opinión: El Negocio de la Exclusión o la Celebración del Gueto

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por Igor Rosenmann Becerra


Actualmente, un tipo especial de negocio inmobiliario está produciendo una nueva forma de segregación y fragmentación social caracterizada por una paulatina “guetización” urbana, esto es, una macrodistribución periférica de microsegregaciones encerradas, que hacen más patente aun la exclusión y la hostilidad social.

EXPLICACIÓN DEL NEGOCIO ACTUAL
La segregación tradicional del mercado del suelo en Santiago.
Una de la cualidades de la Arquitectura que nos importa resaltar en este caso es la de ser mercancía. La obra de arquitectura y su suelo urbano tienen valor de uso y valor de cambio, contienen plusvalía y se transan en el mercado como producto localizado en un lugar. Debido a que este producto es fijo, único e inmóvil, y por lo tanto vale por lo que tiene alrededor, se produce una estratificación en el espacio según el poder adquisitivo. Con esto se define un agenciamiento social y cultural que, a través de distintas y diversas formas, define una particular y diferenciada manera de apropiarse del espacio −del privado y del público− por parte del ciudadano. Así, nuestras ciudades son segregadas y fragmentadas en distintos “mundos” espaciales corporalizados. En otras palabras, existen muchos y distintos “Santiagos”.
Existe el Santiago de la clase alta y media, con grandes zonas de concentración de gestiones inmobiliarias y un gran volumen de sobre-ganancias localizadas (negocio con altas rentabilidades), formando un círculo vicioso de riqueza urbana.
Existe otro Santiago de clase baja y media, con vastas zonas pobres, de bajo valor urbano, periféricas o centrales segregadas, con espacios urbanos inhóspitos, tristes y con muchos trastornos sociales. Viviendas chicas, sin calidad, repetitivas y extensamente agrupadas, produciéndose una espiral contraria a la anterior, de pobreza urbana.
Hoy, esta segregación social del espacio inherente al capitalismo del suelo urbano se ratifica y se expande a niveles insospechados. El fuerte crecimiento residencial inmobiliario de los últimos años se ha concentrado en la periferia y sólo en unas pocas comunas del Gran Santiago, con una distribución de los tamaños promedio de las viviendas tal, que la ciudad se está consolidando en este nuevo siglo, con una forma netamente diferenciada, periférica y claramente estratificada en zonas de ricos y zonas de pobres, dejando en el abandono vastas zonas intermedias del casco antiguo y patrimonial.

La “guetización” del habitar
Hoy día el promotor inmobiliario ha pasado a gestionar todas las operaciones involucradas en la producción y venta de espacios construidos, desde la elección del terreno hasta el financiamiento a los compradores, pasando por la definición de los diseños, estándares y la subcontratación de la obra de construcción y las campañas de marketing. De esta forma, la sobre-ganancia de los negocios con la tierra urbana (maximización de las rentas del suelo y plusvalía de la construcción) pasa a “agenciar” toda la operación urbana.
Entonces, este gestor inmobiliario más poderoso logra modificar el destino social de los sectores residenciales y áreas de crecimiento de la ciudad, llevando familias de estratos medios y altos a habitar comunas tradicionalmente pobres y populares. Esta nueva situación, de cambio de destino socioespacial, se hace posible por el gran tamaño de los proyectos y la alta rentabilidad asociada. El promotor compra suelo semi-agrícola a muy bajo precio, correspondiente a las condiciones de pobreza de los sectores aledaños a los terrenos elegidos, y vende, a un precio extremadamente superior, “suelo urbano edificado” a familias de clase social más alta.
Sin embargo, esto sería casi imposible de lograr si no se ofreciera a esta demanda de mayor categoría social “barrios” cerrados, amurallados o enrejados y vigilados, con una calidad ambiental interior similar a la de los barrios de clase alta. Es decir, se construye y se vende espacios urbanos autosegregados, excluyentes y conectados restringida y vigiladamente con la ciudad… Antibarrios.
Estas operaciones inmobiliarias logran reducir la escala espacial de la segregación y se mejoran las condiciones ambientales urbanas de poblaciones históricamente carentes de equipamiento y calidad urbana; sin embargo, logra también implícitamente una nociva forma, violenta y hostil, de separación social. Estas conformaciones adoptan una particular forma fortificada, con vigilantes, cámaras de seguridad y acceso único y restringido. Los reglamentos de copropiedad impuestos limitan la vida colectiva, se prohíbe el comercio de barrio y actividades urbanas “no deseadas” en su interior. Su arquitectura es comercialmente tipificada y estéticamente unitaria. Con todo esto, se logra un ambiente enclaustrado de homogeneidad y orden. Esta fragmentación urbana fortificada anula el barrio y sus características sociales vitales, heterogéneas, integradoras e Interactuantes y de conexión física y social con la ciudad. Se materializa violentamente la discriminación, haciendo patente la exclusión y la hostilidad social.
Entonces, la segregación social tradicionalmente de escala macrourbana (fragmentación social en grandes zonas intercomunales conectadas integralmente con la ciudad) cambia, en este caso, a una segregación microurbana y más intensiva (fragmentación social en pequeños sectores intracomunales y fortificados).
Muchos de estos intentos modernos de hacer revivir los espacios del gueto, promovidos por el negocio inmobiliario y las políticas urbanas estatales asociadas a ese mercado, han buscado transformar las vidas segregadas en una identidad colectiva honorable. Pero esta vuelta al honor del gueto ha significado adoptar una actitud introspectiva, tanto espacial como mentalmente. La mayoría de los esfuerzos dedicados a la construcción comunitaria se centra en definir una identidad común, recuperando espacios de la ciudad que definan un centro de esa vida comunitaria, más que en establecer contacto con los que son distintos. Esto termina transformándose en un miedo al extraño que es lo que definitivamente destruye al barrio. Con esto se anula la interacción ciudadana heterogénea y diversa, reemplazándola por un centro de vida común encerrada, homogénea, rígida y única… el territorio comunitario local se transforma en algo moralmente sagrado. Es la “celebración del gueto”.

En vez de abrir y transparentar el acontecer, confiando en el autocontrol ciudadano −que es más múltiple e integrador−, se confía más en la cámara de televigilancia, en la empresa de seguridad y en los muros y rejas. Ocurre entonces un contrasentido: “lo de afuera”, la ciudad real, las calles públicas se transforman en espacios vacíos, prácticamente de mera circulación, sin vida y sumamente peligrosos, agravando lo que supuestamente se quiere evitar. Por último, todo esto produce una exacerbación de la paranoia de la inseguridad, más resentimiento, más temor y un estrés generalizado, pero no logra efectividad a largo plazo ni una real sensación de seguridad urbana. Sennett exclama: “La destrucción de una ciudad de guetos es tanto una necesidad política como sicológica”.

Si el poder político y económico, la sociedad civil y las personas, no consideramos en forma seria lo aquí planteado, pienso que no existirán reales soluciones a los problemas de la calidad de vida en nuestras ciudades. El futuro no está sólo en los negocios tecnológicos e inteligentes, también está en los nuevos rituales, acciones e interacciones de intereses públicos y usos urbanos. El futuro está en la integración y coordinación de una multiplicidad de lógicas, subjetividades, estrategias e intereses impersonales, colectivos.

Sennett se pregunta: ¿Puede la diversidad urbana vencer las fuerzas del individualismo? La verdad, yo no estoy seguro, pero lo que sí está en cuestión con esta pregunta es cómo lograr “racionalidad” en un desarrollo intraurbano que aproveche el casco existente, favoreciendo la heterogeneidad y simultaneidad del uso del suelo y la conformación de barrios como un lugar con identidad impersonal, común, pero con dominio de la vida pública en una complejidad y diversidad que ayude a otorgar mayor seguridad y amabilidad ciudadana. Hoy están dadas las condiciones para que el Estado pueda enmendar la gran responsabilidad que le ha cabido como agente de la “guetización” en nuestras ciudades. ¿Podrá el Estado apoyar e incentivar tendencias del mercado que estimulen la real integración urbano-social, con políticas reales de control de precios y especulación de la tierra? Una tarea, a mi juicio, insoslayable.

1. Noción más amplia que la de estructura, sistema, forma, proceso, etc. Un agenciamiento comporta componentes heterogéneos sea de orden biológico, social, maquínico, gnoseológico, imaginario, etc. Término acuñado por Felix Guattari y extractado del libro Cartografías del deseo, de Francisco Zegers editor, 1989.

2. A. Rodríguez y Lucy Winchester, “Santiago de Chile: una ciudad fragmentada”, en Santiago en la globalización: ¿una nueva ciudad?, editado por C. de Mattos, M.E. Ducci, A. Rodríguez y G. Yañez Warner. Ediciones SUR y EURE Libros, P.U.C. Santiago, agosto 2004.

3. Francisco Sabatini y Gonzalo Cáceres, “Los barrios cerrados y la ruptura del patrón tradicional de segregación en la ciudades latinoamericanas: el caso de Santiago de Chile”, en Barrios cerrados en Santiago de Chile: entre la exclusión y la integración residencial, G. Cáceres y F. Sabatini editores, Lincoln Institute e Instituto de Geografía, P.U.C. de Chile, junio de 2004.

4. Viene de “agenciamiento” (ver nota nº1). Un agenciamiento comporta componentes heterogéneos, sean de orden biológico, social, maquínico, gnoseológico, imaginario, etc. (Félix Guattari, Cartografías del deseo, de Francisco Zegers editor, 1989).

5. Sabatini destaca que la estructura de precios del suelo en Santiago ha tendido a una mayor homogeneidad después de la aparición del fenómeno que yo he llamado de los anti-barrios y de la construcción de grandes centros comerciales y megaproyectos empresariales fuera de las zonas de alta renta, provocando la propagación espacial de las alzas de la tierra, contribuyendo a expulsar a los pobres de la ciudad como un todo. Desde hace algunos años los programas de viviendas sociales para los grupos más pobres se están localizando a decenas de kilómetros más allá del borde de la ciudad de Santiago con una precaria densificación. Es decir, los efectos positivos de reducción espacial de la escala de segregación para los pobres de las comunas periféricas elegidas por los promotores inmobiliarios para localizar sus conjuntos residenciales, está generando al mismo tiempo lo opuesto: una segregación social de nuevas familias pobres en una escala espacial ampliada de alcance regional.

6. Richard Sennett , El declive del hombre público 1974-1976, trad. Gerardo Di Masso, Barcelona, Ediciones Península, enero de 2002. En todo caso, se sabe que este fenómeno es internacional. Según datos entregados por Paul Virilio, se estima que hoy un 30% de la población del mundo “se está refugiando en ciudades-refugio situadas a distancia de las megalópolis en desgracia: los priva-topía, suerte de campos atrincherados, que amparan la existencia confortable, la vida y los bienes de los privilegiados del tecno-liberalismo, en un territorio distante y hostil.” (Paul Virilio, Un paisaje de acontecimientos, Espacios del Saber, Editorial Paidós 1997.

7. Es importante aclarar que esta tendencia al encierro atraviesa todas las clases sociales, sin embargo, en los sectores de clase baja y media baja se produce de una forma menos fortificada y más conectada con el barrio. Los pasajes y calles de las “villas” o “poblaciones” se cierran con rejas, pero sin vigilancia, y menos armada, logrando el mismo efecto reducido, realizado de una forma más transparente y un tanto más “accesible”. Por tanto, a mi juicio, esto no alcanza a constituirse en un encierro tipo“gueto”, sino más bien se trata de un “cerramiento comunitario” con objetivos de seguridad y control de calles o pasajes o plazas locales. Se produce entonces, una “apropiación comunitaria forzada” del espacio público inmediato, generando desconexión y discontinuidad en los barrios, pero no cambia notablemente la configuración física y social de él.

Igor Rosenmann Becerra
Arquitecto, Universidad de Chile.
Magíster Desarrollo Urbano, Instituto de Estudios Urbanos de la P. Universidad Católica de Chile.

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