Claudio Lucero: “La ciudad es sólo un medio para ganar plata”

131_pensamiento_lucero_copy.jpgNació en Iquique Y ha recorrido gran parte del mundo buscando montañas, pero siempre le gusta volver a su querido Santiago. Ama la capital, le encantan sus parques, pero critica a quienes la ven sólo como una posibilidad para realizar negocios a costa de ella: “Nadie piensa en la ciudad hermosa y funcional. Que la persona sienta alegría de vivir aquí”.

Claudio Lucero lleva más de 60 años escalando las cumbres de América y del mundo. Fue el primer chileno en escalar el monte McKinley (6.194 metros), la cima más alta de América del Norte, y el Elbrus (5.642 metros), el más elevado de Europa. A ello hay que sumarle doce ascensos al Aconcagua (Argentina, 6.962 metros) y otros cinco al Ojos del Salado (Chile, 6.893 metros), además de haber sido el primer latinoamericano en escalar con éxito un “ocho mil” (Gasherbrum II, 8.035 metros, 1979) y de haber comandado el primer ascenso de una expedición latinoamericana a la cumbre del Everest (8.848 metros), en 1992. Además, es director y fundador de la Escuela Nacional de Montaña, miembro activo de la Sexta Compañía de Bomberos de Santiago y se dedica a realizar charlas y prestar asesorías a través de la empresa Vertical. Todo eso, sin embargo, es sólo una pequeña parte de un vasto currículum deportivo.
Claudio Lucero (74 años) es iquiqueño, pero ama Santiago, ciudad a la que llegó en 1951. Hoy reparte su vida entre Paine y la capital, donde vive años –en un pasaje declarado barrio típico– cerca de Avenida Matta. Su casa, calcula, es de 1920, y se ve tan tradicional como pintoresca. Su señora y sus hijos menores (Sofía, de once, y Jerónimo, de trece) viven en una parcela a las afueras de la ciudad. La idea es que se críen en el campo, en contacto con la naturaleza.
“Mi hija casi se mató el otro día: se cayó de un caballo”, cuenta con la naturalidad de años enfrentando contingencias adversas. “Pero al menos sabe lo que es un caballo, no como el niño que va al supermercado y cree que los pollos tienen muchas patas, porque hay pura pata de pollo. Yo quiero que mis hijos conozcan la naturaleza, que sientan la lluvia en la mañana cuando se van caminando al colegio. Que no sean niñitos de ciudad”.
Claro que, para Lucero, Santiago es distinto. Le gustan sus parques, los cerros integrados a la ciudad, como el Santa Lucía y el San Cristóbal, y por supuesto, el acecho de Los Andes. “El que ha vivido en Santiago y no ha salido nunca, cree que es lo peor del mundo. Pero no. Hay que conocer otras ciudades. Yo viví en Ciudad de México durante cuatro años y cuando se ha vivido en ciudades así, uno dice ‘Santiago es maravilloso’. Cuando la gente se queja, habría que preguntar con respecto a qué, con qué está comparando.”

El mismo Santiago
¿Cuánto ha cambiado Santiago desde que usted llegó por primera vez?
“Ha crecido, indudablemente, en extensión y en altura. Pero para mí sigue siendo una ciudad hermosa. Me gusta Santiago. Cuando yo llegué había un millón de habitantes, ahora hay cuatro o cinco. Y si uno lo ve desde esa perspectiva, se han quintuplicado los problemas. Desde el punto de vista de un bombero, por ejemplo, hay más llamados, más choques, más incendios. Desde el punto de vista de la delincuencia, también obviamente ha aumentado, porque ha aumentado la población. Y sabemos más de lo que pasa por los medios de comunicación. Pero cuando yo llegué a Santiago también asaltaban, también había barrios peligrosos, también había que tener cuidado al caminar de noche.”
“… Pero para mí Santiago es el mismo. Una ciudad bonita en la que me gusta vivir. Hay de todo aquí. Desde cosas artísticas, programas de pintura. Entretenciones. Lo que quiera uno comprar lo encuentra en Santiago. Cuando llegué era muy difícil encontrar equipo de montaña, mi especialidad. Había solamente una tienda, que se llamaba Casa Andina. Estaba en la calle Nueva York. Ahora hay cuarenta tiendas de equipos de montaña. Y encuentras de todo. Uno va a Europa y encuentra lo mismo que hay en Chile hoy.”
¿Qué es lo que más le gusta de Santiago?
“Los parques. Me gusta caminar por el Forestal. Yo trabajé muchos años en Providencia, en el sector de Pedro de Valdivia y Manuel Montt. Cada vez que salía de mi trabajo caminaba por Providencia y me metía al parque Gran Bretaña hasta la Plaza Italia. Y me olvidaba del trabajo, me relajaba. El Parque Forestal es maravilloso. ¡Esos árboles! ¡Esos plátanos enormes! Me gusta mucho el cerro Santa Lucía: tenemos un cerro en medio de la ciudad. Uno sube al cerro y se sienta a mirar Santiago. Mira cómo la ciudad hierve mientras uno está ahí, en un oasis.”
¿Y lo que menos?
“La mugre. La suciedad. Pero eso ya no es problema de la ciudad, es más bien un problema de la gente que vive en ella. Todavía no existe una cultura de limpieza. Por eso a veces pienso que ojalá la gente no vaya a la montaña. Porque la contamina toda. Deja todo botado. Eso me desagrada.”

Al mall se entra gratis
¿Existen razones para afirmar que Santiago es una ciudad que mira hacia la montaña?
“Curiosamente, no. Santiago, en vez de crecer hacia la montaña, se expandió hacia las zonas cultivables. Ahora bien, la gente no ve lo que no quiere ver, pero es hermoso. Yo salgo de aquí a la calle y veo la montaña. Y si no me basta, voy a la montaña si quiero verla. Los árboles tampoco dejan ver el bosque. Yo, a las personas, a veces en mis charlas les digo: ‘¿Qué opinan de cómo se veía hoy la montaña?’. Háganle esa pregunta a la gente: ah, es que no la vi, salí muy apurado, me responden. ‘¿Cómo estaba el cielo en la mañana?’. No, no lo miré. Por eso digo que la gente no ve porque no quiere ver.”
¿Por qué el santiaguino no frecuenta más la montaña?
“Miremos la publicidad de vacaciones de invierno. ¿Adónde invitan a los niños? A un mall, en vez de invitarlos a caminar por un sendero en la precordillera. Aquí hay parques en la precordillera. Uno llega en micro hasta el Parque Mahuida y puede caminar por un sendero. Y ver vegetación y aves nativas, escuchar los pájaros. Oler la tierra mojada. Se puede ver y está en Santiago, pero la gente no va. Quizás porque los malls están calefaccionados y tienen lo que la gente más consume hoy día… Hay patios de comida donde la gente se compra un cucuruchito de papas fritas y se siente feliz.
“Pero además creo que hay otras razones. Una, porque el santiaguino es cómodo. Ahora, todos estos contrafuertes cordilleranos que podrían ser hermosos paseos, en que uno salta y en pocas horas está metido en un mundo salvaje, nativo, son propiedad privada. No te dejan pasar. ¡Casi no quedan lugares adonde uno pueda ir gratis fuera de Santiago!
“…Los Parques Nacionales deberían ser gratis para los chilenos. Pagamos impuestos, ¿por qué tengo que pagar para entrar a un parque? Sale más caro llevar a los niños a un parque que al mall, que es gratis. La entrada al mall todavía sigue siendo gratis.”
¿Qué ayudaría a hacer una ciudad donde hubiera más cultura de montaña?
“Es que yo creo que esto es histórico. Los españoles nunca fundaron ciudades en la montaña, siempre lo hicieron en el plano. Y bueno, Santiago podría haberse extendido hacia la montaña, pero no, se extendió hacia el valle, hacia abajo.
“Ahora, yo pienso que es un error seguir extendiendo la ciudad, porque el costo es muy alto. Como pasó con La Florida. Se extendió La Florida y hay que extender líneas telefónicas, líneas de alcantarillado, líneas de agua. Hay que extenderlo hacia allá y siempre las extensiones fueron para satisfacer las necesidades inmediatas. Yo creo que ése es el problema actual de Santiago: estamos acostumbrados a solucionar los problemas con un parche. La ciudad fue creciendo y parchaban un poquitito. No hemos ido siendo previsores. Crece la ciudad, pero no crecen al mismo ritmo los servicios para la gente. Entonces, vamos siempre atrasados. Es como el tipo que está con deuda y está pagando los intereses nomás, pero dejando la deuda igual.”

Déficit de políticas apropiadas
¿Qué le diría usted a las personas y empresas que están planificando Santiago?
“Cuando llegué a Santiago, a comienzos de los años 50, se hablaba del cordón de la ciudad: la circunvalación Américo Vespucio. Esa era la ciudad y no iban a permitir que creciera más allá. Mentira. No hay una política seria, responsable, que se sostenga en el tiempo. Llega un señor alcalde y quiere poner tales normas. Llega otro y no, esas normas son malas y quiere poner las suyas. Y pasa lo mismo con los gobiernos: no hay políticas a largo plazo. Como en el deporte. Siempre estamos parchando. No hay un programa a diez o veinte años plazo. Nadie dice vamos a hacer esto porque en treinta años más Santiago va a tener ocho millones de habitantes. ¿Qué problemas se nos van a venir cuando tengamos ocho millones de habitantes?”
“¿Usted sabe cuántas veces han construido y han demolido la Plaza de Armas? Más de diez veces. Hay un alcalde nuevo y llega un gallo a ofrecerle un monumento al indio: horrible. Llega otro alcalde y no, vamos a hacerlo peatonal. Ése es el problema de Santiago: todos se preguntan ¿ y cómo voy yo en la parada (económicamente)? Nadie piensa en la ciudad hermosa, funcional. Que la persona viva en su ciudad, sienta alegría de vivir en la ciudad. No. Cuánto voy a ganar con este negocito de arreglar esta plaza. Todos los que critican el caso de los Cerrillos. ¿Cuántos millones están en juego ahí? Y el que se gane esas propuestas se va a hacer millonario. ¡Y qué importa que sirva o no sirva para diez años más! En todos los gobiernos ha pasado lo mismo.
“Entonces, toda la gente quiere ganar dinero. Toda la gente quiere hacerse millonaria. Y la ciudad es el medio para ganar plata nomás. ¿Pero quién realmente quiebra lanzas por una ciudad mucho más sana y mucho más atractiva?”

Por Jorge Velasco Cruz
Foto Ã?lvaro de la Fuente

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