Edwin Weil Wöhlke, Premio Nacional de Arquitectura 1981: Vocación por las obras públicas
125_vocacion.jpgLa Dirección de Arquitectura fue creada el año 1875. Es una de las reparticiones más antiguas del aparato estatal chileno. Sobre ella se fundó, doce años más tarde, el Ministerio de Obras Públicas. Desde allí se han dirigido muchas de las obras que actualmente conforman nuestro patrimonio arquitectónico.

Edwin Weil Wöhlke ingresó a la Dirección de Arquitectura en 1946 -recién titulado de arquitecto en la Universidad de Chile- y quince años después asumió por primera vez como Director Nacional. Según él cuenta, fue un trabajo al que llegó por casualidad. Su profesor, Juan Martínez Gutiérrez, le comentó que Hernán Herrera, Director Nacional de Arquitectura en esa época, buscaba arquitectos jóvenes para renovar la planta. “Fui a hablar con don Hernán, quien me pidió que me quedara de inmediato. Si bien no era lo que yo aspiraba, rápidamente me fui motivando con la idea de realizar proyectos importantes. En ese entonces, Gabriel González Videla acababa de asumir la Presidencia de la República. Su proyecto emblemático era el Plan Serena, una experiencia de renovación urbana que jamás se ha vuelto a repetir en nuestro país”.
En ese lugar, Weil formó parte de un notable equipo de profesionales que estuvo a cargo de sacar adelante el Plan Serena. Por voluntad presidencial, entre 1946 y 1952 se llevó a cabo en la entonces Provincia de Coquimbo, actual Cuarta Región, un completo plan de desarrollo que incluía desde la infraestructura vial, hasta la recuperación de terrenos agrícolas, pasando por planes de inmigración extranjera y la construcción de una amplia infraestructura arquitectónica y urbanística de calidad. El objetivo era generar en la zona un polo de desarrollo al norte de Santiago, que le hiciera contrapeso a la región de Concepción. La Serena le debe su actual carácter, dinamismo económico y fisonomía metropolitana, en gran medida, a las obras proyectadas y construidas durante ese gobierno.
“A mediados del siglo XX, el mundo entero creía que el desarrollo de los países se alcanzaría a partir de la acción del Estado. Por ejemplo, nadie dudaba que debía existir una educación pública, gratuita y de calidad para todos. Es sintomático para el Chile de esos años que Gabriela Mistral, una simple profesora de Estado, obtuviera el Premio Nobel de Literatura. La mayoría de los profesionales estudiábamos en liceos públicos y universidades estatales. Ese optimismo y seguridad en la capacidad del Estado, se manifestaba también en los desafíos que asumían sus reparticiones responsables del desarrollo, entre las que destacaba la Dirección de Arquitectura”.

Planificación y coordinación de infraestructura pública
Hasta 1965, el Ministerio de Obras Públicas abarcaba las carteras de: 1) Obras Públicas 2) Vivienda y Urbanismo 3) Transportes y Telecomunicaciones. El MOP era el responsable de la planificación y coordinación de toda la infraestructura pública, lo que permitió, entre otros, organizar exitosamente el Campeonato Mundial de Fútbol en 1962 (fue célebre la frase del directvo chileno Carlos Dittborn, para convencer a la FIFA: “porque no tenemos nada, queremos hacerlo todo”) y reconstruir en tan sólo 4 años el sur de Chile, luego de sufrir en 1960 el cataclismo más grande del que se tenga memoria. Edwin Weil cuenta a modo de anécdota que, en su calidad de jefe de Juan Parrochia y Juan Honold, le tocó firmar el legendario Plano Regulador de Santiago de 1960. “En forma periódica, nos reuníamos los encargados de las distintas áreas que componían el Ministerio de Obras Públicas. Eso nos permitía estar informados de lo que hacía cada repartición y coordinar nuestros esfuerzos de un modo efectivo. El Metro de Santiago, por ejemplo, lo planificó el mismo equipo que hizo el Plan Regulador e incluía la reorganización de todo el transporte público de pasajeros. Lamentablemente, eso se perdió y hasta la fecha no hemos sido capaces de poner en marcha un sistema alternativo como lo es el Transantiago”.
En ese tiempo, eran frecuentes y habituales los concursos públicos y privados de arquitectura. A Edwin Weil le tocó organizar y presidir muchos de ellos, y participar en otros tantos desde su oficina particular. “El Colegio de Arquitectos jugaba un papel muy importante en ese aspecto. Por ley todos debíamos pertenecer a la organización gremial, que velaba porque se cumpliera el estricto reglamento de concursos que daba acceso y garantía a todos los arquitectos. Los jurados estaban conformados por arquitectos de reconocida trayectoria, debiendo ser más de la mitad de los integrantes arquitectos de profesión. Estos cuerpos colegiados eran una verdadera institución. Las entregas eran más simples y mucho menos onerosas que las de los concursos actuales. Lo que interesaba eran las mejores ideas. Eso permitió que muchos arquitectos jóvenes se valieran de ellos para iniciar su carrera profesional”. Al respecto, recuerda que “recién recibidos, ganamos con Mario Recordón un concurso en el que participó también nuestro profesor Juan Martínez Gutiérrez. Él era el más contento con el resultado”. Los concursos de honorarios, hoy tan difundidos en la administración pública y en la empresa privada, eran impensables. “Las prestaciones y aranceles profesionales estaban establecidos por el Colegio, lo que garantizaba la calidad del servicio y la ética en el ejercicio de la profesión”, dice.

La entrada en un letargo
La historia de la Dirección de Arquitectura tomó un rumbo diferente a partir de mediados de la década de 1970. En Chile, se impuso una nueva visión del Estado y de su rol en el desarrollo del país. “Lo público comenzó a ser estigmatizado. Se redujeron los presupuestos para la ejecución de obras y la planificación se dejó al libre albedrío de los intereses económicos privados. El Ministerio entró en un letargo. De esa época, rescato el fichaje de Monumentos Históricos, que permitió publicar un libro con 225 registros que han ayudado a su conservación y difusión. La reconstrucción del Palacio de La Moneda, también es un logro significativo de esos años. Había sólo seis meses, entre septiembre de 1980 y marzo de 1981, para terminar los trabajos. En Chile, no teníamos experiencia en la restauración de edificios de esa calidad. Los artesanos prácticamente habían desaparecido y muchos elementos tuvieron que ser importados en tiempo récord desde España e Italia”.
Con el paso del tiempo, la Dirección de Arquitectura ha ido perdiendo protagonismo en el desarrollo de la infraestructura pública del país. “La mayoría de los ministerios contrata directamente sus proyectos, desestimando los servicios profesionales de la Dirección de Arquitectura”, comenta Edwin Weil. Esta tendencia se ha acentuado con la puesta en marcha del modelo de concesiones. “El sistema puede tener muchas bondades. Sin embargo, adolece de una contraparte que pueda velar efectivamente por el interés público. Se trata de lógicas diferentes: en las concesiones se hace lo público desde el interés privado; antiguamente se contrataba al privado en pos del interés público. Con el actual sistema se diluyen las responsabilidades. De esa manera, el Fisco pierde el control sobre la calidad de las inversiones”, señala. Llevando el problema a otro plano, es similar a lo que está sucediendo con la educación financiada por el Estado. Al dejar de educar, el Ministerio perdió competencia sobre la materia, lo que le impide ser efectivo en la fiscalización de la calidad. Weil cree que “la tendencia se puede revertir, perfilando una carrera funcionaria atractiva para profesionales de excelencia y juntando capacidades hoy dispersas en todo el aparato estatal”.
La Dirección de Arquitectura es la oficina de arquitectura más antigua de Chile. 130 años de experiencia sin interrupciones en materia de obras públicas, representan un valioso patrimonio. De los arquitectos dependerá, en gran medida, que ese valor no se pierda.

EQUIPO CA / FOTO: Ã?LVARO DE LA FUENTE
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