Interacción entre múltiples actores: La urgencia de un plan maestro


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por SERGIO AMUNATEGUI

El primer problema que afecta en Chile a los grandes proyectos, es la dificultad de planificarse a largo plazo y obedecer a un orden mayor. Los arquitectos nos enfrentamos a este tipo de proyectos con una modalidad acción-reacción: si se presenta una gran obra se comienza a realizar de inmediato, viendo sobre la marcha soluciones y tratando de que el presupuesto no se nos escape de las manos.
Mientras reaccionamos, no sabemos realmente a qué estamos respondiendo en términos de planes maestros. Hablando desde una visión macro y a largo plazo, hasta que no eliminemos la dedocracia y el cuoteo político, y no se liciten por capacidad los cargos públicos relacionados, vamos a tener una situación donde el bien común de la gente no va a ser una prioridad y lo grave es que es a un costo mayor. Esta situación no solo afecta a Chile, sino a Latinoamérica en general.
Completando lo anterior, otro grave problema que enfrentan las grandes obras, principalmente del ámbito público, es la aproximación feudal a la arquitectura y el urbanismo. En Chile, cada uno es un actor por separado. Esa mentalidad hay que cambiarla, de lo contrario vamos a seguir funcionando con buenas intenciones, pero con malos resultados. Un ejemplo de ello es la decisión que tomó el gobierno de cerrar el aeródromo de Cerrillos en 2006. Para cubrir el tráfico aéreo de una ciudad como Santiago, con 6 millones de personas y que alcanza 72 mil hectáreas, se requieren como mínimo los 5 aeropuertos que existían: Tobalaba, El Bosque, Cerrillos, Vitacura y Arturo Merino Benítez.
El aeropuerto de Cerrillos se construyó en los años 20 y hoy es muy difícil lograr que un aeropuerto tenga su nivel de despeje para tráfico aéreo. Sin embargo, la decisión del gobierno fue cerrarlo sin la participación real y activa por parte de la Dirección de Aeronáutica y de varios otros actores relacionados con el predio. Una decisión de este tipo tiene altos costos en el largo plazo: la multiplicidad de tráfico aéreo no permite que uno saque un aeropuerto y lo cambie de lugar sin consultar. Son decisiones feudales que nos sitúan en una posición desmerecida, poco inteligente, por la cual tendremos que responder por décadas. Esto afecta no solo a los grandes proyectos, sino también al potencial desarrollo del país.

Grandes obras de buena arquitectura

En Chile existe una noción de que los arquitectos tienen tiempo para llegar a un producto terminado, construible y licitable hasta el último detalle. Pero en los proyectos de más de 100 mil metros, eso jamás ocurre. WTC, Falabella Providencia, el hotel Marriot y Arturo Merino Benítez en su fase Delta: todos han sido realizados con la modalidad Fast Track. Es decir, especificando detalles y desarrollando las especialidades a lo largo del desarrollo de la obra. En esta tarea, aplaudo el trabajo que realizan todos los especialistas quienes, reconozco, son los héroes encargados de desentrañar grandes hazañas como climatizar, por ejemplo, un edificio de 100 mil metros cuadrados, en modalidad Fast Track.
Hay un gran desafío para la arquitectura en Chile, para ser más creativa e imaginativa en términos de diseño y que aporte beneficios reales al usuario final. La vía para conseguir estos logros se encuentra en establecer bonificaciones para el sector inmobiliario. Por ejemplo, hay ordenanzas locales donde planos reguladores no permiten salientes de los edificios. Sin embargo, en una fachada que da al poniente se podría habilitar una doble fachada de 1,50 metros que en el invierno, cerrada, permitiría calefaccionar con más facilidad el edificio y en el verano, abierta, ventilarlo. Pero el sector inmobiliario considera que esa propuesta es una pérdida de espacio construido. Si uno lograra modificar en ciertos aspectos las ordenanzas a través de variantes o medidas compensatorias y premiar que ese espacio no sea construido, un edificio aportaría mayor calidad de vida a sus usuarios.
En este sentido, medidas compensatorias en términos de normativa –en beneficio del espacio público– o premios tributarios –en beneficio del medio ambiente y la optimización energética– son medidas que impulsarían efectivamente nuestro desarrollo y que ya han sido aplicadas en otros países de manera exitosa.

El factor tiempo y la aceptación social

Luchar contra el calendario es una de los mayores problemas que deben enfrentar las grandes obras. Un factor fundamental que pesa en los resultados. Desde el punto de vista del diseño, la idea de restringir a tiempos reducidos el proceso de desarrollo de un proyecto de gran envergadura e impacto público, es un tremendo error. Raimundo Lira, uno de los directores de la AOA, sostiene que “sin reflexión el diseño no puede tener los resultados que debería tener. Y si se extrapola esa exigencia al desarrollo de los grandes proyectos y cuan poca reflexión tienen debido al escaso tiempo de desarrollo, multiplicas el efecto de un mal diseño por mil, ya que los usuarios son muchísimas personas”. Ejemplos de ellos, considerando solo flujos directos, son las 6 mil personas que cada mañana pasan por la entrada del WTC o las 20 millones de visitas al año que recibe un mall como el Alto Las Condes.
Por eso, antes de sentenciar pecados en la arquitectura, hay que comprender el contexto de cada edificio. Si vemos una obra construida somos propensos a mal-juzgar sin saber a qué dificultades se sometió el arquitecto, cuáles fueron los pies forzados y las condiciones innegables que le impuso el proyecto. El cliente influye mucho durante el diseño. En ese sentido, el desafío es encontrar la forma de hablar el mismo idioma para que logre comprender nuestros planteamientos.
Cualquier gran obra involucra cambios en la estructura compleja de barrios, en las dinámicas de sus habitantes y, cómo no, en el paisaje que configura el nuevo edificio. ¿Cómo lograr que sea aceptada por el ciudadano común y corriente, quien muchas veces critica el crecimiento desmesurado de la ciudad?
Todo se centra en un tema de educación, donde los arquitectos deben tomar las riendas en una tarea donde, en Chile, no se han hecho partícipes. Debemos crecer culturalmente y educarnos más. El usuario final de la ciudad, que es finalmente quien importa, tiene niveles de desconocimiento importantes. Como miembro de la American Institute of Architects (AIA) –que cuenta con un presupuesto de 150 millones de dólares al año para gestionar acciones de un conglomerado que reúne a 30.000 arquitectos licenciados en Estados Unidos–, he visto soluciones con resultados positivos: preocupados de que los habitantes-usuarios conozcan su trabajo, los arquitectos han creado plataformas de difusión donde se reúnen con las comunidades para dar a conocer sus trabajos y los efectos que tendrán sobre las personas. Los arquitectos son capaces de ayudar a resolver problemas comunitarios. Nuestro gran pecado es permitir que falten redes de comunicación entre el mundo de la arquitectura y el usuario que finalmente la usa y habita. Si no estamos cerca, el usuario final nunca conocerá la envergadura de toda obra, por más pequeña o grande que sea.
Sin embargo, confío en las nuevas generaciones de arquitectos. Es gente que promete mucho más de lo que hemos aportado, porque llegan con más opinión. Es gente eficiente que está bombardeada constantemente de información, algo que les otorga una destreza para nadar en ella, con la que logran un entendimiento cabal de la realidad, atributos tremendos para hacer arquitectura.

Sergio Amunátegui
Arquitecto Texas A&M University (1985). Arquitecto Universidad de Chile. Master Arquitectura Universidad de California (Berkeley), miembro American Institute of Architects. Vicedecano y Profesor Universidad del Desarrollo. Ha sido académico en la Universidad de Chile, Universidad Católica y Texas A&M University. Ejerce desde “Amunátegui Barreau AIA Arquitectos Asociados”. A&M University. Ejerce desde “Amunátegui Barreau AIA Arquitectos Asociados” Con más de 620.000 m2 construidos, básicamente con obras de gran envergadura como el World Trade Center, Complejo Marriot (edificio mas alto de Chile desde 1998) y la ampliación del aeropuerto Arturo Merino Benítez.

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