadas para su funcionamiento (EE). Un ecosistema es una unidad compleja y funcional de la vida y su entorno: la rama de un árbol, un jardín, una casa, un parque, un barrio, una ciudad, la Región Metropolitana, el valle central o todo Chile con su rica variedad de paisajes, donde el hombre, dada su diversidad cultural, es parte central de muchos de ellos. El modelo de RB se hace cargo de esa diversidad y propone, con una sólida base científica, una herramienta adaptativa de reconocimiento y reconciliación entre las sociedades y la naturaleza.