Desarrollo inmobiliario en la V Región: ¿Crecimiento urbano o un negocio seguro?


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por José Pedro Vicente



El desarrollo económico, el mejoramiento de las autopistas, y el crecimiento exponencial de la población, son algunas de las realidades que conducen una interesante explosión inmobiliaria en la V Región, generando por una parte, una importante mutación urbana en pro del desarrollo y por otra, una significativa fuente de trabajo. Razones substanciales para el progreso de una ciudad, sin embargo, es esta misma, la que se ve afectada por dichas consecuencias asociadas a un determinado Plan Regulador Comunal y las respectivas condiciones de edificación de cada propiedad. Sus normas, las cuales no mandan, más bien impiden o permiten, por ende, aprueban dentro de un marco rentable, todo lo que no está prohibido, autorizan resultados como los que vemos manifestarse desvergonzadamente en ciertos puntos emblemáticos de Viña del Mar, tales como, el morro de 15 Norte y Las dunas de Reñaca/Concón. Importantes áreas de la Ciudad Jardín, escogidos paradójicamente para plasmar la fuerza de la realidad inmobiliaria.


En el primer caso, se exhibe la libertad que posee la desnaturalizada competencia por la vista al mar, sin mayor interés, no sólo el cambio de suelo que significa pasar de un importante y escasa área natural, a un pavimento que facilita las instalaciones de innumerables torres, sino también, un desentendimiento sobre la persona o grupo de ellos, que ilusionadamente gastó todo su capital en una propiedad, cambie sin explicación alguna, una anhelada vista al horizonte y a la puesta de sol, por una suma de fachadas posteriores de edificios que van brotando al corto plazo, regalándole una fría sombra a las 15 horas y extrañas corrientes de viento entre volúmenes. Cruda realidad si pensamos que esta consecuencia es producto de una interferencia entre edificaciones, una deslealtad de un proyecto con el otro, que deja de serlo, si es que la norma no establece lo contrario, pasando la arquitectura a un segundo plano, aun siendo proyectado por arquitectos.
Siendo testigos de esta realidad, y su lamentable consecuencia en los bienes de un particular, vemos que la nota se agrava, con la repercusión que origina sobre los bienes naturales de la ciudad, así lo evidencian las Dunas de Reñaca, sobre las cuales se calculan entre 1 a 25 millones de años de existencia, conocidas también como fósil urbano, ya que “participaron en su formación factores climáticos, petrográficos, hidrográficos, topográficos, oceánicos y fitogeográficos, que son irreproducibles hoy en día” 1, razón por la cual fueron declaradas como Santuario de la Naturaleza. Dicho galardón, en agosto de 1993 según el decreto supremo n° 481/93 correspondía a una superficie aproximada de 45 hectáreas, luego, en marzo de 1994 según el Decreto Supremo N° 106/94 lamentablemente queda reducido a 12 hectáreas y más aún, con la mitad de esta superficie fuera del perímetro original definido por los especialistas como territorio mínimo para mantener el ecosistema.


Curiosamente el roce del tiempo en millones de años no le ha significado el daño que le ha causado la última década, ya que hemos sido testigos de un cambio como fósil urbano, a un murallón de hormigón armado conformado por más de 15 torres, las cuales se han encargado de cambiar un escaso, potente y necesario bien natural, por miles de habitantes, cientos de autos, señaléticas de tránsito, locomoción colectiva, basureros, rejas y áreas de estacionamientos entre otros componentes. Frente a resultados como éstos, los señores Krishnamurthy y Nascimento en su publicación Áreas Verdes Urbanas en Latinoamérica y el Caribe, señalan que “El manejo sostenible de las áreas verdes urbanas contribuye al bienestar ambiental, social y económico de las sociedades urbanas y debe ser una parte indispensable de cualquier estrategia ambiental del desarrollo sostenible de las ciudades” .


En síntesis, la situación actual de Las Dunas se presenta como un bien natural protegido y privilegiado, después de un gran esfuerzo, como Santuario de la Naturaleza, pero incomprensiblemente dejado de lado en su interés y cuidado. Por otra parte, vemos cómo lentamente comienza a desaparecer transformándose en una potencial área de proyectos inmobiliarios que en suma, se transforman en una barrera que le impide a la ciudad, su contacto con el horizonte y su anhelada vista al mar. Lo más probable es que el cuidado de éste y otros bienes naturales, a largo plazo, podría generar más beneficios de los que entrega la venta rápida de tal seccional, así lo ha demostrado la Legislatura del Estado de Nueva York aprobando una ley que asignaba un terreno, en el medio de Manhattan, para el desarrollo del primer gran parque público de la nación con 3.41km², diseñado por los arquitectos Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux. De un terreno sin árboles, rocoso y pantanoso crearon un oasis urbano arbolado que ha sido disfrutado por generaciones, presentando una asistencia de 25 millones de personas al año.


Gran parte de las gestiones iniciales correspondieron a la liberación del espacio necesario, erradicando a una importante cantidad de afroamericanos de origen alemán e irlandés, sumándosele a esta expropiación, el Convento de las Hermanas de la Caridad y los aproximadamente 1.600 residentes de clase trabajadora que ocupaban el área en aquel tiempo, quienes fueron desahuciados conforme a la regla de expropiación durante 1857. Finalmente Séneca y parte de otras comunidades fueron derribadas para la construcción del parque. Luego, mas de 14.000 m³ de tierra fueron transportados desde Nueva Jersey, ya que el terreno original no estaba suficientemente bien como para albergar la variedad de árboles, arbustos y plantas que involucraba el diseño.


Frente a estas importantes labores, es el contraste el que llama la atención, ya que son trabajos prácticamente inalcanzables para Chile en vías de conseguir un área verde como ésta, sin embargo, es este mismo país el que lo tiene de manera gratuita, dándose el lujo de eliminarlo rápidamente para el levantamiento de grandes edificaciones.
El significativo protagonismo del Central Park, incluso en una de las ciudades con mayor valor de suelo por metro cuadrado, le entrega una calidad de vida que difícilmente podemos pasar a pesos, la cual conlleva una serie de beneficios desde atmosféricos hasta sociales, tanto es así, que la gente al tener pocos espacios abiertos a los que podía acudir, se dirigía principalmente a los cementerios para alejarse de la ruidosa y caótica vida de la ciudad. Hoy su valor inmobiliario se estima en más de 500 mil millones de dólares, y aun así, permanece como parte importante de la ciudad, sin atisbo alguno de comenzar su parcelación y venta de lotes para continuar con los interesantes rascacielos y fuertes ingresos.
Volviendo a nuestra realidad, independiente de las magnitudes del caso, vemos que lamentablemente, cualquier inversión que no este directamente relacionada con la obtención de beneficios al corto plazo, lamentablemente no es de interés, pagando las consecuencias no sólo los espacios verdes, si no también, los propios habitantes de la ciudad.
El sistema urbano, en este caso, consume desmedidamente una cantidad importante de superficie, sin otorgar una retribución proporcional equivalente a los bienes naturales y áreas verdes extenuadas, siendo éstas, las que aumentan la probabilidad de contactos, interacción, y recreación de los habitantes, que en definitiva es, una de las importantes definiciones de ciudad. Finalmente, podemos concluir que el desarrollo inmobiliario en los casos mencionados de la Quinta región, está creciendo y evolucionando al revés de una lógica, al menos prudente, pagando todos por el beneficio de unos pocos, siendo más razonable, el pago de unos pocos por el beneficio de todos.

1. Información obtenida en sitio web: http://www.concon.cl/campodunar.htm visitado en diciembre 2006
2. Krishnamurthy, L. –1. Información obtenida en sitio web: http://www.concon.cl/campodunar.htm visitado en diciembre 2006
2. Krishnamurthy, L. – Nascimento, José Rente. Áreas verdes urbanas en Latinoamérica y el Caribe. Publicado en Chapingo, Estado de México por la Universidad Autónoma Chapingo. 1988. Edición electrónica disponible en http://www.iadb.org/regions/re2/en2/avuliv-elc.htm visitada en febrero 2007.

José Pedro Vicente
Arquitecto de la U. de Viña del Mar y
Magíster en Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
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