
Veintiún millones de horas hombre para su construcción, 350 mil m3 de hormigón, 80 mil toneladas de acero, 100 ascensores, 60 escaleras mecánicas, 4.500 estacionamientos, 700 mil m2 y 300 m de altura, son algunas de las características que dan pie a una infinidad de comentarios en diversos medios de comunicación, evidenciando –gran parte de ellos– que el deseo de tener palabra y, más aún, la primicia sobre un nuevo proyecto, suele sacrificar el tiempo y reflexión que necesita un verdadero análisis que entregue una postura productiva.
El arquitecto Yves Besançon, socio a cargo, señala que, con más de 2 millones 500 mil m2 en su historial, la oficina Alemparte Barreda y Asociados Arquitectos se enfrentó a un gran desafío, más que en el espacio, con el tiempo.
Veinte años atrás comenzaron las gestiones de lo que sería el Costanera Center, siendo esta la primera y principal variable, ya que una arquitectura para las necesidades de hoy origina una serie de interacciones críticas, producto de las necesidades del mañana. Si esto lo trasladamos a sus inicios, toda idea, planificación y necesidades iniciales, hoy, y más todavía mañana, quedan obsoletas. De esta manera, lo acusa la tecnología aplicada e inexistente en gran parte del proceso, mucho menos en su partida, la cual no solo se ofrece a disposición de las constantes y cambiantes necesidades del mercado, sino también en pro de las comodidades y calidad de vida e, incluso, de los desatendidos por el programa. Así lo confirman –entre muchos de sus tratamientos– el concepto de “edificio filtro” purificando sus emanaciones por medio de 15 ductos de hormigón de 3,0 x 2,2 metros instalados bajo el radier del nivel inferior, contribuyendo de esta manera al saneamiento y habitabilidad de su localidad ya que, de encontrarse el mismo programa disgregado en la comuna, cada parte arrojaría sin problemas sus propias emanaciones ausentes de tratamientos. A esto se le suman sus técnicas de pieles y revestimientos enfocados en conseguir un ahorro energético, su distribución racional de energía por medio de administración de consumos y la conformación de un parque con ciclovías que recorrerán grandes distancias en la comuna de Providencia.
Las consecuencias de la evolución y su creciente especialización, se hacen presentes como un arma de doble filo. Esto significa que, por una parte, se entrega el beneficio del progreso, contribuyendo positivamente en todas las disciplinas, y su modo de enfrentar y responder a cada desafío. Así lo demuestran las soluciones entregadas por cada una de las 35 especialidades desempeñadas en este megaproyecto. Y, por otra parte, presenta una dificultad en lograr una rápida comunicación del saber, no solo en su etapa proyectual, sino también en la ejecución y levantamiento del volumen.
Si nos detenemos en el concepto “especialización”, este debe ser entendido tanto en su aplicación y resultados técnicos, como también en quién se especializa. Es decir, quién es el que finalmente hace uso de la forma construida, traduciéndose este resultado en una multiplicación de posibles en su comportamiento y desenlaces asociados a sus propias necesidades de espacio. José Töpf, en su trabajo “Desarrollos en el estudio de la conducta humana” explica la unidad y pluralidad fenoménica de la conducta, y señala que entre un estímulo o antecedente, en este caso una obra de arquitectura, y su respuesta o consecuente, su uso, siempre mediará una persona, siendo única e irrepetible, hará que dicha respuesta, el uso, sea distinta una de otra1. De esa manera, evidencia la realidad y dificultad de tener que responder con una misma propuesta y de carácter estático e inamovible, a todos los posibles y futuros usuarios.
Si llevamos esta realidad a un plano urbano, Richard Rogers en el libro “Ciudades para un pequeño planeta” señala que “las ciudades nunca albergaron poblaciones de la magnitud actual. Entre 1950 y 1990, la población urbana mundial se ha multiplicado por diez, desde los 200 millones hasta más de 2.000 millones. El futuro de la civilización estará determinado por y en las ciudades2. Dicha realidad creciente de habitantes y junto con ello sus necesidades, modos y especialidades, se transforman en variables constantemente versátiles, dinámicas y pluridisciplinarias.
El hecho de ser enfrentados por esta realidad inesquivable, nos anuncia una arquitectura más receptiva, donde el acomodo de la acción forma parte integral del proyecto. Espacios en los cuales puedan suceder una mayor cantidad de hechos, o bien, con la capacidad de soportar y contener el desenlace tanto de la vida actual, como los futuros efectos y consecuencias. Por lo tanto, si la incertidumbre asociada al uso y desenlace de la obra con la sociedad, es parte integral y paradójicamente protagonista de todo proceso proyectual, pone sobre la mesa resultados que respondan a las inciertas demandas de la sociedad y sus constantes necesidades de actualización. Así lo propone el megaproyecto Costanera Center, comulgando con esta realidad los 350 mil m3 de hormigón y 80 mil toneladas de acero, fiel reflejo de inamovilidad.
Plantas libres, módulos, estructuras de pórtico y flexibilidad del espacio son algunas de las características que acogerán la mutabilidad social, la especialización humana y profesional, sus usos y necesidades e, incluso, las variables de la normativa incidente. Ya que, por el contrario, “si algo se engrana muy específicamente para que funcione de la manera que se ha programado para funcionar, es el mínimo de utilidad que se puede esperar de la arquitectura”3, atisbándose de esta manera su escasa perdurabilidad y compatibilidad con sus usuarios, transformándose entonces en un componente programático, todo aumento del potencial servicial, definiendo un espacio más receptivo a diversas situaciones.
Costanera Center apunta a un proyecto mixto, incluyendo el concepto de “alteridad”, que viene del latín alter y que significa “otro”, es decir, la “alter”nativa de incorporar a la propuesta ciertas variables que entreguen la mayor cantidad de funciones y configuraciones posibles, inherentes a la misión del proyecto, acogiendo las inciertas demandas del hombre y sus constantes necesidades de actualización.
El mismo Rogers advierte señales de consecuencias desfavorables y, a la vez, progresivas sobre la arquitectura, si es que esta no responde atentamente a las necesidades y demandas correspondientes a la sociedad que las habita. De hacerlo, estaría reconociendo y, a su vez, renaciendo de su verdadera fuente. El hecho de que la arquitectura vuelva a sus autenticas raíces, siendo estas no solo constantemente cambiantes, sino también imprevisibles para una duración comparable a la de los actuales edificios, demanda una arquitectura capaz de adaptarse a este hecho, aceptando las distintas voluntades de sus usuarios. Es decir, formas que no enfrentan la realidad, sino que son enfrentadas por esta, entregando una mayor cantidad de calces con la sociedad, respondiendo a este desafío que enfrenta la arquitectura entre inamovilidad volumétrica y realidad cambiante.
1. TÖPF, José. Capítulo “Unidad y pluralidad fenoménica de la conducta”. Investigación Desarrollos en el Estudio de la Conducta Humana. Disponible en: http://www.altillo.com/examenes/uba/cbc/psicologia/unidad2DesarrollosenlaconductahumanaI.doc Págs. 33-34-35.
2. ROGERS, Richard y GUMUCHDJIAN, Philip. Ciudades para un pequeño planeta. AD+E Arquitectura y Diseño + Ecología. Barcelona, Editorial Gustavo Gili, S.A. 2000.
3. HERTZBERGER, Herman. The habitable space between things. Lessons for students in architecture, Rotterdam Uitgeverij 010 Publishers. 1991. Pág. 176.