El Centro Cultural La Moneda: un agujero sobre el centro exacto del país -el perímetro de aquel blanco señalado desde el cielo en 1973 por los Hawker Hunters- donde alguna vez hubo sangre y sonidos de metrallas, y bombas y escombros, y un telón que era un tupido velo que tapaba la destrucción. Eso fue antes. Ahora, en el recompuesto subsuelo está instalada una arquitectura patrimonial de última generación. Un laberinto transparente de vidrio más cemento, más infinidad de niveles y salas, y árboles y cascadas de agua. Un laberinto que también puede ser un patíbulo: Nicanor Parra colgó las siluetas gigantescas de todos los presidentes de Chile como una extraña e inquietante moraleja sobre la fugacidad del poder.
1) Las ciudades pueden ser cuerpos: organismos vivos que nacen, crecen y envejecen. Que mueren. Que enferman. Las ciudades como seres hechos de pulmones, corazón, hígados, vejigas, arterias. Con piel y pelos de barro seco, asfalto, hormigón, cemento; sufriendo alergias, heridas abiertas, cortes profundos, fracturas, cirugías plásticas.
En un perdido barrio de Pudahuel, un anónimo e iluminado urbanista bautizó las calles con los bellos nombres de Inspiración, Nostalgia, Soledad, Lejanía, Ensueño y Melancolía, regalando a sus habitantes la maravillosa oportunidad de decir algo poético cada vez que les preguntan la dirección.
Historia urbana reciente: durante la década de los ‘90, los universitarios se tomaron el barrio puerto de Valparaíso. Pero fue una invasión algo temerosa: nunca cruzaron hacia el sector de la plaza Echaurren y todo lo que rodea a la Iglesia de la Matriz, aquel sector que luego la UNESCO declararía Patrimonio de la Humanidad. […]