
por ELIANA ISRAEL J. / WALTER FOLCH G.
La formación de arquitectos juega un rol que va más allá del hecho arquitectónico, es un tema país y de análisis público, dada la responsabilidad que tenemos como colaboradores, proyectistas y constructores de nuestro medio ambiente. Es entonces de relevante impacto para el futuro, el logro en los procesos de formación, verificación y validación de la educación universitaria y su respectiva medición y balance, para garantizar calidad en la enseñanza entregada.
Por esa razón es que, a partir de 1982, comenzó un inimaginable cambio en la gestión, producción e implementación de los nuevos programas de estudios superiores, con la creación de nuevas instituciones privadas de educación superior. El aumento de la demanda y oferta no tuvo parangón en Chile, y se volvió cotidiano recibir en sus primeros años a jóvenes que eran primera generación universitaria en sus familias.(1)
En ese nuevo contexto de la educación superior, surgió la necesidad insoslayable de asegurar la calidad y mejorar la gestión. Con ese objetivo, comenzó a realizarse la acreditación. Se trata de un proceso que efectúa la verificación del quehacer universitario, en concordancia con criterios de evaluación que la sociedad se formula a través de sus comunidades académicas y profesionales. Para ello, en 1999 el Ministerio de Educación creó una comisión acreditadora: la CNAP (Comisión Nacional de Acreditación de Pregrado). Actualmente y desde 2007, es la CNA (Comisión Nacional de Acreditación para Instituciones y Doctorados).
La acreditación compete a las instituciones universitarias, institutos de formación técnica y a los programas de pre y post grado, es decir las carreras, maestrías y doctorados. Esta se otorga por plazos definidos. Entre dos y siete años como máximo, en el caso de Chile. Terminado el plazo, programas e instituciones deben reacreditarse para mantener tal condición.
Acreditación: tema de moda o necesidad
Ante el aumento de carreras de arquitectura, en 1995 el Colegio de Arquitectos inició su propio proceso de acreditación de planes de estudio2, pero se sumó a este proceso la decisión de la CNA de traspasar a privados la acreditación de programas y maestrías. Ante esta contingencia, el Colegio de Arquitectos de Chile y la ASFARQ (Asociación de Facultades y Escuelas de Arquitectura)3 reaccionaron y fundaron en enero del 2008 la AA&D (Agencia Acreditadora de Arquitectura, Arte y Diseño de Chile), para realizar una acreditación con mayor especificidad, cuya meta será:
Certificar que una determinada institución:
1. Apunta a la transparencia y excelencia.
2. Tiene capacidad de contrastar el quehacer propio de cada carrera con un conjunto de criterios y estándares de calidad, establecidos generalmente por organismos externos, teniendo como referencia a un conjunto de pares que son conocedores de la profesión.
3. Verifica la consistencia de su programa y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
4. Posee una cultura de autoevaluación, es decir, es dinámica y con capacidad de autocrítica. Luego, es crítica, reflexiva y con capacidad de plantear mejoras, generando cambios e innovaciones debidamente fundamentados.
5. Reconoce el rol de los estudiantes y el cuerpo académico en el desarrollo del programa.
6. Aporta al engrandecimiento de la profesión y de la sociedad, a través del desarrollo responsable de la misma.
Permitir a una determinada escuela o programa:
1. Certificar ante la comunidad su calidad. Por lo tanto, es un elemento de fe pública.
2. Ayudar a sus futuros postulantes a escoger con fundamento y mejor información sobre la calidad del programa.
3. Colaborar con la transversalidad entre instituciones nacionales e internacionales, facilitando la movilidad estudiantil.
4. Apoyar a los titulados, toda vez que certifica un programa competente que es coherente con el perfil de egreso postulado.
5. Postular a fondos concursables cuando la acreditación sea un requisito.
Cómo Proceder
Para lograr su acreditación, la carrera deberá ser revisada, verificada y validada en concordancia con criterios de evaluación y estándares de calidad, establecidos por organismos asesorados, y por un conjunto de pares académicos y profesionales. En el caso chileno, las acreditaciones se han realizado principalmente a través de la RIBA (Royal Institute of British Architecture), CNAP y Colegio de Arquitectos, las que actúan como agencias acreditadoras.
Los principios rectores de esta evaluación son la misión, visión y principios, y la coherencia de estos con los programas de la institución que los aloja. A la fecha, hay tres grandes temas en los que se ordena esta verificación: primero, perfiles de egreso y estructura curricular (contenidos, metodologías y actualización) y los resultados obtenidos (pie de página taller); segundo, vinculación con el medio (investigación y prácticas); y tercero, estructura administrativa y de soporte que acompaña al plan de estudios.
El procedimiento de acreditación en general, y en especial en la RIBA y CNAP, tiene tres fases:
1. Procesos de autoevaluación que respaldan la capacidad crítica de la carrera, a través de una mirada introspectiva del quehacer universitario. Esta es contrastada con el conjunto de criterios y estándares fijados externamente, y aceptados de manera voluntaria. Podríamos decir que son un aporte al desarrollo de la carrera, pues permiten establecer todos los cambios necesarios para que se aborde el mejoramiento de la calidad.
2. Visita de pares, cuyo fin es observar la coherencia entre lo expuesto y los resultados.
3. Agencia acreditadora. En función del informe de autoevaluación, informaciones complementarias, informe de pares y observaciones que la carrera pudiera eventualmente argüir, se evacúa el informe de acreditación. Este incluye el certificado de vigencia de la acreditación por una cierta cantidad de años –2 a 7– con las observaciones que se estimen pertinentes.
Es importante recalcar lo dinámico del proceso. La formación de nuestros arquitectos no se limita a la entrega docente de un conjunto de profesores. Debe también estar inserta en una unidad de educación superior sustentable, que no solo sea idónea económicamente, sino que, además, genere conocimiento y promueva la educación continua, que tenga vinculaciones con el medio, y una infraestructura física y académica coherente con el desarrollo de la actividad académica y profesional. Por lo tanto, no es únicamente un plan de estudios o una malla de asignaturas, sino también un conjunto de temas que forma a los futuros arquitectos en personas competentes para el ejercicio de la profesión y capaces de aportar al desarrollo de la disciplina.
Chile y la Acreditación
La acreditación de programas curriculares de arquitectura se inició en Chile en 1987, con la acreditación y validación internacional de la carrera de Arquitectura de la Pontificia Universidad Católica a través del RIBA. Esto fue gestionado por el arquitecto Hans Fox T. en el RIBA, con el apoyo inicial del profesor Christopher Riley, decano de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Nottingham, junto con el Consejo Británico, la O.D.A. (Overseas Development Agency), organismo internacional del Reino Unido y de la Fundación Andes de Chile.
Posteriormente, las propias universidades asumieron los costos de las visitas RIBA a Chile. A la primera acreditación y validación internacional, se agregaron las escuelas de arquitectura de las universidades de Chile, Bío Bío, Valparaíso, Católica de Norte y Central. Recientemente se incorporaron las de Talca y La Serena. En la actualidad, el profesor Fox representa al RIBA en Chile y otros países de Latinoamérica, y es la contraparte RIBA en las conversaciones con la agencia acreditadora AA&D.
Dicha acreditación basa sus validaciones, fundamentalmente, en la evaluación de los resultados de los procesos de enseñanza-aprendizaje en cuanto a conocimientos, habilidades y competencias adquiridas en las distintas etapas de la formación académica y profesional del arquitecto.
Los recursos humanos, la gestión corporativa y las infraestructuras institucionales de apoyo curricular, sean administrativas, instrumentales o edificatorias, se evalúan en razón de su coherencia con los propósitos y la misión institucional, y también respecto de la concordancia con el “perfil de egreso”, planteado como meta de “desempeño profesional” prospectivo formulado en el plan de estudios.
A grandes rasgos, una validación internacional consiste en verificar si se han logrado los niveles o estándares de calidad internacionales respecto de:
1. Capacidad de crear espacios, formas y relaciones arquitectónicas que, cumpliendo con las dimensiones estéticas, programáticas, técnicas y medioambientales, puedan satisfacer plenamente las necesidades del hombre.
2. Conocimientos adecuados respecto de la historia y teoría de la arquitectura, urbanismo y bellas artes relacionadas.
3. Planificación y ordenamiento territorial.
4. Comprensión de los procesos de la sustentabilidad en las transformaciones antrópico-territoriales y medioambientales de las sociedades.
5. Sistemas estructurales y tecnológicos asociados a los proyectos de arquitectura, para dotarlos de calidad, seguridad, confort, ahorro energético, protección climática y acondicionamiento ambiental sustentable.
6. Conocimiento de las industrias asociadas a la arquitectura y construcción, junto con los reglamentos y normas del ejercicio profesional, métodos de investigación y preparación de proyectos, incluida la utilización de formas adecuadas de comunicación e interacción con el mundo profesional y político, y el rol y la responsabilidad del arquitecto en la sociedad.
Esta acreditación consta de tres partes o ciclos formativos curriculares: dos propiamente académicos (Part I y Part II) y uno de aprendizaje práctico pre-profesional en el mundo profesional de la arquitectura (Part III).
Una vez acreditada por el RIBA, pasa a formar parte de un sistema internacional de escuelas de arquitectura. Esto permite a los estudiantes acceder a una movilidad internacional, respecto de continuar estudios en el ciclo formativo siguiente en cualquiera de las escuelas o programas acreditados que forman esta red internacional RIBA.
1. En el caso del programa de arquitectura, de 4% de alumnos de primera generación universitaria en 1982, pasó a 43% en 2005.
2. En 1995 certificó a la U. de Chile, Pontificia U. Católica, U. Católica de Valparaíso, U. Valparaíso, U. Bío Bío, U. Católica del Norte y U. Central. Y en 1998 certificó las carreras de la U. Mayor y U. Finis Terrae.
3. Esta organización estuvo conformada originalmente por los decanos de la Asociación de Escuelas y Facultades de Arquitectura ASFAR: Manuel Fernández, Fernando Pérez, Salvador Zahr, Jaime Farías, René Martínez y Roberto Goycolea. Y por el Colegio de Arquitectos, por Víctor Gubbins, Isabel Tuca, Leopoldo Prat y Ángel Hernández.
Eliana Israel J.
Arquitecta U. de Chile 1970. Doctor © U. Sevilla. Decano Facultad de Arquitectura Urbanismo y Paisaje de la U. Central desde 2000. Directora de Escuela 1987-2000. Presidenta Asociación de Facultades y Escuelas de Arquitectura 2007. Ha sido docente de UCEN, U. de Chile, UTEM, U. Alfonso el Sabio y U. de Mendoza. En 2007 recibe premio “S Larraín GM” a la labor docente, otorgado por Colegio de Arquitectos de Chile.
Walter Folch G.
Arquitecto U. de Chile 1976. Doctor © U. de Sevilla. Director de Escuela de Arquitectura de la Universidad Central desde 2000. Presidente de la comisión de acreditación del Colegio de Arquitectos 2007. Académico desde 1983 de la U. Central. Se inicia profesionalmente en CORMU, MINVU y luego ejerce independiente. Además, ha sido docente de la PUC, U. de Chile, UNAB y UTEM.