
Mirando de poniente a oriente. Al fondo se ve la cordillera de los Andes y adelante los cerros de la cordillera de la Costa. El Valle Central de Chile permanece oculto entre ambas cordilleras (1). Esa deliberada omisión hace referencia al afán de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Talca por constituir en aquel valle una pregunta relativa al destino de ese territorio. Convenir en que la imagen muestra un paisaje. Y que un paisaje, entre otras muchas definiciones, es la manera como se percibe un territorio (2). Y que esta será la columna vertebral a las múltiples aproximaciones para enfrentar los nuevos desafíos.
1. Se trataba de un encargo honesto, que pretendía una respuesta de los estudiantes que sirviera como tema para conversar con cada uno de ellos para, una vez superada esa seguidilla de charlas de quince minutos, pasar a aquello de la enseñanza de la arquitectura, de la enseñanza en serio. Construir un cubo de 25 centímetros de arista con materia de Talca, o del lugar en que vivieran los que no son de ahí, parecía un requisito simple que ni lejanamente permitía imaginar los cubos de batro, de curagüilla, de cochayuyo, de orujo, en fin, de toda esa materia de la que efectivamente están hechos Talca y sus alrededores.
Afirmar que las partes tienen mucho que decir, a la hora de repetir eso de que el todo es más que la suma de las partes, se hace necesario para dar cuenta de la idea de territorio que empieza a configurarse al ver juntos esos cubos de 25 centímetros de arista. El encargo, honesto entonces, permite ahora implementar una visión del territorio desde abajo hacia arriba, nada más que para oponerse a esa mirada de arriba a abajo que parece ser el sino de la palabra territorio, siempre plasmada en grandes láminas de planos a escala kilométrica pintados de colores.
2. Los elementos del espacio urbano no alcanzaban para intentar una entrada al espacio rural. Palabras como sendero, recodo, bajo, reguero y cancha, que son las que nombran el espacio rural, no estaban en el imaginario de profesores formados y criados con palabras como avenida, centro, plaza, calle y esquina. Quizás si la urbanización del territorio encuentre, en esa simple constatación, una de sus condicionantes.
3. Establecer, más o menos apriorísticamente, los límites del Valle Central de Chile en la angostura de Paine por el norte, el río Bío-Bío por el sur, la cordillera de la Costa por el poniente y la de los Andes por el oriente, junto con enunciar las condiciones espaciales, climáticas, culturales y económicas del espacio así definido, permitió configurar un territorio que, a poco andar y como otros tantos territorios del mundo, dio señas de aspirar a constituirse en una región del mundo.
El cruzamiento cuantitativo de datos globales sobre calidad del suelo, clima mediterráneo y agua para riego, da origen a una imagen en la que sólo aparecen Australia occidental, California, Israel, Sudáfrica, Valencia y el Valle Central de Chile, lo que potencia al “agropolo” como única respuesta pertinente a la hora de preguntar por el rol global del Valle (1).
Esto, a propósito del lanzamiento en 2006, por parte del Ministerio de Agricultura, del proyecto Chile Potencia Alimentaria, el cual, en términos simples, aspira a duplicar las producciones y exportaciones agrícolas en un plazo de siete u ocho años y, por lo mismo, abre un frente proyectual de dimensiones semejantes a las que el desafío así formulado le impone a esos territorios.
4. La aspiración de formar a un arquitecto que sea capaz de pasar de la escala 1:25.000 a la 1:25 de manera natural y sin perder de vista todo aquello que conforma lo que hay entre esos dos extremos, parece constituir nuestra utopía, si acaso corresponde llamar así a algo de lo que a ratos creemos andar cerca. Y es que la periferia, ese espacio carente donde tanto cuesta formar redes calificadas, requiere contraponer aciertos a la seguidilla histórica de acciones que, por sordas y específicas, a poco andar se delatan como errores sobre los cuales se han de fundar nuevos errores.
Imaginar un péndulo que en uno de los extremos de su movimiento encuentra el territorio y, por el otro, el detalle, tal es la analogía que informa esa aspiración que denominamos “la amplitud de la mirada” y que es la interpretación de aquel “arquitecto del territorio” que hace años encontramos en la Academia de Mendrisio, cuando aún no reparábamos que el nuestro era otro mundo.
5. En el extenso territorio del Valle Central de Chile campean las señales de televisión emitidas desde Santiago, pues si bien existen estaciones locales, el alcance de sus transmisiones está limitado tanto espacial como temporalmente, por lo que aquellas antenas que colman como lanzas la cumbre de los cerros de la cordillera de la Costa no hacen más que dar cuenta de esa conquista mediática que, día tras día, el centro ejerce sobre esta fértil extensión.
Sin embargo, el hecho de que las noticias vuelen por una enmarañada trama de amistades, parientes y vecinos desde Corinto, en la cuenca del río Maule, hasta Machalí, en la cuenca del Cachapoal, lleva a recordar a Cosimo, el Barón Rampante de Italo Calvino, cuya vida transcurre de árbol en árbol conformando un plano paralelo a aquel donde transcurre la cotidianidad del territorio.
6. La revisión de los Planes de Desarrollo Comunal permite comprobar que, en la mayoría de los casos, las comunas planean un museo y unas cuantas pavimentaciones. Así, si hubiera fondos para construirlo todo, tendríamos por resultado un museo en cada comuna y calles recién pavimentadas al interior de éstas, sin la más mínima conectividad necesaria hacia las comunas vecinas. .
7. Poco se tardó en comprobar que Talca, en cuanto a ciudad de calidad urbana discreta, no alcanzaba para informar el proceso de enseñanza de la arquitectura, al menos en sus primeros años. Esa etapa, que en geométrica analogía hoy es llamada “la etapa del punto”, dejó lugar al trazado de una línea imaginaria en sentido oriente-poniente, cuya delineación coincidía con Armerillo en la precordillera, y con Putú en el litoral, intersectando en su recorrido lugares como Aurora, Curtiduría y Nirivilo, todos ellos pequeños poblados que en su conjunto constituían, parafraseando a Fernández-Galeano, más un territorio súper-rural que sub-urbano. Esa etapa, que por exploratoria y extensiva hoy es recordada como “la etapa de la línea”, fue la que dio origen a una conciencia territorial en nada premeditada sino, según se puede entender, porque no nos quedaba otra.
La consecuente “etapa del plano” surge al reparar en la realidad de la cuenca del río Maule, realidad que coloca el agua a la par de la tierra en cuanto soporte, y permite atisbar los alcances de la relación entre identidad y territorio. Posteriormente, ya en 2002, surge el proyecto Ciudad Valle Central, el cual, con el término de los trabajos correspondientes a la concesión del tramo Santiago-Talca de la ruta 5 Sur y de la puesta en marcha del ferrocarril Santiago-Chillán-250 minutos, pretende operar sobre el total del territorio desde Rancagua hasta Chillán, con la lógica del proyecto e inaugurando un territorio en su plenitud como soporte de nuestro quehacer.
La obra, construida como proceso de titulación, no ha hecho sino dar inicio a otro proceso. La interpretación del principio hologramático mencionado por Boisier (4) ha constituido cada una de las hasta ahora 31 obras construidas al sur de Santiago, en una nueva aproximación al territorio desde la arquitectura y a la arquitectura desde el territorio. Decir que la obra está en el territorio y el territorio en la obra parece un buen nuevo punto de partida.
Referencias y bibliografía:
1. Héctor Labarca Rocco: 2001.
2. Terradas, Jaume: “El paisaje y la ecología del paisaje” en: Ramón Folch, editor: “El territorio como sistema”, Diputación de Barcelona, 2003.
3. Universidad de Talca y MVRDV: “CVC”, Talca, 2004.
4. Boisier, Sergio: “El desarrollo en su lugar”, Universidad Católica de Chile, Santiago, 2003.
5. Carlos Candia.
