Optimización energética: rumbo a la certificación

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Esta revista, la última CA del año 2007 y la última también de la etapa junto a Publicaciones Lo Castillo, la dedicamos de manera introductoria a un nuevo ciclo que pasará a formar parte de la arquitectura en el futuro: aquél relacionado con la optimización energética y sostenibilidad aplicada de los proyectos de arquitectura.

Algunos números atrás (CA 122), tratamos el tema la responsabilidad energética que le compete a nuestra profesión desde una perspectiva global, abordando de manera general el nuevo panorama de desarrollo económico: bonos de carbono, calentamiento global y fuentes alternativas de energía.

Esta vez, nos acercamos más al ejercicio de la profesión en un contexto nacional, relacionando con evaluaciones concretas, proyectos reales y nuevas posibilidades desde las materialidades, y reconociendo el nuevo ámbito de las certificaciones en este rubro, que volverá a ser abordado en el marco de la próxima Bienal. Decisivo para nosotros fue entender que la eficiencia energética es solo una parte de la sostenibilidad. Esta última tiene que ver con la correcta administración de los recursos naturales, tales como el agua, aire, el suelo y la biodiversidad, que afectan directamente nuestra calidad de vida.
Todo esto, precisamente en momentos en que el tema de las fuentes de energía, matriz del desarrollo económico de nuestro país, enfrenta una crisis que urge solucionar. Lo sustentable –o sostenible, en un más correcto castellano– es un concepto nada fácil de incorporar al ejercicio de la profesión, que ha sido enseñada y practicada por décadas con una estructura de desarrollo del proyecto que no deja espacio para la intervención de especialidades relacionadas con sostenibilidad y energía. Esto es, sin establecer metas de cuan sostenible o “verde” pueda ser el edificio que se quiere proyectar y construir.

La eficiencia energética, en cambio, es un concepto más accesible, cuantificable y medible, sobretodo en la contingencia de la actual crisis energética, que se reflejará ostensiblemente en costos que prometen aumentar al doble (el precio de la electricidad ha subido un 50 por ciento en un año). Estos altos costos de mantención a los que se someten los dueños o sostenedores de edificios hacen que cada vez más personas se sensibilicen frente a conceptos básicos de ahorro de energía. Pero al mismo tiempo, debido sobre todo al desconocimiento, también proliferan decisiones “energéticas” autodidactas con resultados reales inesperadamente poco eficientes.

Este panorama introduce un nuevo factor a considerar: las certificaciones. Estas anticipan un futuro que promete ahorrarnos asesorías, proyectos y decisiones “verdes” poco fundadas. El proceso es largo y tiene que ser consensuado entre todos los actores involucrados en la construcción, teniendo en cuenta que en Chile el rubro de la edificación es responsable de un 20% del gasto energético nacional. Pero avanzar en esta dirección resulta vital para definir nuestras metas como país y, de manera más práctica, acordar un lenguaje común de certificaciones y objetivos a alcanzar. En este sentido, el rol de los arquitectos o planificadores de nuevos entornos es realmente importante. No solo desde el punto de vista del anteproyecto, sino también desde la construcción y los futuros costo de mantención.

Paulina Villalobos / Directora Revista CA

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